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viernes, 9 de marzo de 2007

Con Honores.

Prométeme que algún día volverás a correr conmigo bajo la lluvia mientras saltamos en charcos y nos reímos hasta caernos.

Dime que no, porque ahora tienes el respeto de todos, te vas a olvidar de esta miserable que siempre se ríe de ti, contigo y a pesar de ti, que te usa de ejemplo para demostrar que el absurdo y la paradoja no existirían si tu no hubieras nacido.

Ahora que seas reconocida por el resto del mundo como más inteligente y bonita que yo, no me desprecies por seguir aquí, siendo la misma insignificante que considera tu ironía y sarcasmo, lo más bueno del repertorio de una tarde contigo.

Ahora que ya no importa que sea más alta, más buena y simpática que tu, regálame tiempo, una llamada, tantito amor.

Es más, también te pido que sin importar cuánto viajes por el mundo, cuánto completen tu vida todas esas personas que te necesitan y a las que les salvas la vida, algún día regreses a la mía, para escribir mi epitafio (prometo no copiar el de Azul: 'estoy detrás de ti', ni el tuyo: 'les dije que estaba enferma').

No te vayas a olvidar de las noches en que me protegiste de los monstruos con cuentos, ni cuando me defendiste de conductores histéricos por rebasarlos por la derecha mientras te producía gastritis al no bajar de 180 en las laterales de la colonia.

Ahora que eres famosa, que te dedican planas en los periódicos, no me dejes de querer porque muchos otros te quieran.

Asegúrame un lugar en la mesa de tu nueva vida una de estas tardes mientras te otorgan una medalla por descubrir la vacuna para el cáncer o curar a otro accidentado en la carretera.

Ahora que seas millonaria no me abandones sólo porque yo sea igual de pobre que siempre, como cuando compartía contigo los 15 pesos que traigo invariablemente en la bolsa -por esa lección mal aprendida de no cargar nada de lo que no me pueda deshacer en cinco minutos en caso de abducción alienígena-.

Cuando te glorifiquen por la salud que regalas, por las almas que te siguen por tu perfección espiritual, por tu filosofía fuera de lo común, por las luces que creas... no olvides que la mía fue la primera que encendiste el día que llegué con Papá al hospital a conocerte y me di cuenta de que ellos dos ya no sólo eran míos.

Me enseñaste a compartir con solo verme a los ojos. Todavía hoy, dar es lo que más bonito te sale.

Ahora que eres admirada por tantos, procura perdonarme por olvidarme de ti esa tarde, afuera de la tiendita, cuando por meterme corriendo con los niños de la cuadra a comprar dulces, te dejé asustada, llorando solita en la banqueta. Te aseguro que nada mas fueron unos segundos en que no recordé que eras muy pequeña y tu pañal te impedía correr igual que yo que ya era grande. Salí en cuanto no te vi, como pude te cargué hasta la casa y Mamá me ordenó jamás volver a abandonarte, aunque mejor que nadie sabes que también en eso fallé.

Era lógico, a esa edad, tus dos años no podían compararse con mis tres. Yo era un gigante... pero ahora, tú lo eres.

Si me perdonas, a cambio propongo olvidarme de las marcas alevosas de tus dientitos en los pies de mi Barbie 'Cuatro Estaciones'... ¿Va?

Recuérdame, como cuando eras feliz por voluntad, no por obligación y... compréndeme por llorar, cuando a ti te crecen alas... raíces... personas, mientras me concentro en conseguir tu amor, como desde aquel día en que te conocí.

Felicidades, mejor escritora del mundo, compañera de vida y desde ayer, mejor Doctora.


Luna Mayor

3 comentarios:

Marisela dijo...

Que ganas de ser hermana tuya. Debe ser magnifico tenerte en la familia.

Mario dijo...

Pues a mi se me antoja mas ser de tu familia.
:)

Jacinto dijo...

hermoso, verdaderamente hermoso y hermosa la doctora de la foto.