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domingo, 7 de febrero de 2010

Espejismo

Algo tan simple como ir al cine se ha convertido en una tortura desde que te fuiste.

Lamentablemente es como para volverse loco de la risa, ya que perteneces a otra historia y mi potencial para dominarte hace su aparición de formas majestuosas, estrafalarias, parafernálicas todas ellas... para con un solo sms, traerte de nuevo... pero no, tu no debes venir.

No estoy enamorada (aunque sabemos que sólo es cuestión de tiempo que eso cambie, según crees); no puedo darte lo que necesitas -aunque nunca necesites nada- porque me falta un pedazo (aún no sé de qué) y tu eres tan completo, eres un Universo en ti mismo... justo lo que siempre supe que me haría bien... antes del decante de la que fui.

Pero ahora, a lo más que alcanzo, es a pedir un café y camuflarme en él, desaparecer por largos periodos mientras el mundo aceleradamente es, camina y vibra en completo orden sin mí.

Hay días incluso en que suplico tener la fuerza de salir corriendo y pedirle a Dios que acepte un canje simple: yo por alguien que sí valga la pena.

¡Quien sea! Mira, que vuelva ese que partirá mañana por una bala o por un error, por una enfermedad absurda o por un ideal.

...pero Dios siempre tan ocupado y yo tan llena de peticiones taradas.

Al final, estas tú, esa loción, mi pijama, tu cuarto vacío... el inevitable sentido de pertenencia que no logro borrarme de la piel desde que hemos sido en la exactitud de tu amor perfecto para esta imperfecta, tu amor que me confunde, cristaliza, satura y maravilla; todo al mismo tiempo.

Qué poquita cosa soy estando contigo, aunque ya te hayas ido.

Me imagino que una señal clara de que no funciono bien cuando te vas, es que regresa el llanto nocturno, el insomnio escandaloso (ese que es tan claro que todos lo notan), y una necesidad profunda de que me olvides y seas feliz con tu otra vida.

Que no te sea oportuna la distancia para traicionar. Allá es dónde debes estar. Ese es el lado correcto del espejo.

Por lo pronto, en las salas de cine de Egolandia, tus manos, la oscuridad, y ese pinche 212 que algún despistado usa me regalan unas ganas de pronunciar tu nombre en voz alta esperando pendejamente que al girar estes ahí, en alguna parte, convertido en el escudo que me aparta de la luz del mundo, para sumergirme entre tus brazos y con eso darme sentido, rumbo... motivo... espejismos todos... espejismos.


Luna sin Mar (por cierto, me caga Mazatlán... ay disculpa)

1 comentario:

La monstrua dijo...

yo creí que esas cosas sólo me pasaban a mi... y lo más terrible es que masoquistamente uno sigue fingiendo disfrutar ir al cine sin la compañía acostumbrada y como pateticamente es de las cosas que más se padecen...