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martes, 23 de febrero de 2010

Te soñé

Luego de abrazarnos como media hora al volver a vernos, de haberte deshecho de tus escoltas, de recibirme como no esperé nunca, me dijiste al oído: necesito decirte algo, vámonos.

Encendí el auto y llegamos a ese lugar en dónde no había estado contigo.

- Te soñé.
- Pesadillas por las cuales culparme -genial-, justo lo que necesito.
- Supongo que fue tanto extrañarte, sólo poder hablar, dejar de verte; el cambio que tuviste conmigo los últimos días, que hayas sido cariñosa en vez de sarcástica, insultante y violenta verbalmente, me hizo algo.
- Si, no sé que pasó. Te extrañé poquito.
- Pero es que... ven: soñé que estabas asustada.
- Yo nunca me asusto de nada.
- Me decías que tenias una semana de retraso y me desperté feliz, feliz porque te imaginé embarazada y quiero decirte..
- Bueno, eso si me asustaría pero no mamar est...
- ...no me interrumpas. Entiende que me shockeo tanto que necesito decirte que me volví loco, fue algo que me sorprendió. ¿Te puedes imaginar eso?
- No, francamente no puedo... ni quiero. Además, eso no pasará, Dios es infinitamente sabio, sabe que yo soy la peor opción para esas ondas.
- No, no, es que... yo... no quisiera ni saber ni me interesaría quien es el papá, quiero que comprendas que sería mío, nuestro.
- ¿Qué?
- Yo sé que no tiene lógica lo que te digo, pero en verdad, seriamos papás.

Te escuché con atención pero me costó tanto trabajo seguirte en una línea de razonamiento tan caótica que guardé silencio mientras continuaste con esa mezcla de inconguencias:

- Cuidate, cuidalo mucho. Yo, en un caso así, haría cosas que no podría comprender nadie, pero tendrías que avisarme a tiempo, pronto, porque me haría cargo de la casa, de ti, de él...
- Oye... ¿de qué hablas? No me asustes. ¿Te sientes bien?
- Me hizo tan tan feliz ese sueño que no sé lo que haría si fuera realidad.
- Pues no se tu, pero yo...
- ...no, no vayas a salir con la chingadera de que abortas... aunque ni para qué lo digo, nunca pensarías en eso, estoy seguro.

Entonces, yo paralizada, empeoré cuando, sabiendo que nuestra dinámica involucra implícita (y explícitamente) el no tener contacto físico, me asusté cuando me pusiste las manitas en el estómago mientras abrias mi chamarra y pudiste tocarme hasta que sentí el calor de tus manos... entonces me abrazaste diciendo: sería la mejor noticia del mundo.

No pude moverme, tu me viste largo rato, y ambos, en un silencio tan complejo, comenzamos a llorar.


Luna inexplicable

1 comentario:

M. M. Elvendel dijo...

Jujujjojojooo!!! xD

no vayas a salir con la chingadera de que abortas jaja! xD