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lunes, 29 de junio de 2009

León Cupra 2009

Voy a intentar decirte hasta donde fue bueno lo que pasó entre nosotros.

Tu, mi casa, tu historia, esa separación inminente que hemos venido discutiendo, mi cansancio, la excusa de tus manos, las apuestas sobre masajes, tu exacto ritmo para suavemente introducirme en tu dinámica, tu respiración controlada, la temperatura de tu piel en aumento; luego la vorágine de gemidos, el trasladar del teléfono a mi habitación de huéspedes tu voz diciendo lo rico que es todo lo que nos incluye, aderezándose con tu paciencia que casi me hace caer cuando explorándome tremendamente conocedor de lo que hacías me confesabas en medio de tu excitación -sabiendo que lo necesitaba a pesar de lo que se pueda creer-: voy a cuidarte, no va a pasarte nada malo.

Luego nuestros orgasmos múltiples y seguidos.

Digo que hasta ahí, aunque no tenía la más puta idea de cómo manejarlo, no había necesidad de estresarse, podemos resumir que todo iba bien.

Me encargaría de volverme aire -sabes que eso se me da-, de trabajar hasta el hartazgo y desaparecerme de tu rango de visión.

Supongo que es una ventaja de los chavos ricos que se acaban de separar, entre sus negocios, viajes y glamour: poco tiempo para preocuparse por lo que pasa (o hacen) las reporteras hiperactivas.

Aunque luego me sorprendiera que no, que me vigilas, que me llamas para "aconsejarme" con quienes tengo y no, química periodística óptima, y como en tu "recomendación" no debería salirme del patrón de la seriedad que hay que guardar cuando uno hace lo que yo hago... mientras en secreto algo me fascina de tus celos casi desbordados por la necesidad de control que sabes que conmigo no funcionaría ni en un millón de años, pero el intento es sutilmente delicioso.

El asunto es que cuando recuerdas detallitos como ese que te dije -hace tantos meses que cualquiera lo hubiera olvidado- en la Condesa, mientras comíamos crepas -cuando pretendías/lograste alcoholizarme- respecto a los León Cupra, el color cereza y tu reciente obsesión en pasar de las caricias a algo que no sucederá, ya no se si se pone tan simpático lo que ocurrió entre nosotros.

Es que cuando me abordas en el estacionamiento de mi empresa, llegas en tu aparatosísimo auto, interceptas mi salida para darme de regalo una mueca que semeja sonrisa acompañando unas inofensivas llaves con una S... ahí, salvo tu mejor opinión, es cuando, creo, las cosas dejan de ponerse divertidas.


Luna dándose el lujo (pendejo) de rechazar un auto. Lo que hay que ver.

PD. Panda: No mames, esto está completamente bloggeable.
Luneta: Lo sé.
Panda: Debiste aceptarlas.
Luneta: Niega que de no ser porque vives esto conmigo, te sería dificil creerlo. Incluso, me atrevo a decir, que mi frasecita de: "me pasan cosas que no le suceden a nadie", cada vez te parece más cercana a la realidad.
Panda: Neta. Pero no te puedes quejar, no es un vocho azul, pero has vivido tu versión particular de una carta a Francia.
Luneta: Siempre he dicho que una chica que se respete debe vivir su versión de esa rola, y mira que sin querer me pasó. Ya puedo morir en paz.

domingo, 21 de junio de 2009

Me quedaría con ese


L - Cuéntame un secreto
D - Valieron la pena las dos horas de tráfico para
verte esos minutos antes de que subieras al avión.


Si se tratara de elegir un domingo, me quedo con aquel, donde tu ciudad casi vacía nos dejaba disfrutarla para irnos a correr motos.

Me quedo con la paz que siento cuando tu conduces; con lo bonito que se siente estar contigo. Sí, definitivamente me quedo con eso. Incluso con los moretones y el dolor que a penas me dajaba moverme al día (la semana) siguiente.

Voto para indeleble por el recuerdo de que crecí contigo y de que en gran parte soy lo que soy por lo que tu fuiste en mi vida.

De pronto me sorprendo recordándote, sabiendo que siempre seré -aunque no se si sea lo que quiero, al menos es lo que es-, una parte de tu vida, producto de la forma en que ves la vida, en que me ves a mi.

Incluso debo confesarte lo dificil que se me hizo despedirme las últimas veces -aunque también sé, me queda muy claro, que no necesitas saber esto-.

Vaya que eso de verte, luego empacar, el camino al aeropuerto, volar, una y otra vez, dejarte en esa ciudad tan llena de gente que no te ve -a la que tu no quieres ver-, el madito tráfico que nos hacía perder horas para poder estar juntos cuando nos dejaban nuestros trabajos, tu timidez... y las frases tan exquisitas que elegias para hacerme saber querida; sinceramente, se me hizo cada vez más difícil dejarte.

