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sábado, 5 de septiembre de 2009

Egolandia XI

Yo lo conocí en un viaje relámpago a su estado.

Traía unas botellas de champagne y una de tequila reposado (él me enseñó justamente a tomar tequila -cosa que ya sabía bien pero él mejoró-) manejaba su camioneta sin chofer aunque traíamos una de guaruras detrás.

"Quiero que conozcan mi ciudad como se debe", dijo.

Así fue. Sin gala de poder, ni de carisma, sólo con su sentido del humor, su encanto natural y su encabronadamente deliciosa forma de tratar, me parecía que su puesto era algo natural. Que la gente lo quisiera en cada esquina, en cada lugar donde lo reconocían, me hacía reír y decir alguna barbaridad que al parecer a él también le caía en gracia.

Luego nos jugamos muchas cosas. Él ganó todas. Es un hombre de un gran calibre político.

Pero ayer, oírlo llorar se me dificultó tanto.

Verás, no es el poder. Ni que sea ex, o el vice ahora, ni la lana, ni que salga en todos los medios... no, es que perdió a un hermano elegido, a su mejor amigo y ante eso poco hay que decir cuando todo su cuerpo se dobla en un sillón y se echa a llorar como un niño.

Yo no me atreví a llamarle, sólo estuve en el altavoz cuando TC le marcó: Hola Góber, ¿cómo estas?... Me imagino. Sí, aquí está conmigo. Hola, estoy contigo, ¿qué se ofrece? Comprendo. Si, ambas te oímos. Estas bajo el shock aún, llora, llora todo lo que puedas ahora, porque al rato tendrás que estar entero para pensar con claridad. Ajá, ¿se confirmó todo, la violación? Pero... al menos los niños no sufrieron. Sí, lo sabemos, sabemos cuánto lo querías. En el primer vuelo estoy contigo. No, Góber, yo no puedo estar físicamente, pero TC va por ambas. Sabe que te respetamos enormemente y te acompañamos en el dolor.

Y ya. Imagino que se dio permiso de quebrarse ante las más lejanas amigas (al menos geográficamente) que ha de tener en este país.

Le dimos tiempo a los medios de que distorsionaran las cosas, que no hablaran de la realidad sobre los cuatro cuerpos, pero él nos lo contó con detalles.

Eso fue tempranito, al medio día estaba yo, vestida de negro, como siempre, en una casa de esas en las que últimamente se aglutinan las lágrimas porque se les juntan los muertos.

Hace tres días, sólo tres días, había hablado con ella cuando me dijo que no comprendía bien porque una mujer de su edad tenía a una amiga de la mía.

Deberías ser amiga de mis hijas, la diferencia de edad entre ustedes es menor. Pero m'ija, tardes como ésta, me hacen extrañar más a mi Papá. Que se me haya ido no me tiene nada bien. Lo sé, pero afortunadamente tienes a tus tres hijotas. Bendito sea Dios, y con ellas tengo todo. Eso dijimos...

Por eso hoy que me tuve que parar frente a ella, o su versión narcotizada, sólo abrazos, silencios, llanto. Nada más qué decir.

El nudo en la garganta no es el problema. La respuesta que no existe es el problema.

Cuando matan a tu hija por andar con un pendejo, es cuando ya no hay respuestas.

Yo la recuerdo cuando tenía como ocho años, y era ya una preciosidad. Sus hermanas, exageradamente bonitas, también me gustaban para novias de narcos.

Mi mayor miedo era que las embarazaran y ahora muerta no hay pesadilla mas grande que se me haga realidad, fue lo único que la oí decir.

Tener 15 años y recibir 50 disparos de ese calibre. ¿Eso se gana quien se deja seducir por un pendejo?

Ve tu a saber.

Lo que yo no sé si sepas es que el calor que produce una bala de un calibre muy grande en la carne humana, tiene un efecto de calor, que cuece un poco la parte que toca, la que atraviesa por la velocidad.

De ahí el olor que deja una balacera o una masacre. Ese olor que penetra las fibras más finas o más difíciles del olfato y no se borra: la mezcla de pólvora, carne cocida y sangre que revuelve el estómago.

Luego de todo eso en una mañana y medio día de sábado, llegué a sentarme con ustedes para ver cómo revivimos las ganas de escribir.

Las ganas de que las cosas que se viven no se diluyan con las horas, con la saturación de emociones; es decir, lograr controlarlas, argumentar, recurrir a las formas o métodos para sentar en letras ejercicios, trabajo, asuntos propios del español que se plasma para posteridades que a algunos les parecen razonables.

Entre barbaridades y altisonancias que las hacían reír, ¿sabes qué pensaba sentada en esa mesa?

Pensaba que no había cosa más buena que poder llegar a sentarme a compartir la mesa de ese céntrico café. Donde no tenía que mediar la saña; es decir, quedarme con ustedes y no evaluar en el sañómetro (el medidor personal de saña que poseo) qué es más culero: mi hija desfigurada por la fuerza con que atravesaron su cuerpo 60, 70 u 80 balas de las cuales solo 20 le dan al novio; o la saña que se necesita para matar, violar y asfixian a mi mejor amigo y a su familia.

No hay cosa más buena que no tener que sentir, soportar el miedo anudado ante la indefensión, mientras tengo que esperar la hora en que se entrega el cuerpo del C4, o elegir una funeraria o preocuparme por la dificultad para asimilar que el amigo de toda mi vida, con el que soñé el poder que hoy ejerzo, ya no está.

No hay cosa más buena que no tener que pensar que iban por mi hija y fue por eso que a ella la perforaron toda... no soy yo la que tiene que hacerse a la idea de que no era ella el blanco. No tengo que mentirme.

Horas más tarde, me dejó tranquila el que mis piernas se muevan y me conduzcan por todo el centro de Egolandia que tengo abandonada a pesar de vivir en ella.

Después de despedirnos, cuando me quede sola caminando, llegué a la conclusión de que respirar, no esta tan mal después de todo.

Mientras pensaba en eso, me fui caminando para ver si el llanto de un amigo y de una madre que traía adherido en la punta de acero de mis botas, se quedaba en el asfalto o en las aceras; en ese intento, esas mismas puntas de acero patearon todas las piedras que hallaron en el camino de 79 cuadras que recorrí hasta mi depa desde la puerta de tu casa.

Al rato juega la selección, me dije, y entré a casa.


Luna Viva

1 comentario:

Martha E. dijo...

Guau que blog!
Quede atrapada inmediatamente en la lectura
felicitaciones