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martes, 30 de septiembre de 2008

Auto de formal prisión

O como lo conocemos ahora, gracias al flamante sistema de justicia penal: viculación a proceso (que mamada).

La cosa es que existen elementos suficientes para considerarme presunta responsable de daños y lesiones a la integridad de ciertas personas, según se me acusa.

A veces las cosas que uno escribe dañan a otros. Aunque sean verdad. Ni modo. Si regresara el tiempo, volería a escribir lo mismo (como en este blog, donde todo lo que te ha hecho tanto daño, es consecuencia de lo que soy -sobre todo, de la que soy sin ti-).

Era un caso dificil, lo sabía, pero eche mano de todo lo que tengo, incluídos, por supuesto, mis amigos.

Yo les hablé a tres.

Fue asombroso cuando en la audiencia, aunque dos me habian dicho que no podrían, salvo mi examigo, a la hora de la hora, fueron ellos y más de los que yo hubiera pensado. Como dijeron los presentes: Estuvo la plana mayor de los medios de Egolandia.

Pero la estrella, sin duda, el amigo mío (el que tuvo que cancelar crónicas y coberturas especiales del informe del Góber de Egolandia para quedarse conmigo todo el día y ambos -él y yo- coordinar casi desde la cárcel, las coberturas en nuestros respectivos medios. Pero ni por la relevancia del día -informativamente hablando-, él se fue o me dejó sola).

Verlo entrar por la puerta de testigos (¡Qué atractivo es y qué poco lo noto! debo confesar que mi abogada, quien me preguntó todo de él -como lo hacen tantas-, fue la que me hizo notarlo)... su llegada me hizo contener la respiración y ahogar un grito.

Lo que no pude de plano, fue contener la risa cuando le preguntaban cosas: ¿Cómo considera que es su desempeño en el trabajo? No podía resistir imaginándolo respondiendo lo que realmente piensa: "Insuperable, como los hechos lo demuestran a nivel estatal, y de acuerdo a los indicadores del resto de la cadena en America Latina, nuestra misión informativa y sus objetivos han sido ampliamente superados, desde que me encuentro en mi actual cargo. Sin duda puedo afirmar que soy lo mejor que le pude pasar al medio en el que actualmente laboro, y del cual, por supuesto, Luna tiene la dicha de ser parte."

Obvio era que el juez me pidiera compostura en la sala, y yo tuviera que hacer gala de autocontrol para no estallar en risa, conociendo las verdaderas respuestas que le nacian dar. Claro que en vez de eso, fue, como siempre, mi héroe a la medida. Cada respuesta suya, confirmaba mi declaración. Si le pongo de acuerdo conmigo, la verdad no brillaría como brilla cuando él la explica: "Recuerdo perfectamente ese día, porque fue importante, incluso fue el nombramiento en mi puesto actual. Cosa que en gran medida se debe al equipo de trabajo que hacemos Luna y un servidor. Por ello es imposible que se encontrara físicamente en el lugar que me pregunta, puesto que estaba a mi lado. Compartiendo escritorio, incluso."

El día del juicio, todos los que me significan algo se hicieron presentes. T-O-D-O-S. Lo cual fue excesivo si consideramos que en mi cumpleaños, fueron tantas las personas que se acordaron de mi, que creo que por eso pensé que moriría el 29.

Así las cosas, agotaremos los recursos, entiendase apelación, si de plano pierdo de nuevo habrá que pactar pero el bote no piso (por aquello de que pudiera preocuparte en algún momento de la vida -de la tuya, la mía queda claro que no te interesa lo suficiente-).

Bendita, bendita sea la justicia en Egolandia.


Luna tras las rejas -mentales- que aún anda suelta, aunque usted, no lo crea.

PD. Bueno, todos menos tú, que, ya ves, eres mi víctima favorita (llamame loca, pero el otro día pensaba si mis aventuras en letras no serían la causa principal de tu desprecio por mí... ya ves, a veces a la gente se le olvida que te conoce y empieza a creerse todo lo que uno vomita cualquier día por ahí de las 3 de la mañana).

domingo, 21 de septiembre de 2008

La verdad no importa

Creo que el momento cumbre en la preparación de mi defensa (luego de tres abogados), fue cuando el último dijo: No, Luna, es que no entiendes. Aquí no importa que estés diciendo la verdad. Lo único importante es lo que puedes probar.

Fue tal el cinismo que me atreví a verlo poético.

Soy inocente. Sin por eso importarle un carajo al sistema de justicia de mi estado, con todo y sus flamantes juicios orales (que están de estreno).

Si de pronto, pasa un tiempo prudente y no ando por aquí, no salí. Lo cual implicaría: unos añitos enjaulada y por ende la posibilidad de leer todo lo que he querido y no he podido.

