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jueves, 11 de febrero de 2010

Enseñarte a mentir


No me gusta tu profe... para ti. Esta buenísimo, traga años y todo, pero sí esta como para mí. ¿No?
- TC en uno de sus fascinantes consejos no pedidos-.

Moría de dolor de estómago por topármelo en el puto facebook.

Pensé que se había muerto, o algo igual de bueno para mí. El pedo es que no, incluso sigue con su vida... qué cosas.

Aventé el teléfono delante de todo el mundo.

El Doc, en vez de asustarse, sonrió, al tiempo que seguía impartiendo su cátedra sin inmutarse con mis berrinches por mis hallazgos en la red.

Digo, el hecho de que yo dudara si sería profe o compañero el día en que lo conocí, ya era una buena señal, aunada a su colita de caballo... que tenga dos doctorados y el posdoc, pu's, debe darle unos 10 años más a la edad que yo le hubiera dado de primera entrada.

Luego de aquella primera comida juntos, jamás pensé que sería tan directo la segunda vez que nos vimos.

¡Neta, debes creerme! ¿Por qué mentiría?

Él me dijo: oye, no te vayas, quiero invitarte a comer, ¿o eres de las que no rompen la barrera entre alumna-maestro?

Yo hice lo que cualquiera hubiera hecho en mi lugar: salgo cara, la vez pasada dejó claro que tengo gustos caros para los sábados a las 4 de la tarde.

El sonrió y dijo: me sorprendió gratamente que te regalaran una cuenta de tantos ceros, y encima que el dueño del restaurante resultara hijo de un amigo tuyo, pero... ¿De qué edad son tus amigos? Él se veía de mi edad, su papá debe ser mucho mayor.

El asunto fue que acabamos pisteando -otra vez- comiendo y conociéndonos los pormenores mutuos en medio de charlas cruzadas entre mis amigas "las mayorcitas".

- Eres demasiado fuerte. Alguien pone eso en su auto y lo balean en Juárez.
- Seguramente. Ojalá me balearan aquí.
- ¿Para eso lo escribiste?
- Creo que sí.
- Jamás sé a dónde ir contigo.
- ¿Cómo?
- Das respuestas tan poco imaginables.
- Eso me han dicho varias veces... supongo que es la forma más amable de decir que caigo en lo irracional, y quizá en la locura congénita.

Cuando por fin lo dejé en el hotel propuso varias cosas, todas me gustaron... el drama fue que el clic entre ambos, esta dado por un pasado que a veces despierta... y no quiero -ya no debo- lastimar a otro chilango sano, por más brillante y buenísimo que esté.

Debo aprender a ponerme límites.

Todo acabó en besos inocentes... en frases tremendamente bien pensadas y en su pinche filia por su "amigo" el Juaco...

- Pensé que sólo yo le decía así.
- Ya somos dos... no, la verdad es que muchos le dicen así.
- Mbú.
- Oye, finges bien no ponerte nerviosa. Imaginé que a alguien como tu se le tenía que llegar directamente. Eso se me dijo. Perdón si avancé muy rápido, pero te veo cada 15 días, tengo que dejar claras mis intenciones. Pero cada vez que me acerco tiemblas. Prometo que no busco incomodarte, todo lo contrario: conocerte.
- Pérame... ¿Se te dijo?
- Ah, es que eres famosa entre los doctores.
- Ay Dios. No creas ni madre de todo lo que te digan.
- Pus ya me lo creí.
- Chale.
- Es obvio que te hiciste de cierta popularidad, ¿o como te explicas, ser compañera y alumna nuestra?
- Me lo explico como todo lo que me pasa en la vida: un gran misterio.
- Jajajaja, me gustan tus respuestas; bueno, te veo en 15 días. Tienes una cita conmigo... pero ahora sin amigas que me califiquen, solo tu y yo. No tengas miedo. Mientes bien, pero los psicólogos hemos aprendido un poquito y quiero enseñarte a mentir.
- Va.
- Hecho.

...Pinche Joaquín, siempre te me apareces cuando menos debes... cabrón.


Luna Aprendiz

1 comentario:

incitatüs dijo...

Enséñame a mentir,
que la luna líquida se convierta en seca y a la vez en tema de un discurso de diván.
Enséñame a mentir,
para que las prisas y los nervios de tercer semestre pasen a un plano en el que queda claro quien es el que enseña.
Enséñame a mentir, para qué ésta vez, sepas a qué saben unos labios dignos de tu saliva mentirosa.

Es la primera vez que paso por acá, un placer.
Saludos de un chilango sano.