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miércoles, 18 de abril de 2007

Gracias.

Hace 20 años que no sentía esta necesidad tan preciosa de no querer dormir para seguir escuchando una buena historia.

Pasa que en estos tiempos el sueño es algo tan valioso para mi que no rebaso las 2 horas seguidas, que cuando me invade me dejo caer sin escalas.

Recuerdo a la mejor escritora del mundo, que menor que yo y todo, era despertada por mí a los seis años (el maldito insomnio que ya me dominaba) para pedirle -exigirle- un cuento que con su poca lucidez hacia genial, sólo para que yo intentara dormir.

Hoy recordé esa sensación cálida y bella mientras me leías, cuento tras cuento, sin pretender nada, más que me quedara dormida.

No existen las palabras que definan cómo pude hallar paz entre sangre y espinas, pero fue algo precioso volver a esos días y notar que el efecto calmante que tiene en mí un contador de cuentos profesional -porque hemos de confesar que tu eres uno- es alucinante.

También de pequeña, no importaban las horas de viaje por carretera, jamás me quedaba dormida, me parecía un desperdicio hacerlo con los paisajes inundándolo todo. Mientras yo iba siempre sentadita en medio del asiento trasero -la gandalla de mi hermana abarcaba todo el espacio para dormir-, era un tecolotito con los ojos bien abiertos para no perderme nada.


"M'ija, que bueno que vienes, así me quedo tranquila sabiendo que tu Papá no se quedará dormido, le haces compañía porque siempre estas despierta", confesó mi Mamá una vez, porque ella y mi sister (en ese entonces solo eramos dos) siempre caían ante el ronroneo del auto.

Es decir, en el fondo he pensado que mi falta de sueño tiene una razón concreta: es porque soy demasiado ambiciosa, de plano hedonista hasta el hartazgo, diría yo, por eso no tolero perderme el placer que representan cosas buenas. Los buenos cuentos bien contados, noches imponentes a la luz de la Luna en el espinazo del diablo mientras parece que se despeña el auto, o los mediodías soleaditos por la carretera que lleva a mi casa.

Entonces, cuando dijiste: "no, te los voy a leer todos para que te quedes dormida, si lo haces, te cuento los que faltan mañana", mi mente concluyó que no importaba dormir, el placer continuaría.

Por eso, necesito darte las gracias por haber jugado a ser la máquina de tiempo más dulce jamás inventada.

Y.. no es por abusar pero... ¿Mañana -también- me cuentas un cuento?

Luna de Seis

PD. ...lo malo fue que un minuto después de que terminaras, el efecto mágico de tu voz desapareció y regrese al maldito insomnio que me esclaviza.
PD1. ¿Sabias que la vida y sus truculencias son deliciosas cuando tu no mueves un solo dedo y tocan a tu puerta -como el bien vestido sirviente de Dios en deportivo rojo de tu cuento-?, a penas desperté, vine a escribirte esto y tocaron a mi google talk.

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