Se aceptan libros, cigarros (por aquello de los intercambios por favores ¿O ya habrá pasado de moda ese asunto?), mi laptop para poder escribir una que otra pendejada. Ok, si no se puede, entonces tal vez cuadernitos y lápices. Quizá por fin aprenda a usar esas maquinas manuales, los bolígrafos.

Lo que no había pensado y me extraña mientras escribo esto, es quién me visitaría si quedo presa por dedicarme a este asunto de la reporteada. Yo suelo no querer ver a nadie. Conociendo mi vocación a oponerme naturalmente a casi cualquier situación que no decida yo, si quedo encerrada, voy a querer verlos a todos.

También me da mucha risa pensar en que de mis amigos, los únicos testigos, pudieron ser los que abandoné en el camino “por no convenir” a mi desarrollo profesional (o por lo menos esa fue la versión oficial –lo de las confusiones y los enamoramientos indebidos yo sólo se lo confesé a SDH, lo acababa de saber, estaba shockeada-).

De hecho, hace unas horas que le marqué a mi ex amigo, y dijo: “Ahí estaré. Ni siquiera lo dudes”. Sentí una cosa en el estómago. Porque esa historia no me atreví a contarla, pero aún siento tanto cariño, que haber cedido a la terrible presión para dejarlo (bueno, los besos en los incendios, las cervezas a deshoras y las motos también hicieron su parte), me duele en las rodillas todos los martes a las siete.

Y nada, que si este es mi último post (no lo podremos saber hasta mañana por ahí del medio día) lo que más me puede es no haberte escuchado una última vez antes de perder mi libertad (al menos la física, la otra, es una locura que nadie puede encarcelar).

Como mínimo seis, doce máximo. Claro, queda esa opción, la del millón (o una cantidad con ceros), pero no. Eso de la lana nunca se me dio.

Lo cierto de todo esto es que yo no fui. Por eso, si no regreso, el slogan del gobierno para convencernos de que la reforma penal es la panacea, es falso: en la cárcel, sí hay inocentes. Yo seré una.


Luna tras las rejas

jueves, 18 de septiembre de 2008

Cosas de Hombres

¿A quién sí le has dicho la verdad? ¿Habrá alguien?

Sólo dos veces tus mentiras me han sacado de quicio.

La primera fue aquella que recibí un correo de tu cuenta con palabras de ese imbécil, diciéndome una sarta de pendejadas absolutamente incongruentes (tanto como sus invitaciones a salir, el billar, los besos a las 2 de la mañana frente a la Plaza Mayor –frente a las mejores burguers, que de hecho aún me lo recuerdan-, mientras yo pensaba que quería hablar de ti, pero quería olvidarte…con la menos indicada: yo).

Ahí algo empezó a hacerme ruido de todo el teatro que montabas para poder sobrellevar eso de lo que yo aún no puedo ni escribir, y en lo que ni siquiera quiero pensar, y obvio, de lo que no tenía ni la más pinche idea.

La segunda pasó anoche:

