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sábado, 7 de noviembre de 2009

Ser tuya...

"Maldita seas, ¿por qué tenías que tomar esa pinche pastilla?"
- Tuzo, en su última hora en mi cama.


Sabemos que este es uno de los posts más difíciles que he de escribir (si Dios me ayuda en el resto de mi vida), por eso será (más que cualquier otro) torpe, directo, dolorosamente real.

Ser tuya ha sido lo más intenso que me ha ocurrido -y sabes que decir eso, es sinceramente mucho-, porque creo que conocer tu forma de amar ha dado el estandar más alto que ha de conocer una mujer en cualquier parte del planeta.

Romeo (y cuanto personaje épico enamorado ha existido) fue insipirado en alguien como tú.

Pero ¿qué se hace cuando sé que debo -necesito enfatizar debo- dejarte ir; que soy lo peor que te puede pasar; que definitivamente no debes endosarme el resto de tu vida por más atractivo que te parezca ahora?

Donde estas no ha estado nadie, porque tuviste la virtud inusitada de no quedarte con las ganas de nada, de no respetarme, de no cuidarme, de saciarte de mi hasta que no dejaste nada para nadie.

Me has tenido como nunca nadie... eso es todo cuanto puedo darte.

Serás feliz con otra, habrá alguna más que ha de gritar -como yo lo hice- con tu tremendo (y caliente) cuerpo dentro de ella, también habrá alguna mujer que agradezca infinitamente que hoy te diga adiós.

Es tan frustrante esto de usar palabras para explicarme.

Me hace temblar el miedo de dejarte ir sabiendo que no habrá posibilidad de llenar mi vida con alguien que supere, tan solo iguale, tu amor por mí.

Eres sencillamente delicioso en todas y cada una de las maneras posibles.

Si te hubiera soñado, no te hubiera creado así.

Tan increible como el ser todo lo que juré que no quería, ya ves que eso de los hombres guapos pensé que no era para mí, pero vos sos exacto, con una sonrisa que desarma, ojos miel -casi verdes- llenos de dulzura... mejor me ahorro recordar tus formas encabronadamente viriles (Dios, jamás podré borrar esos exageradamente torneados muslos -piernas, pecho, espalda, brazos- tuyos de mis ganas).

Fuiste el inofensivo justo para meterte en mi vida, así contrastar la violencia con la que sabes amar.

Jugué tantas veces a esto, que el día que lo hiciste realidad, sólo atiné a llorar junto contigo ¿te acuerdas?

No sabía -nunca supe- de lo que hablaba, hasta que te dedicaste a convertir en experiencia lo que yo construí una y otra vez en sueños.

Mi pánico por tocar la realidad, en tu boca y esas manos que tienes (con tu voz de trueno o esa madurez nueva para mí en un hombre de 34, sensibilidad de poeta, inteligencia superlativa), se fue deshojando hasta desaparecer, y con él se fue la niña que habitaba mi cuerpo.

Te la llevaste, y espero con ella, se haya ido el pasado, mi incapacidad para adaptarme a las mañanas, la indecisión o el trauma gigante por volver a amar.

En el peor de los casos, ojalá se vaya al menos mi incansable terquedad por herir a quien sí sabe querer como no pensé merecer que me quisieran.

Gracias por haber sido tan mío.


Luna Tuya

1 comentario:

MSN-MX dijo...

Hola! solo ando saludando y diciendo que aun no te pierdo del todo la pista, me gusta tu nueva decoracion , felicidades y gracias por seguir compartiendo tus pensamientos recibe un fuerte abrazo y cuidate mucho ;)
Néxtor, MSN-MX.