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sábado, 11 de octubre de 2008

Hombre de mi vida:

Tú y la Ciudad de México

Ya son 10 cumpleaños que no paso contigo.

Sí, sé que es una terrible forma de contarlo, pero es que discúlpame, sufro tanto para escribir de ti. De ti y de mi madre. No sé qué sea. Quizá la perfección cegadora, o qué carajos, pero escribir de ti me hace dar vueltas y vueltas y contar cosas y cosas y no parar nunca. No aterrizar en ningún punto. Bueno es que ser parte de mi vida durante estos 10 años, obliga a que me sepas toda, a saberte tanto... recordar la vida entera.

¿Qué quiero decir de ti que nunca llego a ello?

Siempre termino metiéndolo todo en un borrador –como el que antecede a este post, es de unas 11 mil palabras- y cambiando a algo menos bello. Menos exquisito que tú y tu dulzura.

Yo de ti sólo sé ciertas cosas claras y objetivas: Eres leal, íntegro, absolutamente atractivo, bueno –eres un ser humano tan bueno-, sexy a morir, brutal y pacífico, intenso y divertido, tienes la inteligencia más abrumadora y humilde que conozco. Conste, no hablo de tus campeonatos, de tus horas de juego, las benditas competencias y tus rimbombantes primeros lugares, ni de tus viajes, princesas, animaciones, o de tus comerciales de tele (con sus florecitas antidrogas) que a todos les presumo ("Seis años cumplidos, a primaria deben ingresar...").

No, es que no tienes un solo ‘pero’… salvo por esa insignificancia de que me amas. Pero ya veremos qué hacemos con eso.

Van diez onces de octubre que desde lejos te deseo un feliz cumpleaños. Y éste fue el último.

Amo estos días, en que otra vez, eres once años mayor que yo. Mi número favorito –menos ayer, ayer el once no me gustó ni tantito-.


Luna de tu Vida, a días de tomar un vuelo para festejar tu cumple.

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