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lunes, 23 de junio de 2008

Premoniciones

Hay muchas historias sobre fraudes periodísticos.
La más reciente es de aquel pobre imbécil que relataba sucesos
que ni la policía conocía sobre asesinatos de mujeres mayores.
Eso me ha ocupado en el cuidado que debo tener a la hora en que me avisas
dónde y quienes serán los asesinados cualquiera de estas tardes.



La broncota de tener amigos que han sido parte de fuerzas especiales o de algún organismo sofisticado de inteligencia, es que te meten en asuntos muy complejos.

De ese tipo de asuntos que no le puedes explicar al común de los mortales, aunque tu seas uno de esos.

Investigaciones nocturnas, salidas y entradas misteriosas, recorrer el estado en una sola noche. Aprender a subir y bajar de helicópteros en movimiento, conocer como brillan las disparos en la noche, como hay que jugar con los malos en ratos para poder negociar por los buenos.

Cosas que nadie creería que una inocente e inofensiva reporterita hacía contigo cuando todos dormían.

[¿Te acuerdas de las noches en que te pedía secretos y tu me decías: "estoy en Juárez", para, a la hora y pico decirme: "ando llegando a Culiacán, esta noche será movida, amaneciendo estaré contigo, le caigo a tu casa para desayunar juntos. Mientras, te cuido y cuido a todos los que amas. ¿Me amas?", y yo pensaba que estabas jugando con mi mente (con mi corazón nunca lo has logrado) cuando "te encargabas de salvaguardar el status quo nacional"?]

La cosa es que tener amigos de esos complica la vida, de la misma forma en que complica explicarle a tu equipo de trabajo, cómo carajos es que sabes cuatro horas antes, quienes y dónde morirán.

A eso iba. A que se convierte en algo tremendamente difícil -ya deja tu lo feo, vomitivo, doloroso y moralmente confuso; en el límite de lo legal, olvídate de las broncas penales-.

Escribir quienes, cuándo y cómo morirán varios, hace que no le queden ganas a nadie de dedicarse a esto.

Hace muy difícil responder preguntas como: ¿Oye Luna, cómo es que tuvimos desde las 12 la información de lo que pasó a las 3 de la tarde en Ojinaga?

Difícil, más no imposible, porque había una fuente para esos datos.

Pero asumo las consecuencias de no poder dormir. De tener pesadillas aún, pensando en que una sola llamada mía hubiera cambiado el rumbo, quizá haber salvado a alguno... al niño de 16 años, tal vez.

Aunque pusiera en peligro a mis niños de 16 años. Yo que sé. El juego de los tuyos por los míos que hoy jugamos tantos, nos hace perder la dimensión de nuestra responsabilidad. Jugamos en el límite de lo que es mi bien por tu bien.

Pero ese día, el primero de los que me avisabas cómo serían las cosas, yo dude mucho tiempo.

Escribí la nota y esperé que se cumpliera la hora... ajusté los detalles -los casi nulos cambios porque los resultados fueron mortalmente precisos-.

Ese primer día entré en un declive ético del que no puedo salir.

Afortunadamente, con sólo tres primicias tuve. Ahora espero, como el resto de los mortales, a que las cosas ocurran. Pero aún se duermen conmigo tus muertos, que me susurran que quizá, si yo hubiera dicho algo, alguno de ellos pudiera haberse salvado.

Lo que se vuelve completamente imposible explicar fue el último ejecutado.

Porque ahí lo publique. Ahí dije claramente, dónde y cuándo.

Noté que era muy extraño lo que ocurría cuando hasta tu (obviamente todos los demás) me llamaron para preguntarme de dónde había sacado esos datos. Que en ese lugar no había ningún muerto.

Lo que nos (escribo bien: nos) dejó a todos asustados, fue que a la misma hora que publiqué, sólo que PM, en ese mismo lugar, ahí estaba ya, tirado, con 60 balazos, en la 39 y 20 de Noviembre, ese al que mate 12 horas exactas antes.

Eso sí, no tuve -no tengo- cómo explicarlo.


Luna Asesina

PD. Mírame aquí, hablando de asesinados, cuando en realidad quiero hablar de tu cumpleaños.
PD1. Felicidades, todas las felicidades señor de "el clic", del "sintético devenir histórico" y señor de "hay cosas inevitables en la vida, y tu y yo somos una de esas".
PD2. Ya ni como negártelo, ¿verdad?... digo, el que soy yo... no lo de la inevitabilidad.
PD3. ¿Sabes que eres el hombre que más me reclama? Que si no te dirijo ni una mirada cuando me visitas, que si me comporto extraña, que si te ignoro, que si te olvido, que si no te abrazo, que si quieres verme y no te dejo... lo cierto es que, que por algún extraño motivo creas en mí, en días como hoy, sirve de mucho.
PD4. Gracias y feliz cumpleaños, señor don (próximo) millonario.

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