OW: Ayer te venía escuchando y ya no pude sacarte de mi cabeza.
LL: Me encanta que me llames.
OW: Cállate… tu ni piensas en mi. Mírame tuve que ir a poner crédito como desesperado, porque ya ni en tus números frecuentes me tienes y yo necesitaba saber de ti.
LL: Jamás te tuve en ellos.
OW: Lo sé. ¿Sabes? Aún sueño contigo y hay veces que despierto abrazando una almohada, imaginándote aquí, como antes.
LL: Nunca olvides que te quiero y que estoy para ti siempre.
OW: Cállate, no digas cosas que sólo los hombres decimos ¿Ves porque luego te pasan cosas que no deberían? Le haces a la gente depender de ti, pensar que siempre estarás, que siempre nos querrás cuando de pronto desaparece todo. Un buen día, sigues con tu vida y uno aquí intentando olvidar que alguna vez alguien te hizo sentir lo máximo pero luego se olvido de ti. Como el niño que crece y abandona los juguetes debajo de la cama porque se va con sus amigos.
LL: No entiendo de qué hablas, versión chafa de Toy Story.
OW: Jajajaja, ni yo. Sólo quería oírte, decirte que me acuerdo mucho de ti y que un día deberías dejarme terminar lo que empecé tantas noches.
LL: Eso sí no va a pasar.
OW: Cállate. No hagas cosas que sólo hacemos los hombre. No me lastimes innecesariamente. Si antes cuando tenías novio, salías de mi casa de puntitas para ir a hablar con alguien que ni vivía aquí, en todo este tiempo que has estado soltera y no me has pelado, ya entendí. Eres la mujer más miedosa que conozco. Nunca has querido nada conmigo pero… entonces me dabas tantas alas.
LL: Mira mi Red Bull versión ejido Huizopa, yo no te di nada.
OW: Tu cabello azul –ese cabello azul-, lo linda que eras, las noches en mi casa, en el Lunamóvil, nuestro programa de radio nocturno. ¿Te acuerdas? Amanecer platicando con tus manitas entre las mías. Sé que no me has querido creer nunca, pero me gustabas mucho. Mira que largarme a Vallarta solo para verte unas poquitas horas. Me traías tan mal. Jajajaja, la primera vez que te lo dije por teléfono, que me gustabas, recuerdo que te quedaste callada un ratote, pero saliste con la historia del tipo que vivía a pinchemil kilómetros. Esa noche sufrí. Me consolé pensando que nadie lo conocía, que habías recurrido al truco del novio imaginario para que te dejara en paz. Pero me tocó ver tu cel cuando dormías conmigo. Él te llamaba siempre de madrugada y yo pensaba: Ese wey no la quiere para nada bueno, y yo aquí, como su pendejo.
LL: ¿Eso pensabas?
OW: Así pensamos los hombres.
LL: Neta entre tu y el de la elefantitis… están cabrones. Ni con novia tu, ni con esposa aquel, la dejaban en paz a una… siempre me ha dado tanta risa decir ‘una’.
OW: No me compares con ese wey, lo que te hizo fue una chingadera. Y sí lo sé. Me encanta cuando tu y TA juegan con eso… jugaban perdón…
LL: ...Pues ni hables de chingaderas porque eres más perverso. Él al menos lo hizo donde hubo testigos. Tu me llevaste a un lugar donde ni gritando me oirían.
OW: Haces cosas que sólo los hombres hacemos, Luna. Haces planes de guerra ¿Cómo explicas el final de esa historia? Tu decidiste dónde terminaríamos. Era tan improbable que fuéramos amigos después de todo eso y lo lograste. Pinche vieja.
LL: Mmm, con tanta información extraña que te 'han confiado', tu aferramiento a que hago y digo cosas de tipos, mas
todas las veces que dormí contigo y no pasó más, no creas que no sé que piensas que ni me han de gustar los hombres. Pero sabe esto: me fascinan, pero tu hiciste todo mal. Ya sabes que si no hay un enamoramiento marciano y profundo yo no funciono. Pero a cambio te quiero un buen. Es más, aunque me odias, debes saber que siempre contarás conmigo.
OW: Cállate, mendiga. No pienso eso. Te quiero tanto que te perdono todo. Hasta que me hicieras sufrir con tal de que te salieras con la tuya de que fueramos amigos de los buenos. Pero insisto en terminar lo que empecé. Mal, pero empecé.
LL: Wey, le gustabas a varias amigas mías –te las tiraste a todas- y mi hermana fue el motivo de tus desvelos ¡Cómo chingados podrías dudar que somos amigos!
OW: Cállate. Tu lo planeaste todo. Yo era tu muñeco inflable para tus compas. Menos para ti.
LL: Algo hay de eso, pero... igual me encanta oírte.
OW: ¿Ves? Todo el tiempo haces cosas que solo haríamos los hombres.

Entonces, luego de una melosa despedida, una vez que colgamos, caí en cuenta de todo lo que has tenido que inventar para que el mundo asimile tu obsesión por mí. Empezando –o terminando- con OW.

La última vez que hablé a tu casa, lo sentí en tus papás, que a pesar del gusto natural que sintieron al oírme, ambos, serios-preocupados me dijeron: es que no está muy bien, desde “aquello”.

Si algún día pudiera volver a hablar contigo -contigo, no con la persona que tienes en tu lugar; no con esa fría y distante que cada vez que me ve o que me escucha por teléfono, se esconde dentro de todo el alud de recuerdos (¿o mentiras?) que nos hizo -te hizo- todo ese tremendo daño que jamás imaginé provocar- quisiera decirte que te extraño tanto.

¿A quién te has atrevido a decirle la verdad?
¿Habrá alguien en Egolandia que sepa que no eres mi víctima, sino lo contrario?
¿Habrá alguien que me crea en el momento en que decida terminar con la sarta de mentiras que has diseminado?

Habrá quien sepa...

