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domingo, 8 de febrero de 2009

Inspiración para llevar

Estabamos en un lugar repleto de intelectuales y escritores, de pronto, en medio de todos, sólo hubo un hombre
que me hizo voltear. Sólo uno de entre 300. ¿No va siendo mi pinche mala suerte que era el único que era tuyo?

Mira, le dices a esa babaridad de hombre que tienes por pareja: "compañero"; sabes de Marx (de ambos) y del cielo; conoces de Purépechas, Mixes, Otomíes y Raramuris. Luchas, peleas -mejor dicho- por el más débil -así es como se pelea y por quien se lucha, lo demás yo no sé si tiene sentido-; dominas el sabio arte de escuchar, infundes confianza -una que me ha dolido tanto (la última vez que confie así en alguien terminé lastimando mucho involuntariamente)-; eres tan fuerte -o más que yo-, pero a la vez eres pura, femenina, niña y diosa... transparente.

Inspiración en dosis, cada ocho días de 6 a 8, para llevar.

Contigo ni broncas ni egos con los cuales debatirse en estériles debates sobre la trascendencia de 400 autores y su visión estereotipada de este mundo nuestro, compañería mía.... ¿cómo chingados es que eres posible?

Es que el asunto eres tu y la forma en que soberbiamente le partes la madre a casi todos los cuentos -y otras manifestaciones de la congruencia, el arte- que conozco.

Creo fielmente que nací para oír -leer en el colmo del hedonismo- todos tus cuentos Niña de Nieve.

Uno de estos días que pases por aquí déjame confesarte que de no ser porque te admiro tanto, te odiaría brutalmente, apegándome -claro está-, a las formas sinuosas de proceder que tienen las mujeres, aunque sean Lunas, como soy.

De no ser porque amas profundamente a quien amas (con quien te vi y debo contarte en algún momento la triste historia de ese desvario), te tendría celos, así los martes, cuando te llevas de calle a todos los que humildemente pretendemos aprender, tendría ataques de pánico por tu nueva creación o porque te vas acompañada de esos dos que me fascinan; me revolvería el estómago el odio, mientras hablaría confusas cosas que describieran como tu grandeza entorpece tu congruencia y te quedas en intentos.

Pero en cambio, todo es luminoso contigo. Es tenerte cerca y sentir paz.

O será que soy incapaz de envidiar... al menos de envidiarte a ti.

Eres tan encabronadamente congruente, tan íntegra, eres luz que aviva la pasión de cualquiera.

¿Sabes que no había conocido a nadie como tu?

Es decir, me sorprende tantísimo que brilles así. En mi vidita solo un puñadito -chiquitito- de mujeres han merecido respeto (no es misoginia, sencillamente así se ha dado).

Pero tu, tu eres tan rotunda, no sólo eres la mejor narradora que existe en éste país, sino que además, eres una idealista proactiva, una luchadora incansable, promulgas lo que dices, eres una antropologa social -perdón por la redundancia aceptada- nata, una cuentista de sangre, un humilde ser humano, gigante, valiente, convencido en creencias y soluciones... además eres mamá, indigenista, cultísima, sensible a un extremo que duele tu encanto, promovedora de los derechos en todos sus niveles y expresiones.

No sé, verte me hace sentir inútil, poca cosa.

¿Cómo se puede ser tanto a tu edad -que es casi mi edad-?

¿Cómo puede una mujer hacer todo lo que haces "en nuevo horario de 8 a 3", soportar a jefes pendejos y aun así no permitir que se te mine la izquierda -la de deveras- la que busca para cada quien lo que necesite por aquello que pueda dar?

Niña de Nieve, yo no sé dónde estuviste todo este tiempo, pero acudo cada día que puedo a verte, con el afán de contagiarme de tu vida, ya que la mía puede hacer tan poco por todo aquello en lo que cree... gracias por regalarme así, sin pedirlo -sin saberlo tu-, alguien nuevo en quien creer.

Por favor, nunca se te olvide que por ti, este país es un lugar mejor, mucho mejor para vivir.

Gracias... ah, y felices 28.


Luna Fan

PD. Tócala, tu que la tienes cerca, tócala por favor, le dijiste al publicista cuando les leí aquello de esa vez en que me perdí hallando soluciones... ¿te acuerdas? Hubo algo en esa desesperación tuya por cuidarme que no es común, me he acostumbrado a proteger. Lo demás, me asusta. Pero gracias siempre por dejarme aprender todo eso también.

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