Este Blog se ve completo en Opera, Chrome, Safari y FireFox.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Inservible.


Voy a contarte esta historia aquí, donde no la encuentres, antes de irme a dormir, porque... vaya, debo dormir alguna vez.

Vamos, que voy a escribir a falta de vísceras para decírtelo de frente: después del accidente no me funcionan bien algunas. Comencemos por el hígado, terminemos por el corazón.

Verás, soy tan poquito. Más exactamente justo, debo confesarte que... soy casi nada.

Mi corazón esta extraviado. Lo busqué en los restos de los fierros retorcidos todo lo que pude, pero pasa que no apareció.

Encontré otras cosas, como el resto de mis celulares, lo que quedó de mi computadora, pero del corazón... nada.

Hoy que tus ojitos miel me miraban como queriéndome decir todo, yo pensaba: No puedes quererme. ¿Quién puede quererme si soy tan casi nada?

Pasa que la última estrella fugaz al menos supo quien era (aunque jamás pudo tenerme), lo supo y en ese conocimiento quiso lo que había de mí en él que en ese entonces era algo, vaya, digamos que aún yo latía.

Pero tu... ¿cómo podrías quererme si hay miles de litros de esta Luna Líquida que no habrá en tus manos porque no pueden salir de mí?

Me limito a mirarte, a temblar si me tocas pero no hay nada.

Si me besas me quedo sintiendo la dulzura de tu boca, la fuerza de tus brazos, pero toda yo se queda atrapada entre preguntas de colores que brillan dentro de mis párpados (de cielo) cerrados.

Cuando después de derretirte en mi piel una y otra vez me dices rendido que me necesitas, que no me vaya, te veo tan enamorado, que mi pobre cuerpo herido te da la espalda mientras me visto como para que no descubras mi más profundo pensamiento: no te sirvo.

Cuando termino te levantas para acorralarme entre la puerta y tu pecho, te sonrío a punto del llanto suplicándote me dejes ir, mientras deseo hacerte entender viendo fijamente tus hermosos ojos miel, lo que pienso desde que comenzamos y lo que me atormenta cada vez que hablas de futuros que no viviré contigo: no te sirvo para nada.

Después de negociaciones que siempre pierdo, luego de besarnos hasta volver a desvestirnos y vestirnos, me pides casi dormido que deje que me lleves o que me case contigo, río pensando que soy incapaz de hacerle tanto daño a alguien que sabe amar como tu.

Al cerrar por fuera la puerta de tu casa, pero antes de subir a mi auto, preocupada por lo mucho que sientes me pregunto: ¿Quién podría querer este casi nada que soy?

Luego me despejo la duda: nadie, por supuesto que nadie.

Y nada... me voy aliviada.


Luna Vacía

4 comentarios:

Trisha dijo...

Luna vacía... estoy segura que algo queda de ti, algo debe quedar en ti, se percibe, no se como esta eso de que tienes tu corazón extraviado si yo desde acá lo estoy viendo

"incapaz de hacerle tanto daño a alguien que sabe amar como tu"

No solo lo encontré, me doy cuenta que es un buen corazón.

Recuerdas que lo que se vacía siempre se puede volver a llenar?

Angelita dijo...

Tanto miedo,
da miedo...


Cariños,

Luna Líquida dijo...

Mucho, mucho miedo.

LL

Anónimo dijo...

Sigo con los pasos ciegos la sombra de ese pequeño aditamento q nesecitas para seguir amando, podia darte una paloma pero tarde que temprano emigraria en los frios inviernos, una flor talvez, pero se que la tomarias con tus delicados dedos y desprenderias sus petalos en la sabana rojiazul del orizonte, pregutandote si te quieren o no, un rejoj, pero considero que la eternidad se aprecia mejor en tus ojos,una estrella iluminaria ese hueco que devora tu luz, mi ultimo y unico recurso es este. te presto el mio,se que esta un poco en polvado pero talvez tu lo pudas hacer latir una vez mas. Soy Samuel por si te lo preguntas.