Luna Varonil

PD. Una vez lo dijo mi ex amigo: Dile a ese wey, que si su vieja se enamora de alguien más y le pone los cuernos, no es tu culpa. La próxima vez que hable de ti, yo personalmente le voy a partir la madre.
Así fue. No sé exactamente cómo pasó, pero se encontraron en algún lugar. Uno hablo mal de mí, el otro le partió algo más que la cara. El día que quieras una explicación clara de porque estuvo días en el hospital, anímate a preguntarme, te dejaré claro que han sido tus mentiras las que lo lastimaron.
Aunque, y debo darte el beneficio de lo encabronadamente difícil de tu situación, quizá yo en tu lugar, no haría otra cosa, que mentir también. Hasta ahora, lo único que he hecho es guardar silencio casi absoluto respecto a ti todos estos años.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Para mi cumpleaños



Ajá, se acerca mi cumple y ajá, he de confesarlo: sólo hay una cosa en el mundo que deseo tanto, como que vengas, un G1.




Luna Gadget


PD. Bueno, exageré. No, no lo deseo tanto como que vengas...

martes, 16 de septiembre de 2008

EnMedio del Terrorismo Digital en Morelia

Participo en cuatro revistas. Pero sólo dos tienen versiones electrónicas: El Digital es una y EnMedio es otra.

La primera la hojean sin problema en su página (con doble clic descargan el pdf de cada página por aquello de la lectura), aunque si son de Chihuahua, la adquieren gratis en casi cualquier lugar. La revista EnMedio la descargan, es una revista 100% electrónica y está fabulosa. Ambas son increíbles.

Disfrútenlas.


Luna Magazine

PD. A esta hora hay tres muertos y 100 heridos por los atentados en Morelia. la cifra llegará a ocho muertos y casi 150 heridos. Lo que hubieramos dado muchos porque lloviera allá, como llueve hoy aquí.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Ya es tiempo

Hoy veía una telenovela -sí, yo sé cómo suena eso- (lo que hace una cuando está enferma).

En ella el hombre en cuestión (una cosa preciosa de sujeto, por cierto) recibe la llamada de la tarada que se supone es el fruto de sus desvelos, digo, el origen (perdón). Luego de casi un año de no saberse, ambos guardan silencio largo rato al teléfono y amándose, se mienten -lastiman-, y cuelgan.

Yo no sé, pero me sonó tan familiar la escena.

Nada, que por estos días, también será un año (creo) de que nos regresé la libertad y estoy tan sorprendida de las cosas que la humanidad de una Luna puede hacer.

Y pues... ya ves, que en alguna parte de mi infantil esperanza (la que se resistió tanto a creer que ni Santa ni los Reyes existían) está ésta loca idea de que, por algún milagro, éste cumpleaños seas mi mejor obsequio (no importa si no vienes con moño incluido, palabra).

Pero ya sabes... es sólo eso, una esperanza metida en un frasco con alcohol -para ver cuánto puede conservarse ahí-, en lo que tú decides que ya es tiempo.

Ya es tiempo...


Luna que vive lo que tanto miedo tenía vivir (y procura no enloquecer)

jueves, 11 de septiembre de 2008

Una escritora poderosa


Usted es incriticable señor pero lo que le digo es sólo por decir algo.
Ya que usted nació escritor. Si lo sabía, ¿verdad?

Que mientras hago garras con mis críticas "agudas" (según el profe; pendejas, diría yo) casi todo lo que leen (incluyendo tus obras perfectas), tu me digas (poniendo tu mano en mi brazo, obligándome a controlar el ritmo cardiaco que aceleras): "Eres una escritora muy poderosa", cuando yo leo las mías, en vez de desquitarte y hacerme trizas (tu sí podrías, bueno... ahí si no me defiendo, casi cualquiera puede), me hace creer que será muy difícil que alguien supere no sólo el halago sino la forma y tiempo en que lo haces.

La última vez que hablamos de suicidio, te dije: es muy frío; cuando era magistral. Cuando yo hablé y no pude contener el llanto, me respondiste con... con todo eso que me dices que yo no sé como quitármelo de encima cuando pasan los días y te vas, y no te sé... y sólo espero, como adolescente, oírte en la radio para soportar hasta el siguiente sábado.

Que no me estorben tus 55, ni la forma en que tu arena se mezcla con mi presente.
Que no quiera confesarte todo cada vez que te veo.
Que pueda controlarme de traerte de la mano aquí o a cada lugar que habito.
Que no llegues hasta ésta que en realidad soy.
Que Leñero o esos rimbombantes amigos tuyos no te alejen de alguien que apenas sabe escribir su nombre.
Que esa forma de sorprenderte que se me trepa en el pecho cada vez que te oigo interpretarte,
se me pueda olvidar alguna vez.
Que la semana no se mida en los días que tardo para volver a oírte
(verte llegar, escribir detrás de tu macbook, tomarme un café contigo).


Publicista... por cierto, todos mis respetos a tu esposa.


