Este Blog se ve completo en Opera, Chrome, Safari y FireFox.

domingo, 21 de septiembre de 2008

La verdad no importa

Creo que el momento cumbre en la preparación de mi defensa (luego de tres abogados), fue cuando el último dijo: No, Luna, es que no entiendes. Aquí no importa que estés diciendo la verdad. Lo único importante es lo que puedes probar.

Fue tal el cinismo que me atreví a verlo poético.

Soy inocente. Sin por eso importarle un carajo al sistema de justicia de mi estado, con todo y sus flamantes juicios orales (que están de estreno).

Si de pronto, pasa un tiempo prudente y no ando por aquí, no salí. Lo cual implicaría: unos añitos enjaulada y por ende la posibilidad de leer todo lo que he querido y no he podido.

Se aceptan libros, cigarros (por aquello de los intercambios por favores ¿O ya habrá pasado de moda ese asunto?), mi laptop para poder escribir una que otra pendejada. Ok, si no se puede, entonces tal vez cuadernitos y lápices. Quizá por fin aprenda a usar esas maquinas manuales, los bolígrafos.

Lo que no había pensado y me extraña mientras escribo esto, es quién me visitaría si quedo presa por dedicarme a este asunto de la reporteada. Yo suelo no querer ver a nadie. Conociendo mi vocación a oponerme naturalmente a casi cualquier situación que no decida yo, si quedo encerrada, voy a querer verlos a todos.

También me da mucha risa pensar en que de mis amigos, los únicos testigos, pudieron ser los que abandoné en el camino “por no convenir” a mi desarrollo profesional (o por lo menos esa fue la versión oficial –lo de las confusiones y los enamoramientos indebidos yo sólo se lo confesé a SDH, lo acababa de saber, estaba shockeada-).

De hecho, hace unas horas que le marqué a mi ex amigo, y dijo: “Ahí estaré. Ni siquiera lo dudes”. Sentí una cosa en el estómago. Porque esa historia no me atreví a contarla, pero aún siento tanto cariño, que haber cedido a la terrible presión para dejarlo (bueno, los besos en los incendios, las cervezas a deshoras y las motos también hicieron su parte), me duele en las rodillas todos los martes a las siete.

Y nada, que si este es mi último post (no lo podremos saber hasta mañana por ahí del medio día) lo que más me puede es no haberte escuchado una última vez antes de perder mi libertad (al menos la física, la otra, es una locura que nadie puede encarcelar).

Como mínimo seis, doce máximo. Claro, queda esa opción, la del millón (o una cantidad con ceros), pero no. Eso de la lana nunca se me dio.

Lo cierto de todo esto es que yo no fui. Por eso, si no regreso, el slogan del gobierno para convencernos de que la reforma penal es la panacea, es falso: en la cárcel, sí hay inocentes. Yo seré una.


Luna tras las rejas

4 comentarios:

Anónimo dijo...

No seras la primera ni la unica... ya viste...

Álter Ego dijo...

A toda la lista de cosas que te mande en la mañana incluye esta
Me preocupas lepa

Reina dijo...

¿Sabes?, algunos cuando leen un blog se enteran de lo que no quieren y luego,... Luego la acusación, el cabreo y los reproches.

¡Pues no haberlo leído, querido! Nadie te lo pidió...

Un besito

MSN-MX dijo...

Pues si es poetica la frase , y mas que la verdad es una demostrasion de una teoria que tenemos , " depende del como manejes la ley seras culpable o inocente", mas alla de lo que podrias o no comprobar , ahora bien las leyes que quieren implementar hoy end ia con jucios habaldos , sera peor , ya que dependera de tu labia para poder convenser ya sea la culpabilidad o la inocencia , y que ambos casos tienen que ser presuntos antes de dictar centencia.
Espero que todo se resuelva bien.