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viernes, 28 de agosto de 2009

A positivo (o cuando fuimos nuestros)

Tus intensos ojos miel, el silencio nuestro en medio de todas esas personas, sin sonido alguno tu boquita perfecta delineando un , al tiempo que tu índice se posaba justo en medio de mis senos; el mismo índice que luego llevaste al centro de tu pecho para concluir moviendo los labios: eres para mí.

El resto del fin de semana fue una aproximación tan dolorosamente exacta del Cielo. En tres días, hiciste que todas y cada una de las cosas que nunca tuvieron sentido fueran cayendo poco a poco en el tetris de nuestra relación y me descifraran ese misterioso universo del nosotros.

A veces, y te dará risa, me sorprendo tapándome los oídos para que no se me vaya el recuerdo de tu llanto en mi piel la primera noche que fuimos nuestros.

Cuando todo tu volvías a reconstruirte (una y otra vez) en piezas de colores para mis manitas que a penas alcanzaban tus formas rectas y duras que se adelantaban a mi lengua, dictándole quirúrgicamente el camino de tus gemidos.

Luego la despedida, mi emborracharme con otro (que ahora será mi nuevo jefe), sus ganas de borrarte de mi piel... mis días sin ti y con ellos una credencial olvidada que quedó abandonada a su suerte entre repisas, como quedó tu corazón atrapado entre mis sábanas.

En ella tu foto, tu nombre y en la parte de atrás indicaciones claras y rotundas de las decisiones que tomaste mucho antes de mí:

En caso de emergencia avisar a: Una mujer que no soy yo.
Teléfono: En una ciudad norteña que no es la mía.
Sangre: No pude evitar recordar la mía en ti, soy A+ (¿sabías eso eso?) pero por lo pronto me enteré que tu eres O+.
Alergias: No se si el espacio daba para poner: alérgico a las uñas largas en la espalda que se entierran por mi presión sobre el cuerpo de alguien más. Lo cierto es que decía: a nada. Yo insisto en que quizá debía decir: a las uñas de Luna, al menos.

Parada en la habitación vacía de ti, de tus cosas, sin guitarra alguna que le diera identidad, sólo con la ropa de cama que compramos juntos y a penas un ligero palpitar de tu loción, fue que recordé ese pequeño detalle: le perteneces a una historia muy larga que no me involucra mas que en dos momentos: hace ocho años, la primera vez que te entrevisté, y hace 5 meses que me tropecé en tu habitación y de la cual ya no me dejas salir.

No hice mucho más que enfatizarme eso ¿sabes?

Gracias por todas las promesas que no has hecho, pero aunque quieras endosarme tu futuro, sabes que a mi lado jamás sería bueno. Sé que debo dejarte ir. Lo sé, como sé que Dios existe, aunque también sé, no habrá nadie más exacto para mi locura que tu.

Lamento tanto haber llegado tan tarde a ti.

Me has dado recuerdos suficientes para el resto de mi vida. Después de ti, no necesito vivir nada, a nadie más.

Ella en cambio, sin ti, no podrá ser feliz.

Ahora tengo algo nuevo para entretenerme, mejor que nadie sabes de las misiones imposibles que ahora descansan sobre mis hombros para transformar la dinámica económica de mi ciudad y que antes de las próximas elecciones he de hacer realidad.

Con todo lo mamón que suena, esta Luneta lo hará, solita, mientras tu, en tu profundidad, recuerdas lo que es compartir una tarde de sofa conmigo, y si puedes, sobrevivirme al resto de tu historia, al lado de alguien más.


Luna Vacía

3 comentarios:

Sarah dijo...

Con todo respeto debo decir: buen brazo tiene el muchacho para despertarlo metiendose debajito de el. Por lo menos nadie puede dudar de tu buen gusto. Se pica uno en tu blog Luna, muy bueno. Me felicito por encontrarmelo esta noche de lecturas.
S.

Amélie dijo...

cuánto dolor. A veces pienso que no hay nada más triste que esto que vives y es entonces cuando pienso que esta no es una frase, sino una ley: "todos llevamos sobre nuestra espalda el peso de un amor que nunca fue"

quimeras dijo...

mmmm cuando necesites una transfusión de sangre... contenta te la daré... no sé por allá... pero por acá los A+ como que no abundan...