Incluso ahora, cuando los puentes se extienden lo suficiente para regalarme un pedazo del cielo por varios segundos, te quisiera aquí, como el copiloto que nadie más puede ser, y probablemente como la persona que más me ha querido en el mundo -en uno donde me han querido demasiado-... y sin duda, el ser humano al que más daño le he hecho y no me alcanzan los días para arrepentirme lo suficiente.

Sin embargo, de todos mis domingos, te juro, que me quedo con ese, ahí... contigo.


Luna usando el 'demasiado' como odias que lo use e implorando un perdón que no sabe si pueda llegar.
PD. Descarga el mp3 de Jason Mraz y Ximena Sariñana en box (barrita lateral)

sábado, 20 de junio de 2009

El amor en los tiempos del periodismo II

Sube tus cobijas, abre la ventana y cierra la puerta... a menos de que te de miedo, entonces, déjala abierta.
-Mamá de Luna antes de un ataque de risa, al recordar que ya no tiene 5 años,
y que ahora el miedo, no se quita con dejar la puerta abierta
-


Con tu anillo de compromiso aquí, me pregunto si no nos estaremos equivocado.

Hoy terminé por fin de ver El amor en los tiempos del Cólera.

Fue más necesidad de ver explicar a Bardem eso que dejamos inconcluso, que la película en sí.

Sabes, escribo sin lentes -nadie como tu sabe lo que me cuesta adivinar las letras del teclado sin ellos- pero me urge contarme esta historia, ver qué tan ciega -no literal- puedo estar.

La película, los recuerdos que me trae, aquel agarrón que hizo imposible que nos quedaramos en el cine a terminarla, tu insistencia en que "te diera el lugar que mereces", que me necesitabas más que nunca, y toda la sarta de cosas que me dices diariamente, tus celos, tus bromas intensas, maquiavélicas, perfectas, la forma en que te llaman para que "me controles", las cosas que creamos juntos, nuestra forma de hacer salir la adrenalina a la que somos adictos -tremendamente adictos-... e incluso EP que me recuerda constantemente que "terminaré contigo", que no puedo dejar de hablar de ti -y no, no puedo, quiero o me interesa-.

Tus llamadas en la carretera (en el kilómetro 53) en las que mientras nos decimos las cosas más extrañas, subimos a 260 km/hr y llegamos a Egolandia en 20 minutos a meternos a ver películas con cerveza:
MA - ¿Qué necesidad de correr a 200 en esas curvas?
LL - ¿Cómo sabes que soy yo?
MA - No hay mujer que se atreva. Si veo un auto a esa velocidad, de tu empresa, automáticamente sé que eres tu, intento alcanzarte y me cuesta trabajo, no me dejas más camino que marcarte para distraerte.
LL - No sabes perder.
MA - No. Te alcanzo, casi nos matas y terminas rebasándome.
LL - No compitas conmigo.
MA - ¿Competir? Extrañarte es lo único que me dejas.
LL - Yo a ti. Antes esta carretera era nuestra... completita.
MA - ¿Qué hago sino extrañarte y pensar que quiero una como tu para mi? No, no me digas nada, ¿ya qué? De todos modos te amaré siempre, jamás me iré a ningún lado sin ti, aunque un día tenga que compartirte con algún cabrón.
LL - Eso no pasará. Ya sabes que yo odio compartir...me.

Es que te amo. Si, pero no como he amado a otros, sino como te amo a ti. Y no, no te veo como mi pareja, aunque ambos sabemos que lo has sido mas que nadie, mejor amigo.

En tu auto, cuando vamos juntos -demasiado para el gusto de cualquiera- de vez en vez que me miras de reojo y sonries, extiendes la mano, agarras mi mejilla y dices: qué diferente sería mi vida contigo si no fueras tan cobarde.

Volteo a mi ventanilla cierro los ojos intentando borrarme los quizá y cambiar el tema; luego vengo aquí, a escribir cosas como: tengo tu anillo de compromiso, el cual mañana habremos de entregar... yo mientras tanto, como otras veces, olvidaré algún hubiera si es que se me cruzara por la mente si no fuera tan cobarde para concentrarme en que seré lo más parecido al mejor padrino que pudieras tener, cuando pidamos su mano.


Luna cerrando círculos

jueves, 11 de junio de 2009

Sentido de pertenencia

Son sólo recuerdos, menos de unos cuantos los que me hacen repetir incansablemente el poder tremendo de tu cuerpo sobre el mío.

Luego lo olvido. Luego no remonto nada, más que esos gemiditos, donde me suplicabas que no fuéramos a meternos en problemas, que no te lastimara, que prometías no enamorarte pero que te dejara estar conmigo, al tiempo que tus manos herraban mi piel.

Yo con toda la alevosía que me caracteriza –que nadie imagina que poseo- sólo dije: ven.

