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sábado, 20 de junio de 2009

El amor en los tiempos del periodismo II

Sube tus cobijas, abre la ventana y cierra la puerta... a menos de que te de miedo, entonces, déjala abierta.
-Mamá de Luna antes de un ataque de risa, al recordar que ya no tiene 5 años,
y que ahora el miedo, no se quita con dejar la puerta abierta
-


Con tu anillo de compromiso aquí, me pregunto si no nos estaremos equivocado.

Hoy terminé por fin de ver El amor en los tiempos del Cólera.

Fue más necesidad de ver explicar a Bardem eso que dejamos inconcluso, que la película en sí.

Sabes, escribo sin lentes -nadie como tu sabe lo que me cuesta adivinar las letras del teclado sin ellos- pero me urge contarme esta historia, ver qué tan ciega -no literal- puedo estar.

La película, los recuerdos que me trae, aquel agarrón que hizo imposible que nos quedaramos en el cine a terminarla, tu insistencia en que "te diera el lugar que mereces", que me necesitabas más que nunca, y toda la sarta de cosas que me dices diariamente, tus celos, tus bromas intensas, maquiavélicas, perfectas, la forma en que te llaman para que "me controles", las cosas que creamos juntos, nuestra forma de hacer salir la adrenalina a la que somos adictos -tremendamente adictos-... e incluso EP que me recuerda constantemente que "terminaré contigo", que no puedo dejar de hablar de ti -y no, no puedo, quiero o me interesa-.

Tus llamadas en la carretera (en el kilómetro 53) en las que mientras nos decimos las cosas más extrañas, subimos a 260 km/hr y llegamos a Egolandia en 20 minutos a meternos a ver películas con cerveza:
MA - ¿Qué necesidad de correr a 200 en esas curvas?
LL - ¿Cómo sabes que soy yo?
MA - No hay mujer que se atreva. Si veo un auto a esa velocidad, de tu empresa, automáticamente sé que eres tu, intento alcanzarte y me cuesta trabajo, no me dejas más camino que marcarte para distraerte.
LL - No sabes perder.
MA - No. Te alcanzo, casi nos matas y terminas rebasándome.
LL - No compitas conmigo.
MA - ¿Competir? Extrañarte es lo único que me dejas.
LL - Yo a ti. Antes esta carretera era nuestra... completita.
MA - ¿Qué hago sino extrañarte y pensar que quiero una como tu para mi? No, no me digas nada, ¿ya qué? De todos modos te amaré siempre, jamás me iré a ningún lado sin ti, aunque un día tenga que compartirte con algún cabrón.
LL - Eso no pasará. Ya sabes que yo odio compartir...me.

Es que te amo. Si, pero no como he amado a otros, sino como te amo a ti. Y no, no te veo como mi pareja, aunque ambos sabemos que lo has sido mas que nadie, mejor amigo.

En tu auto, cuando vamos juntos -demasiado para el gusto de cualquiera- de vez en vez que me miras de reojo y sonries, extiendes la mano, agarras mi mejilla y dices: qué diferente sería mi vida contigo si no fueras tan cobarde.

Volteo a mi ventanilla cierro los ojos intentando borrarme los quizá y cambiar el tema; luego vengo aquí, a escribir cosas como: tengo tu anillo de compromiso, el cual mañana habremos de entregar... yo mientras tanto, como otras veces, olvidaré algún hubiera si es que se me cruzara por la mente si no fuera tan cobarde para concentrarme en que seré lo más parecido al mejor padrino que pudieras tener, cuando pidamos su mano.


Luna cerrando círculos

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