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viernes, 11 de diciembre de 2009

Boni:

Estábamos chiquititas (¿Qué tendríamos, Doc? ¿Cuatro y cinco?), cuando creo empezar a tener conciencia de eso, luego lo repetimos muchas veces por año, hasta cumplir los… pues estos años que tenemos ahora.

Primero era nuestro domingo (esa lana que te dan tus papás para gastártelo a tus anchas –ahora es hasta el sueldo-), siempre eran monedas que apenas cabían en nuestras manitas –juntas-, luego billetes. Íbamos con eso al súper para llenar un carrito con juguetes, luego, en mis cálculos, ya no me quedaba dinero para más juguetes (tuvo sus ventajas aprender a sumar a los cinco), tú en cambio llevabas como unos tres, por lo que siempre te sobraba dinero -casi todo-, y para mí se convirtió en normal que dijeras siempre lo mismo: toma, gástate el mío en lo que tú quieras.

Así, sin condiciones.

Lo mismo con la lana de los jueves de “la reunión” de nuestros papás (que ya de grandes supimos que eran parte de esos grupos discretos que dominan una parte del conocimiento del mundo), cuando íbamos a la tiendita, fiel receptora de mi dinero íntegro, mientras a ti te sobraba todo y hacías lo mismo: toma, cómprate lo que quieras. Yo, obedientemente, satisfacía mis instintos infantiles hasta ser feliz, sin interesarme qué pasara contigo por siempre comprar tan poquito y nunca pedirme nada de lo mío.

Sin decir: me prestas tus juguetes, o me los das después, ni alguna forma extraña en la que yo entendiera que me dabas algo que luego tenía que devolver; todo era solo dármelo y entender que lo tuyo era mío y ya.

A lo largo de mi vida, me ha pasado muchas veces, de formas similares, muy sanas unas y muy enfermas otras…

Pero nunca así, exactamente así, como cuando la Doc y yo, íbamos al súper y Mamá nos dejaba hacer lo que quisiéramos, mientras veía que una le daba todo su dinero a la otra, estudiar nuestro comportamiento y respetarlo –de forma muy extraña si me pregunto ahorita-.

¿Qué condenada probabilidad había de que luego de TA y de la Doc, alguien más me hiciera sentir esa absoluta irresponsabilidad de desmadrar hasta las finanzas que son las cosas que al resto del mundo siempre las pelean?

Mira que así es, vuelvo a vivir esa sensación absoluta de complementariedad (abuso le dirían otros), pero la onda es que no comprendo, cómo hallé a alguien con ese mismo espíritu de darlo todo a cambio de nada.

Lo de hoy es el canje, el intercambio, el “dame para darte”, pero tu sólo estas aquí y me haces todo mejor, sencillamente porque a ti como a la Doc, todo les sobra mientras a mí siempre me está haciendo falta.

Entonces llegas -sin importante un carajo-, para decir siempre: toma.

Y aplica en todo: tiempo, dinero, vatos (lo cual incluye desde hermanos hasta fans, exmorros, compañeros de jale, etc), cariño, confianza, medicinas, preocupación, atención… pero sobre todo fe.

Esa que pierdo sistemáticamente por fallarle a todo el mundo.

Debo confesar lo que ya sabes: tarde o temprano voy a decepcionarte. Será monumental. Confío plenamente que sabiendo cosas de mi vida que aún no puedo ni escribirlas, estés preparada para eso.

Por lo pronto me tiene asombrada el amor que Dios me tiene al hacer que coincidiéramos.

Ambas sabemos que es curioso –por no decir infernal- que dos entes como nosotras nos halláramos.

Me es tan fácil comunicarme contigo; por fin una persona con la que nada se juzga, ni se mal entiende, alguien tan sano que puede saber que estoy enferma, que hago que dependan patológicamente de mí, aceptarlo, aceptarme tan naturalmente (mis excesos, mi autodestrucción, ese respeto brutal por todo lo mío) y sabemos –¿lo sabemos, verdad?-, nunca será demasiado lo cercanas que seamos, el mundo se convierte en una enorme pelota con la que nos ponemos a jugar en el mismo idioma.

Sin que por decir las netas, pensemos en los términos con los que otros (esos que se asustan y se fascinan con nuestra forma y fondo de comprendernos) nos explican.

Aquí soberbia o irracionalidad, nos son conceptos tan inútiles.

En este mundo comprendemos más allá que nadie lo que queremos decir con solo mirarnos.

Para mí no es nuevo, ¿sabes? Y me queda claro que para ti tampoco… pero haré cuanto pueda por no echarlo a perder esta vez.

No lo soportaría, y confió plenamente en que tu podrás soportar lo fuerte que trituro todo lo que vibra en mi misma frecuencia, sin torturarte, ni confundir jamás el origen primario que nos tiene aquí: ser de una especie en extinción.

¿Qué te puede hacer falta si sabes que el mundo naturalmente -sencillamente- te venera? Será esa una de las tantas razones por las que puedes/sabes darte así. Empática y rotunda, como la amistad más chingona debe ser.

Mis respetos absolutos a tu manera de querer.

Feliz cumpleaños Panda… debo confesar que el que existas me ha hecho tanto bien. No sé como voy a pagar todo esto que haces por mí desde el primer día que me conociste… porque sé que no hay manera de regresar en la misma medida el cariño de tan alta pureza y calidad como el que tu tienes para todos… y eso, afortunadamente para mí, me incluye.

Ser circunstancialmente parte de tu vida, ha sido lo mejor que le pudo pasar a la mía.


Luna Abusiva, sanando.

Pd. Gracias por todo lo que me das, no puedo creer que exista alguien que nunca acaba de sorprenderme, y encima, que sea mujer –cuando sabes mejor que nadie, lo misógina que soy-.
PD1. Ya sabes que para mí "batos" con b, me suena al femenino de batas... y no, lo mío -bien lo sabes- es lo masculino.

3 comentarios:

pollicino dijo...

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Shelle Bataclana dijo...

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Bebamos! :D

Luna Líquida dijo...

Congrats a ti tmb cumpleañera.

LL