Luna dolorosamente honesta

LL: No me odies, pero creo que habría que preguntarle a una mujer qué siente cuando tu le ves cada parte del cuerpo, así como lo escribiste. Digo, con fines literarios, claro. Para nutrir ese escrito, simplemente.
ALC: Respóndeme tu, ¿qué sientes cuando te veo cada parte? Es decir, también con fines literarios, obviamente.
LL: Pienso: Ojalá no fuera... publicista.
ALC: Jajajaja. Si, mas o menos como yo pienso: Ojalá no llame el próximo programa.
LL: Ahora tengo una canción para acordarme de ti, aunque me la mandaras a las 2 de la mañana luego de ponerla al aire como ¿Qué, tres veces.?
ALC: Si, por eso te la mandé, para que tengas algo para acordarte de mí ya que a mi no me quieres dar ni la dirección de tu blog.
LL: ¿Siempre haces eso, pagar con la moneda opuesta todo lo que te hacen?
ALC: No me había fijado, pero contigo sí, así me nace hacerlo.

Descarga el mp3 "Bubbly" de Colbie Caillat de Box (barrita lateral)

martes, 9 de septiembre de 2008

Un país de lectores

Deficiente política educativa
¿Se puede leer sin escribir?
Gregorio Hernández Zamora*

Hoy todo el mundo (incluso Marta Sahagún, Salma Hayek y la SEP) desea fomentar la lectura, pero no la escritura. ¿Por qué?

Historia

Borrar del mapa la cultura escrita de un pueblo es una de las primeras acciones que todo ejército invasor que se respete lleva al cabo. Los gringos no lo hicieron directamente en Irak; se limitaron a observar impasibles el saqueo de obras de arte y textos milenarios en los museos y archivos históricos iraquíes. Los nazis, más activos, quemaron libros de autores judíos como Karl Marx y Sigmund Freud, a la vez que horneaban a 6 millones de judíos.

Los conquistadores españoles no se quedaron atrás: destrozaron los códices prehispánicos, arrasaron con las edificaciones que contenían escritura en sus muros y columnas, hicieron carnitas a los tlacuilos (escritores prehispánicos), y cambiaron la lengua y los textos sagrados de los habitantes nativos. ¿Por qué escribir es tan peligroso? Mejor dicho, ¿por qué para dominar a un pueblo es esencial destruir sus textos, sus escritores y su capacidad de escribir?

Teoría

Escribir implica y exige pensamiento crítico e independencia intelectual, como lo señaló el científico judío Albert Einstein (1988) al explicar por qué los judíos han sobrevivido como pueblo tras milenios de persecución y masacres: han escrito su historia, sus leyes y su sabiduría en libros como la Biblia o el Talmud, y han preservado su capacidad para producir conocimiento nuevo -escrito, por supuesto.

Por su parte, Paulo Freire (pedagogo brasileño ignorado o temido por nuestra tecnocracia educativa, pero conocido y respetado en Norteamérica, Europa y Asia, en donde utilizan sus métodos) vio con claridad que si los oprimidos escriben su propia historia sabrán quiénes son y quiénes pueden llegar a ser; lo que haría muy difícil la tarea de imponerles lo que deben ser y a lo que deben aspirar: ser dóciles esclavos o siervos asalariados (Freire y Macedo 1987). "Llevar" o "transferir" el conocimiento, explica Freire, es una de las formas clave de la acción colonizadora: "los invasores son sujetos, autores y actores del proceso; los invadidos sus objetos... el éxito de la invasión cultural radica en que los invadidos reconozcan su propia inferioridad" (Freire 1970).

Escribir, a diferencia de leer, convierte a la persona en autor, es decir, en persona autorizada para hablar o -como bien dicen los zapatistas- para decir su palabra, para hacer pública su verdad.

Desde un punto de vista escolar, cualquiera sabe que el efecto de leer sin escribir (es decir sin cuestionar, comparar versiones, elaborar explicaciones alternativas) es que los alumnos acaban entendiendo nada, incluso si leen "grandes libros" o "autores clásicos". Escribir implica la apropiación del lenguaje para dar explicaciones ordenadas, argumentos lógicos, interpretaciones fundamentadas y análisis abstractos (Heath y Mangiola 1991), justamente lo opuesto a la interpretación ciega de un texto.

Leer y memorizar a los "grandes autores" -en el mejor de los casos- impide que los colonizados piensen por sí mismos, como lo ha señalado Noam Chomsky (lingüísta e intelectual crítico norteamericano): "Es una forma completamente estúpida de educación, pero creo que esto es por lo que [los grupos conservadores] la apoyan" (2002).

De lo anterior surge una consecuencia crucial: si la cultura escrita de un pueblo o grupo social es el fundamento de su identidad y, por tanto, de su proyecto de futuro, ésta no puede ser importada; necesita ser producida por él mismo. Imponer modelos de identidad (lo que las personas deben ser o no ser, saber e ignorar, desear u odiar) es la clave de la dominación política y cultural; y es una tarea que se facilita bastante cuando la identidad histórica de la persona o pueblo a dominar ha sido previamente borrada o aniquilada.

Pero destruir la escritura de un pueblo no basta. Es indispensable impedir que los sobrevivientes vuelvan a alzar la cabeza, que vuelvan a escribir su historia, pues hacerlo les permitiría recordar quiénes son, saber por qué están donde están y -lo más peligroso- definir y decidir su historia futura.

Fantasía

Tras nuestra independencia de España, creamos en México un sistema educativo cuya misión ha sido enseñar a leer y escribir a los descendientes de los antiguos siervos. Por más de dos siglos, nuestras escuelas y universidades han logrado que nuestros jóvenes se apropien de la cultura escrita como herramienta para construir la nueva nación que hoy disfrutamos. ¿Pero qué habría pasado si una nueva potencia nos hubiera conquistado? ¿Qué clase de programa educativo nos habría impuesto para impedir que nuestros pobres aprendieran de nuevo a escribir su historia? ¿Cómo sería semejante régimen de terror educativo?

Para impedir que nuestros alumnos aprendieran a escribir se comenzaría por prohibir que entendieran para qué diablos sirve escribir, dentro y fuera de la escuela. Se les exigiría portar siempre un lápiz o pluma en la mano, pero los maestros muy raramente les pedirían escribir textos originales de más de una o dos oraciones. Durante semanas, meses y años enteros los pondrían -en cambio- a escribir copias, dictados y planas de palabras sueltas, de oraciones sinsentido o de bolitas y palitos (para mejorar la letra y aniquilar su inteligencia). Les ordenarían abrir su libro de texto y rellenar líneas para completar oraciones.

Limitaríamos cuidadosamente su escritura a apuntes, cuestionarios, resúmenes (del tipo copia-y-pega, no piensa y sintetiza). Con quienes lograran pasar a la secundaria seríamos estrictos con el color de la tinta, el tamaño de la letra, el ancho de los márgenes, o el forro de los cuadernos; se asignaría una puntuación para cada uno de estos aspectos, pero el contenido valdría cero. Al cabo de tres años tendrían un cerro de libretas muy bonitas pero ni un solo texto surgido de sus cabezas. Si aún así continuaran hacia el bachillerato, se les pedirían "trabajos" sin explicar qué cosa es un trabajo; sin mostrarles trabajos modelo; y por supuesto sin acompañarlos en la delimitación del tema o la redacción del escrito.

En cambio -para despistar- se les haría hincapié en cuestiones de formato, como el número de páginas o el espaciado entre líneas. A quienes de plano no les haya bastado eso y decidan ir a las aulas universitarias, se les pediría entregar "ensayos finales", pero jamás se les explicaría qué es eso, cómo se hace, ni se les mostrarían modelos de textos similares.

En el caso de que los estudiantes protestaran por las bajas calificaciones en sus escritos, los profesores tendrían siempre a la mano la irrefutable frase: "eso ya deberían saberlo; yo no soy maestro de redacción".

A los tres estudiantes de posgrado que tuviésemos en el país los haríamos sufrir hasta decir basta: les diríamos que nada de lo que escriben sirve, que su tesis es una basura, que escriben puras pende... de manera que, si quieren titularse, tendrán que agachar tanto la cabeza que cuando les toque el turno serán estupendos castradores de la escritura de sus propios estudiantes (un hijo maltratado será un buen padre maltratador).

En todos los niveles educativos se evitaría al máximo que los alumnos investiguen, pero cuando eso ocurriese, no se les ayudaría a formular preguntas de investigación inteligentes; tampoco se les explicaría qué y cómo investigar, cómo reportar los resultados ni -mucho menos- cómo discutir la significación de lo que investigaron.

En ningún caso se publicaría o mostraría lo que escribieron; mucho menos se les pediría que intercambien y lean entre ellos sus escritos (recordemos: sólo vale la pena leer a los autores consagrados); los profesores recogerían los escritos y se los devolverían con marcas bien visibles de las faltas de ortografía, errores de dedo, sintaxis o formato.

En ningún nivel se les propondrían formas alternativas de decir lo que quieren decir (si es que quieren decir algo), y jamás les pediríamos que escriban para persuadir, discutir, analizar, explicar o entender algo. Escribirían, en cambio, toneladas de "apuntes" para exámenes de opción múltiple.

