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miércoles, 7 de enero de 2009

Hoy vi tu futuro

Fue una punzada exacta y aparatosa, intensa que empezó en el esternón y terminó en mis recuerdos. Justo en medio del tráfico de la avenida Aldama y Carranza, con el semáforo en rojo, tu cruzabas la calle y con eso diluías mi vida.

Inocentemente manejaba en el auto que me regaló... quien hubiera de regalármelo.

Tu ibas en la acera de Palacio de Gobierno (sí, Egolandia tiene uno de esos) ibas con una ella, una carreola con una bebé, un pequeño que caminaba en medio de ambos, tu metías las manos en los bolsillos del pantalón mientras hacías muecas porque algo que ella decía no te agradaba.

Eras tu con el cabello perfectamente peinado, tus ojos "demasiado" y esa forma particular de cráneo que ningún hombre tiene.

Hice un esfuerzo monumental para no desmayarme del dolor -que dejó de ser físico rápidamente- y continuar manejando.

Fueron segunditos, así en diminutivo, que me hicieron repasarlo todo. Lo absurdo que es el autoconvencimiento cuando de pronto la verdad -yo digo que tu sigues siendo lo único verdadero de mi vida- se te aparece un pinche 7 de enero a las 4 de la tarde.

Todo lo bueno que había tenido el cierre e inicio de año, se hace poquito menos que espuma y sólo me quedas tu y el tremendo dolor de perderte que se hace infinito porque no estas... nunca estarás.

En eso me clavé: nunca estarás... nunca. Fui sin ti. Estoy siendo sin ti y me parte la madre. Pero qué le vamos a hacer. Egolandia aún queda muy lejos de tu mundo. No importa cuánto me esfuerce, incluso tratando de cambiar lo que soy -si eso hiciera alguna diferencia-, seguirán siendo los mismos mil 700 kilómetros.

Y así será, estarás con alguna, tendrás unos hijitos y un futuro del que yo no hubiera entendido un carajo, de no ser que te amaba.

Eso fue lo único que sí comprendí de toda la película que pasó frente a mi: que yo, con lo poco que soy, con mis paraísos desiertos e infiernos prismáticos, hubo un día, que te amé.

Nada más.


Luna en Despedida

PD. Pudo ser diferente pero decidimos que no, no lo fuera. El adiós era lo menos doloroso de colgar. Luego de todos estos años, me llevo tu último: quiero volverte a ver.
gxhsehdmv <- No había forma de engañarte. Siempre descifrabas mis abreviaciones. Así nos conocimos, ¿recuerdas? Bueno, hoy, así te digo adiós.