Entonces vienen los celos, tus preguntas con dolor de estómago, tu desesperación cuando me ves sola ir o venir y entonces, pidiendo verme, también escribes: yo sé que eres libre, pero qué ganas de tenerte.

Me rio, enciendo el auto y sé que mañana volveremos a fingir: yo que me importas... tu que yo a ti no.

Qué cosas.


Luna que trabaja

PD. EP: Este va a ser el problema contigo. El sentido de pertenencia lo echaría todo a perder.
LL: ¿Problema? ¿Echar a perder? ¿De qué hablas?
EP: Me gustas mucho. Toda. No había conocido a nadie como tu. Debo reconocer que me tienes hecho un idiota desde que te vi pero qué angustia ser tu novio.
LL: Jajajaja, primero que alguien te diga que tienes un pésimo gusto y segundo: explícate.
EP: Yo no toleraría que tengas tantos amigos, que te busquen, que un día salgas con uno, que desayunes con otro, que cenes con otro más, tampoco que tu messenger este con contactos siempre hablándote y todos sean hombres. Bueno pero, ¿qué tu no conoces mujeres?
LL: Muchas, pero tengo más amigos.
EP: Perdona que me meta en tu vida, pero pobre cabrón al que se le ocurra quererte. Hablas todo el chingado día por teléfono de formas muy intensas, escribes mensajes todo el tiempo y sonries sola, te buscan puros weyes a los que abrazas y saludas con tanto cariño, que yo me volvería loco de celos si llegara a enamorarme de ti.
LL: Si, soy una pesadilla para cualquiera. Quizá eso explica que no tenga novio.
EP: Es que eres ideal, de no ser porque ya una vez que uno cae como baboso, empieza a preguntarse qué haces todo el día. Todo enamora, pero entonces empieza la tortura.
LL: ¿Tortura?
EP: Si. Empieza uno a notar qué haces, con quienes hablas, y lo que era hermoso, empieza a ser tu infierno. A mi eso es lo que me chingaria la vida contigo, mi necesidad de que me pertenezcas. Yo te querría sólo para mí, no te quiero compartir. Y tu naturaleza es completamente diferente.
LL: ...
EP: Déjame, déjame con mis conclusiones, porque sólo siendo muy pendejo, uno se emperra en tenerte. En verdad que hay que ser muy pendejo... pobre del wey que se enamore de ti... de mí, en este caso... ¿No te doy lástima?
LL: No.

miércoles, 10 de junio de 2009

Fracturarme el Corazón

Habrá que crear una nueva escala para lo que pasó anoche.
Una completa, de Do a Si.
De mi a ti... de ayer a hoy.
Sí, son sólo esas letras formando un nombre.


No se trata de quién ama más. Ya no.

Me esta tocando jugar un juego que arde, que duele.

Tanto amor me desquicia.

Si, yo sé. Lo he sabido… AS lo decía siempre: eres una maquinita de generar amor, y me lo creí.

Me divirtió; vamos que en gran medida me ha hecho la que soy –que no es mucho-.

Pero entonces pasan cosas como las de anoche y mi limitadísima alma, no alcanza a hacer más que tragarse el llanto ante tu grandeza.

Después de ti, sé que me va a quedar fracturado el corazón, dijiste, y aún así sigues aquí.

¿Qué se hace cuando alguien te da todo y no pide nada?

¿Qué hago ahora que pronuncias mi nombre y me estremece todo el Universo una simpleza como esa?

Enamorarme no es opción.

Hacer esta locura de enviar a tus brazos a alguien que me sustituya de pronto me parecía tan buena idea…

Pero luego de anoche… ya no estoy tan segura.


Luna Desquiciada.

domingo, 7 de junio de 2009

"Encontraste la manera de no enamorarte de mi"

Es noche, estoy a oscuras en esta oficina, intento asimilar lo que acaba de pasar.

Me recorre el cuerpo un infinito numero de corrientes eléctrícas. Tiemblo y lloro y quiero sacar algo de todo esto que me rebasa, pero no hallo las palabras justas, que me saquen el veneno del pecho que me deja tu boca, tus manos, tu lengua.

Pero necesito gritar: entiéndelo no puedo, no debe ser. Es increiblemente malo para los dos que empiece a sentir cosas por ti.

Bastante tiempo me quitas ya recordando tu voz baja, tus gemidos, tus sentencias: ya lo sé, ya encontraste la forma de no enamorarte de mi. Lo puedo sentir.

Me parte la madre que no puedo contarle nada a nadie, que todos nos juzgan, que todo esta mal; que la felicidad de mucha gente depende de que no la hallemos juntos.

¿Por qué no pudo ser tan inocente como iba? ¿Qué nos costaba quedarnos como amigos? ¿Qué te costaba hacer caso y no enamorarte?


Luna limpiando las lágrimas que quedaron sobre tu escritorio.