A lo largo de su trayectoria escolar comprarían (en las papelerías de la esquina) cientos de "biografías" de personajes ilustres, pero jamás escribirían su propia biografía, mucho menos las de sus padres o abuelos (recordemos: se trata de que no sepan quiénes son).

Durante años harían cientos de dibujos o esquemitas sobre las partes de la célula, pero ningún escrito sobre las partes y el funcionamiento de su propia escuela, de las empresas o instituciones que despiden a sus padres, o el país en que viven. Tampoco escribirían para buscar la relación entre lo que dicen los libros de ciencia, literatura o historia y su propia vida o la de sus comunidades (escribir sobre los temas cruciales de su historia personal, local o nacional es suicidio para el conquistador).

En ningún nivel educativo se explicaría a los estudiantes que al escribir se convierten en autores de lo que piensan (para "autores" -o sea, personas autorizadas para escribir y pensar- bastaría con un Monsiváis y una Poniatowska; ¿quién necesita un Pérez o un Hernández?). En cambio, desde el prescolar hasta el posgrado, les dejaríamos bien claro que su identidad ha sido, es y siempre será la de "alumnos que no saben escribir".

Realidad: hacia un país de mudos

Tal vez sorprenda al lector que, salvo raras excepciones que confirman la regla, este programa educativo destinado a erradicar la cultura escrita opera e impera en las aulas de México. En investigaciones y diálogos que he sostenido con maestros de todos los niveles educativos encuentro que si en algo están de acuerdo es en afirmar sin la menor vacilación que los alumnos "no saben escribir". Puede que así sea, pero no saben por una razón: no les enseñamos.

Investigaciones realizadas desde hace años muestran que las prácticas pedagógicas parecieran diseñadas para impedir que aprendan a escribir (Rockwell 1991; Ferreiro et al 1991; Ezpeleta y Weiss 1994; Sharken 2004; Hernández 1997, 2000, 2004). En otras palabras, si como enseñamos a escribir enseñáramos a hablar, ya seríamos un país de mudos.

No enseñar a escribir equivale a silenciar. Silenciar es renunciar a educar. Y renunciar a educar es renunciar a ser libres. No son esclavos quienes han sido privados de su libertad, sino quienes renuncian voluntariamente a ella. Nuestra tragedia es que no es un ejército invasor sino nosotros mismos quienes construimos día a día la servidumbre perpetua de nuestros sectores marginados (los privilegiados disponen de maestros y escuelas atentos, y si no aprenden tampoco importa: tendrán abogados, escritores y periodistas a su servicio).

En el ámbito de la política educativa y cultural toda la atención se centra hoy en "fomentar la lectura", en hacer de México "un país de lectores". Si bien invitar a los pobres a leer (ya que no pueden ocuparse en trabajar o estudiar) puede ser positivo, bajo las circunstancias actuales (75% de los mayores de 15 años no tienen el bachillerato terminado y están fuera del sistema escolar), una política orientada a promover la lectura no puede verse sino como un paliativo que confirma nuestra renuncia a educar.

Hay que reconocer que se necesita una visión histórica excepcional para aspirar a ser un país de consumidores (de Coca-Cola, "nuevas tecnologías" o incluso libros); en cambio, los cortos de miras (como Japón, Cuba, Corea del Sur o la Nicaragua posrevolucionaria) aspiraron a crear países de productores de nuevas tecnologías, de libros y de su propia cultura (qué tontos ¿no?, pudiendo importarla ya hecha, ¡como nosotros!). Extrañamente, quedan aún en México focos de "analfabetas" que saben para qué sirve escribir. Sí, los incómodos indígenas zapatistas que, con tal de llevar la contraria, han escrito y publicado miles de páginas con sus inútiles comunicados, cartas y declaraciones. No saben que en México escribir está prohibido para "los que no saben escribir". Es cierto, sus textitos no los han hecho ricos, pero les han permitido saber quiénes son y qué futuro quieren para sus comunidades y para el país que los desprecia.

Hace falta explicar en detalle por qué los maestros aseguran que "los alumnos no saben escribir ni leer". Es decir, por qué somos tan eficientes en silenciar a los pocos estudiantes que quedan en nuestras escuelas (pista: ¿será que también somos buenos para silenciar a nuestros maestros?). Pero esta es otra historia y será contada en otro momento.

