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lunes, 31 de agosto de 2009

Epifanía

Cuando estaba en el fondo (del que no creo haber salido), tuve una epifanía: Estaba en mi cama demolida, sin un sólo hueso con la fuerza suficiente para levantarme de ella. Ni uno.

Entonces, como diría Filio, una vez que te perdí, di conmigo. Y no habiendo nada, nadie más a quien abrazar, me abracé a mí... cuando una forma muy cercana a la que tengo de Dios, estuvo conmigo toda esa noche, pegado a mi, en un abrazo que no sofocaba, que ahogaba mi llanto lastimero, desgarrado... se quedó ahí la noche más larga, esa en la que pensé quedarme en cualquier siempre que pudiera suponer.

Fue loco, porque quien me conoce (diría el Diablo) sabe que soy lo más cercana a una mugrosa rebelde antireligiosa, pero esa noche, ahí, en esa cama, con mis restos que apenas respiraban, Él se acercó a proteger lo que quedaba de mí; mucho me temo que a eso se debe que aún esté aquí.

Era un dolor tan fuerte que pensé que me mataría (de hecho puedo jurar que por instantes lo hizo).

A veces pienso que un día caeré fulminada si me llega el recuerdo rotundo cualquiera de estas tardes, aunque cada día, lo pienso menos.


Luna superando un corazón muerto pero que aún late.

1 comentario:

Angus dijo...

Un auténtico placer leer algo tan bueno.