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sábado, 27 de febrero de 2010

Te convencí

Sabes mejor que nadie que antes de esta entrada hubo muchas que no abrí porque duelen -marcan... alejan-, con más violencia de la necesaria.

Pero fue hasta hoy que comprendí que lo logras, que te convencí.

Como lo necesité desde hace tiempo ya no te hallo rebosando mis días con tu atención que enamora; así es como me doy cuenta -con tu silencio- que es tan fácil que sea cualquier otra la que este contigo, ocupando algo similar a mi lugar.

Cuando yo -quizá- esté lista voy a fustigarme tremendamente por dejarte ir.

Me queda clarísimo que eres el sueño de toda princesa en un cuento de hadas. Me cae que no es posible ser tan amada y tener esta inmensa capacidad de echarlo a perder tan abierta, abusiva y despiadadamente. Pero ambos sabemos, como me lo repites imparablemente: no soy una mujer normal; por eso cuando creas que este post desesperado busca acercarte... no, no te confundas.

Se trata de dejar constancia: aunque te este doliendo tanto, no soy de hielo. Sí, casi pude quererte... pero mereces más amor que agradecimiento... mucho más.

Comienza tu lejanía y ardo en deseos de contenerla, de hacer que puedas dar marcha atrás, de retenerte... pero luego algo en mi casi inexistente nobleza me susurra un tenue ¿para qué?

Así que cierro los ojos, y me quedó esperando a que no vuelvas.


Luna de Silencio

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