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viernes, 27 de junio de 2008

No, no perdono


María Estela dice 11:00 a.m.:
Hola... Estás bien?
María Estela enviado 27/06/2008 11:10 a.m.:
Disculpa, es que a veces olvido que ya no me quieres
y lo que hice tu lo consideras imperdonable.
Cuídate mucho y mis mejores deseos para ti. Te quiero.
María Estela enviado 27/06/2008 11:16 a.m.:
La de la foto es Cristy en sus quince años. Bye.


Me sorprende que en la conclusión de nuestra amistad, te la pasaste suponiendo. Porque efectivamente, no perdono. Pero ¿qué había que perdonar?


¿Que te valiera madre que durante años llorara por él?

No importa, me dolía a mí, no a ti. Me dejó paralítica perderlo hasta que lo volví a ver y pudimos regalarnos todas las respuestas que necesitábamos. Pero ni así regresé. Ni he vuelto como él me lo ha pedido.

Durante ese tiempo, yo lloré, y tu te ofendiste porque sané una herida.

Creo que nunca te quedó claro que terminé esa relación porque él te lastimó.

Es decir, no sé si entendiste que a pesar de que nos amamos nos separamos por ti.

Y nos amamos de una forma extraordinariamente inexplicable. De una manera que no es de un hombre a una mujer. Nos hemos querido de esa forma que ha compuesto canciones famosas por mis cartas -por lo menos él puede componer canciones-, por nuestras llamadas, por las horas compartidas mientras él esta en España y yo en Cuernavaca.

Tu mejor que nadie debiste saber que nos amamos de esa forma que ni yo puedo explicar ni poner sobre alguna superficie de expresión humana.

Pero yo le dije adiós porque se atrevió a hacerte daño.

¿Y?

Yo te he querido como a nadie. Te hirió y mi reclamo fue sencillo: me fui de su lado.

Sufrí, pero no corrí llorando a culparte, porque no tuviste culpa alguna. Vaya, ni siquiera lo supiste. Pero fuiste un extraordinario juez a la hora de verme recuperar la vida tras hablar con él.

Resulta que de éste lado del mundo uno toma partido. Agarra un bando. Aquí no se permite, ni se cede. Estas conmigo o contra mí. Él te dio la espalda y por eso me fui. Sin explicaciones de por medio.

Ahora, después de todos estos años, lo sabes. No sé de que forma se entiendan los sacrificios de tu lado del mundo. Pero de éste, se da todo o se pierde todo. No hay nada a medias. Se decide. Eran tu o él. La amiga o el artista. No ambos.

Porque así era.

Y me quedé contigo. Mi lealtad a nuestra hermandad elegida por sobre todas las cosas. Tu me conoces. Lo sabes todo de mí. Lo sabías pues, todo.

No sé que te pasó.

Hice todo lo que pude. Lo bajé de su pedestal, ignoré todas sus palabras, su mirada y sus manos pidiéndome que no me fuera. Pero tu igual juzgaste, supusiste. Como lo sigues haciendo.

¿Cuántas veces te he advertido que nunca supongas conmigo. Que voy mucho más lejos?

No necesito perdonar, ni tu necesitas que lo haga. Sólo necesito comprender porqué tu y todas mis amigas, me imaginan o quisieran perfecta, cuando soy la peor de todas.


Luna Terrible

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