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jueves, 28 de agosto de 2008

Me llamó

Eran por ahí de las 8:30 de la noche, yo seguia en la oficina. Sonó el cel, apareció su foto. Yo supuse, como siempre en los últimos dos meses, que eras tu, digo, sueles marcar eventualmente de esa oficina. Pero justo cuando ya no esperaba que a pesar de su foto en mi teléfono vinculada a ese número, me buscara, resultó que sí, era él.

Fue, como media hora (o tres, no puedo recordarlo). Su voz, terrible y sin la menor gracia, pero con ese poder sobre mí, me dijo: Es usted gratamente polifacética. Pasé de ser su jefe a ser su fan.

Yo atarantada por la adrenalina que me recorría el cuerpo, la taquicardia, mis ganas de llorar, sólo atiné a decir: Me dejó ir y en algo tenía que ocupar el resto de mi vida.

- Lo hace bien. Muy bien. Disfrútelo mientras regresa conmigo.
- ...Su cumpleaños.
- Si, y no lo pasa conmigo. Tenía que marcarle, ver si no me le había olvidado. Recordaba el año pasado y sus palabras, la fiesta sorpresa, lo buena oradora que resultó.
- ...
- Hay muchas cosas de usted que imaginé y hasta ahora que se fue de mi lado he tenido tiempo de comprobar. Ha sido muy sano dejarla un rato volar por usted misma. Pero será sólo un rato. No se le vaya a olvidar.
- Señor...
- Luna. Siga así. Estoy muy orgulloso de usted.
- Señor yo...
- Dígame.
- Yo... gracias... yo... gracias (aquí va una frase -o diez- sin sentido que le dije, creo que en medio de mi tartamudeo).

Y colgamos.

Me tiré en la alfombra y no he dejado de pensar en eso (bueno hasta hace rato, que decidimos por fin terminar esta relación dolorosísima que me regresó la vida que había dejado extraviada en alguna vitrina, de alguna tienda departamental sin corazón).


Luna en felicitación

2 comentarios:

arboltsef dijo...

¿Y te regaló algo bonito como un... carrito, o algo así?

Luna Líquida dijo...

Algo... algo así.
=)

LL