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domingo, 23 de diciembre de 2007

Incendio.

Escribirlo es peligroso porque cuando lo leas, no sé que implicaciones que no tuvo, tendrá.

Pero desde el viernes, revivo los dos minutos que duramos pegados a tu celular en el estacionamiento de pie junto a tu auto, mejilla con mejilla, oyendo los gritos del jefe que presionaba para que el incendio fuera cubierto "como se debe".

No es porque los dos minutos de neurosis los valieran, fue tu boca a milímetros de la mía diciendo "si señor, comprendo", mientras yo escuchaba atentamente cuando teníamos de fondo el humo que se veía desde cualquier punto de la ciudad.

Sabíamos que era digno de cubrir las escenas del noticiero de la noche a nivel nacional, pero yo estaba paralizada, no sé que operó en mí que me puso ridículamente nerviosa, cuando yo era inmune a esas cosas contigo; sé que lo notaste, porque te acercaste más, cuando ya era imposible hacerlo sin contacto.

Temblé pero el intenso viento te hizo creer que era frío y tratando de cubrirme con tu cuerpo dejaste al jefe hablando solo, por mis labios. Aturdida, correspondí.

El Lunes te diré que me saludes mucho a tu esposa e hijas y quedaremos para comer juntos como casi todos los días, pero en secreto espero que para entonces, la solidez de nuestra amistad se reponga de la dulzura de tu lengua dentro de mi boca.


Luna en un día de viento y fuego

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto confirma mis sospechas.

Tremendito dijo...

Tienes una forma, mujer, que me parece tremendamente sensual de describir las cosas sencillas que vives. De veras quisiera saber como te desenvuelves una tarde en un sofa hablando sobre cualquier tema.

Anónimo dijo...

Y tambien las mias...
Que pequeño y sorprendente es este mundo...

Anónimo dijo...

Quiero pensar que no es coincidencia que todos los que comentamos este bonito relato, no firmemos con nuestros nombres. Por cierto, a mi no me sorprende tanto. Se por experiencia propia que la convivencia intensa hace cosas peores.


El Simple Reporterito.