Referencias
• Chomsky, Noam (2002). Understanding Power. New York: The New Press (Peter R. Mitchell y John Schoeffel, eds.).
• Einstein, Albert (1988). Este es mi pueblo. Buenos Aires: Milá/Editor.
• Ezpeleta, Justa y E. Weiss (Coords.,1994). Programa para Abatir el Rezago Educativo; Evaluación Cualitativa del Impacto: Informe Final. México, DIE-Cinvestav.
• Ferreiro, E., A. Pellicer, B. Rodríguez, A. Silva, y S. Vernon (1991). Haceres, quehaceres y deshaceres con la lengua escrita en la escuela rural. México, SEP: Libros del Rincón.
• Freire, Paulo y Donald Macedo (1987). Literacy: Reading the Word and the World. South Hadley, MA: Bergin & Garvey Publishers.
• Freire, Paulo (1970). Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI.
• Heath, Shirley B. y Leslie Mangiola (1991). Children of Promise: Literate Activity in Linguistically and Culturally Diverse Classrooms. Washington, DC: NEA.
• Hernández Z., Gregorio (1997). "¿Qué leen y escriben los adolescentes en la escuela secundaria?". En Waldegg y Block, Estudios en Didáctica. México: COMIE-Iberoamericana.
• Hernández Z., Gregorio (2000). Problematic academic writing in a development program for teachers in Mexico. Berkeley, CA (texto sin publicar).
• Hernández Z., Gregorio (2004). Identity and Literacy Development: Life Histories of Marginal Adults in Mexico City. Berkeley, CA (disertación doctoral sin publicar).
• Rockwell, Elsie (1982). "Los usos escolares de la lengua escrita", en Ferreiro y Gómez-Palacio (coords.) Nuevas perspectivas sobre los procesos de lectura y escritura. México, Siglo XXI.
• Sharken, Diane F. (2004). A Collaborative Study of Early Literacy Perspectives in Mexican Schools: Compartiendo teoría y métodos de enseñanza. Fulbright/UC-MEXUS/CONACYT (investigación en proceso).
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*Universidad de California en Berkeley. grehz@berkeley.edu

domingo, 7 de septiembre de 2008

Te deseo...

"Luna, el problema es que eres el único ser humano del que me puedo enamorar..."
AV

De todas las veces que lo he escuchado, de todas las veces que me ha erizado la piel, de todas ellas, el que me lo dijera un seminarista (otra vez), tiene una delicia perversa que disfruto severamente dentro mi absoluta capacidad de corromper lo que se supone, no debería tocar.

Entre Diosito y yo, seguro Él gana.

¿Tu qué dices?


Luna de Adán

PD. AV: Provocas cosas que ninguna mujer provocó nunca. Pero, estoy metido en el Opus... seguro la principal característica para nunca conquistarte ¿Cierto?
LL: Cierto, niño seminarista.
AV: ¡No soy un niño, eso ya te lo probé! Y luego de esa noche... tampoco soy seminarista.

viernes, 5 de septiembre de 2008

No sólo para esto


Después de hacerte mío unas dos o tres veces -como casi cada noche durante todo éste tiempo-, antes de quedarme dormida aunque esté a punto de amanecer, me pides inocentemente al oído: Por favor, dime que no sólo me quieres para esto.

"Por favor, dime que me quieres para llenar tu vida completa, aunque ahora sólo podamos tener las noches para nosotros. Por favor, dime que no sólo me quieres para esto..."

Entonces yo, adormilada, sin fuerza para moverme, apenas me tuerzo para recibir tu mano que me acerca a ti; abro los ojos y mirando la pared, contigo abrazándome por la espalda te digo: No. No sólo te quiero para esto.

Y luego de unos segundos, me levanto para ir a trabajar y no volver a saber de ti hasta que el sol desaparece.®


Luna Mentirosa

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Daría lo que fuera por volver a oírte

Lo que soy, por volver a hablar contigo. Por un teamo tuyo. Uno más. Aunque fuera el último del resto de mi vida.

Ahora que pronto dejaré de ser libre, te suplico vengas antes de que sea demasiado tarde.

Daría lo que sea por saber que estás ahí, que aún me amas, aunque eso fuera lo último que yo supiera de ti... de mí, de la libertad.


Luna a punto de partir

martes, 2 de septiembre de 2008

Me he tardado

Tiene 20 y me recuerda tanto tanto a ti y a nuestra historia perdida en un registro civil.

Te escribí, como es mi costumbre, sin decirte nada, luego de oírlo.

Tú, como en los últimos meses, no respondiste (bueno, tampoco es que yo responda cuando me buscas).

Me sorprendió saber que dejaste más de lo que esperaba (en mi clóset, memoria, desvelos), como me sorprende cuánto me hace sonreír escucharlo.

Y nada, que concluyo que he tardado mucho en decidir que hay gente despierta de mi lado del mundo.

Me he tardado tanto.


Luna de Cuauhtémoc bajo los efectos del Prozac

PD. No, no se quedó sin publicar. Volviste a fallar. Pero ya sabes lo que digo: nunca supongas conmigo.