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domingo, 18 de octubre de 2009

Justicia Divina

Yo sé que es una idiotez creer que 12 categorías clasifiquen
a 6 mil 500 milones de personas...

pero pasa, me cae que pasa.


¿Qué posibilidades reales -me refiero a tan viablemente objetivas- había, de que Dios me diera todo lo que perdí de un solo trancazo, con una sola persona?

Eso digo yo: una en un millón.

Pero pasó. Aquí, en la misma ciudad, de nuestra edad, hablando el mismo idioma (puras pendejadas), con tus gestos, con tu mirada diabólica, con esa comprensión absoluta que tanta falta me hacía.

Te volví a encontrar, idéntica hasta el miedo. Tan parecidas que asusta.

Sólo que ella esta sana.

Eso, como quiera que lo veas es una chingadera... para ti, para mi es la gloria.

Es que yo aún te quiero igual. Aún tengo el cassette este de que eres mi hermanita ¿sabes? Aún creo que necesito salvarte de los monstruos que hay debajo de tu cama.

Pero pasa que no, ya no puedo, no debo. Entonces, llega ella y todo recupera sentido.

Ambas (o mejor dicho las tres) sabemos que yo para hacer amigas soy una basofia.

Mira lo que te hice a ti...

Pero a ella no, ella es perfecta. Es absolutamente consciente de mi capacidad para hacerle daño a la gente; aún así, sin entender porqué, viene a hacerme tanto bien.

A veces, me le quedo viendo fijamente, y te traigo al presente; usa los mismos modos de explicarme el mundo, la manera en que pasa todo con ella, es como cuando pasaba contigo -este cabrón déjà vu imparable- de vivirte, de desearte bien donde quiera que estes, se me calma un mucho cuando ella completamente invulnerable a mí, gana todas las batallas que perdimos tu y yo.

Yo necesitaré un día hablarlo todo, decirlo todo y quizá con eso aceptar que te enamoraste (lo que sea que eso signifique en las condiciones en que pasó) de la única persona en el mundo que no debías hacerlo (aunque jamás pueda comprenderlo -no me da éste cerebrito hueco pa' tanto-) pero yo tengo aquí (Luna señala su corazón) también una hermana perdida que ojalá pudiera recuperar algún día.

Una que no mienta aunque no le quede de otra, porque curada, sabe que eso no existe, que todo es una confusión por tanto dolor... nada más.

Tu me enseñaste a decir te amo, y me duele tanto que lo hayas acomodado mal... que lo hayas acomodado en mí.

Pero Dios me ama, es la única razón para regresarte a mi camino, de formas infinitamente menos obsesivas, pero tan justas como antes.

Ahora tienes otro nombre, otras facciones, ahora tu piel es de mi color, tu vocación es como la mía, tu voz es mucho más hermosa... también cantas, bailas, eres artista de nuevo pues... y ríes con más belleza y bondad que nunca, pero eres tu, entera, hermanita; haciéndome todo el bien que no podías, aunque querías.

Cómo me hubiera gustado que tu vida fuera diferente, haberte conocido así, para hoy estar juntas y no sentir que me falta la mitad que te llevaste.

Cada día que estoy con ella, cuando el mismo idioma llena las horas
y no necesito fingir absolutamente nada, sólo pienso: esta vez no lo eches a perder.
Y en secreto, me respondo: no, ésta vez no lo voy a echar a perder.



Luna Sanando

1 comentario:

Anónimo dijo...

pinchis extesiones
jaajajjaja

:P