Este Blog se ve completo en Opera, Chrome, Safari y FireFox.

miércoles, 22 de julio de 2009

No voy a vivir contigo

Estoy en la presa, corriendo motos. Me acabas de enterar.

Fue una llamada corta, fría. Tuve que bajarme, respirar... entender el tono sombrío cuando dijiste: ya se fue.

Supongo que la sorpresa te asaltó, por eso dijiste lo que dijiste: Te quiero conmigo. Hoy, esta noche, arma una maleta y quédate desde hoy conmigo. No puedo estar solo, o mejor dicho, sin ti. Prometo no tocarte si no quieres, pero comprendeme, te necesito. Eres la única que me ha podido controlar.

Te dije: cuenta conmigo -sin saber exactamente qué decía-.

Ahora solo pienso en lo extraño que es suponer que orillaste a la mamá de tus hijos a irse, para hacer alguna cosa idiota como estar con alguna mujer nueva cada noche porque no puedes dejar de castigar a la que fue tu esposa con eyaculaciones frecuentes con cualquiera que pase por tu rango de visión.

¿Se llevó a los niños? fue lo único concreto que atiné a preguntar. Si, dijiste dolorido, casi débil. No podía dejarlos conmigo. No soy opción. Fue lo último que oí antes de mi te llamo en un rato, cuando, sin escuchar tu conclusión de la llamada, colgué, al tiempo que otro ponia sus manos en mis muslos, y mis nervios estúpidos, metieran el celular en la bolsa del pantalón para intentar subir en el caballo que tenia por moto frente a mi.

Entonces pensé que todos los finales, todos, incluso los más anunciados, son espantosos, y no pude evitar recordar en instantes, cómo siempre creí que tu rollos respecto a que no eras feliz y que te ibas a separar resultaron ser ciertos y no nada más artimañitas baratas para meterme en tu cama.

¿Quién lo iba a pensar señor empresario, que usted, por alguien como yo, le daría en la madre a todo lo que amó?


Luna Soltera

No hay comentarios.: