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viernes, 23 de noviembre de 2007

Egolandia VIII.

Lo que queda de mí en la rutina laboral (que jamás es rutina) presencia todos los días alguna cosa que le despabila (o agobia), todo depende del día.

Ayer fue un ex agente ministerial que vive (por lo pronto) de milagro.

Pasa que el pobre ingenuo arrestó a un tipo con algunos gramos de cocaína. Nada alarmante, salvo porque el arrestado tuvo la particularidad de ser familiar del señor Procurador de Egolandia.

Con la pena.

Todos los que lo supieron, o ya se vendieron, o murieron.

El ex agente ministerial que lo arrestó, misteriosamente fue involucrado en un secuestro, metido, a causa de eso, nueve meses a la cárcel y golpeado hasta el hartazgo. Enviado a matar más de dos veces y aún así, corriendo con una suerte preciosa. Su compañero agente que conocía el asunto fue mucho menos afortunado, ya esta muerto, lo mismo que los que se han ido atravesando en el camino y han querido hacer público el caso.

Él no ha muerto porque la sencillez de su asesinato sería un faro que alumbraría deliciosamente la cara de nuestro flamante Procu, pero nada más. Cuando pase un tiempito y se le pueda involucrar en algo lo suficientemente sucio para justificar su acribillamiento, segurito, nuestro querido ex agente, fallecerá también.

Él lo sabe, yo lo sé y los "valientes" que lo entrevistaron conmigo, también.

"Yo no importo, mi familia es la que me preocupa", nos decía una y otra vez.

La verdad es que a mi también es la que me preocupa.

Los golpes, las amenazas, los sórdidos detalles de la operación "matemos al pendejo que detuvo al familiar del mero mero repartidor de justicia de Egolandia" da asco a más de uno.

Es un "secreto a voces", dijo uno de mis compañeros.

Pero yo quería saber más, así que le pregunte detalles, muchos detalles de cómo opera la corrupción entre agentes ministeriales, los casos y sus compensaciones.

Detalle a detalle dijo cifras, fechas de entrega, origen de algunos de los recursos que mensualmente no son reportados pero que caen en los bolsillos de los mismos de siempre.

Luego de dos horas de escuchar una letanía de atropellos, acciones inverosímiles y crueldades, lo despedimos, anotamos hasta el último detalle. Estábamos todos aquellos que daríamos un ángulo diferente del problema para abordarlo desde todos los puntos posibles. Al menos eso pensé yo.

Al terminar la entrevista, cada uno de los reporteros involucrados nos fuimos a nuestra trinchera a analizar el caso, para reunirnos luego.

Era una cuestión importante, hablamos de desenmascarar el abuso de poder, el tráfico de influencias, los nexos con el narco de las altas esferas Egolandesas y las cantidades mensuales que cobra el Procurador y su gente más allegada (nada de esto nuevo) declarado por alguien con nombre y apellido que ha sido testigo presencial de todos los hechos que denuncia (he aquí la novedad).

A los minutos nos reunimos de nuevo y mientras se miraban y me miraban, alguno dijo: No se ustedes como lo vean, pero creo que hemos llegado todos a la misma conclusión, ¿no?.

Callé expectante de algo que superara mi idea para la difusión que un caso como este requería, donde a ocho columnas pudiera saberse que el Procurador es un delincuente que emplea toda la fuerza del estado para callar a un pobre agentito, seguramente semi corrupto, solamente por arrestar al tipo equivocado.

Mi sorpresa fue tremenda al oír decir a uno: “sabemos que estamos en la disyuntiva de dar a conocer esto y esperar a que pregunten quienes lo escribimos y soportar las consecuencias, o bien, podemos elegir lo más sabio que es no publicar nada.”. Luego al otro: “Personalmente no quiero terminar en el panteón por esto como los otros, que ya supimos que fueron ejecutados.

...O ¿tu cómo la ves? - me preguntaron.

En silencio me quedé viéndolos con calma, repasando la entrevista de hacia unos minutos, con un dolor de estómago, ganas de vomitar y preguntándome mentalmente por qué no cargo un arma de calibre pequeño escondida en el cinturón... dije: si, llegué a la misma conclusión. (¿Quién quiere morirse por ponerle "de la redacción" a una nota como esta.)

Tienen razón.

Regresé a mi oficina, cerré la puerta, y me quedé esperando la hora de salida mientras ví por la ventana a Egolandia susurrándome todas aquellas cosas por las que mi rutina laboral (que jamás es rutina) agobia (o adormece) tanto lo poco que queda de mí.


Lo que queda de Luna

2 comentarios:

Trisha dijo...

Hay muchas situaciones ocultsa que uno ni cuenta se da.. lo imagina, pero no se da cuenta, yo he pensado en esto muchas veces, y me enojo porque nadie haga nada y comprendo y no juzgo porq tambien se (imagino) aunque mi imaginacion se queda corta con la realidad, lo que debe ser correr el riesgo de morir por hacer algo al respecto y que al final todo siga igual como esta, y eso es aun mas deprimente, que sepas que si te atreves, vas a dar tu vida simplemente para que todo siga igual...

Anónimo dijo...

No imagino nada mas frustrante que la impotencia ante el poder del mal, que es poderoso porque es malo y mas malo por ser poderoso.

Será que para ser heroe o martir en estos tiempos nececitas no tener nada que perder?

Que ganas de que esa información se filtrara sin rastro y anonimamente hacia otro poder maligno pero en contraposicion al anterior.