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viernes, 19 de marzo de 2010

Eres el amor de mi vida (y éste, el post más largo del blog)


Me han dicho esa frase tantas veces que algún día voy a empezar a considerarla cierta: "eres el amor de mi vida". Pero creo que últimamente, me ganas. A veces pareciera que te aman más -muchísimo más- a ti. Ahora dime, ¿es racional pedirte perdón porque no has nacido y porque quizá nunca vas a nacer?

No –compréndeme-, no es que yo no quiera que nazcas; es más bien que yo soy quien no sirve para ti. Pero me parece justo que desde ésta pobre humanita insignificante que soy, sepas esto: no imagino a un ser más amado que tú sobre éste planeta y ni siquiera has estado cerca de existir.

Te hemos creado en la cabeza muchas veces. Debo confesar que tu papá, es perfecto. En cada pensamiento de ti su corazón se acelera y crece y de pronto le sale luz. Veras... el problema –siempre- he sido yo.

Como fue hace rato que él (vestido de la más reciente de mi víctimas mortales, también la más fuerte) dijo: toda mi vida hubiera valido la pena –así como cambiarles la vida a quienes están conmigo-, porque ese ser humano hubiera existido.

Pero tú y yo sabemos que no soy quien deba darte vida. ¿Cómo podría darte algo si no hay nada? Necesitas a alguien toda para ti... y yo no soy ni mía.

Te han amado tanto que me fue brutalmente imperativo venir a escribirte, aunque no hayas nacido. Aunque no tenga siquiera que impedir que nazcas, vaya, ni siquiera has estado al borde de ser concebido -lo sabes- y no ha sido cosa de las pastillas o látex, simplemente no has estado ahí.

Hay una hipótesis que alguna vez oí sobre la posibilidad de los bebés para elegir a sus padres… ¿quién en su sano juicio me elegiría a mí? Eso también explicaría muchas cosas: ningún alma -en lo que equivalga al sentido común de las almas-, me elegiría; agrégale a eso que Dios me ama, entonces me hace no querer ser la mamá de un almita que no me querrá a mí, digo, por aquello de no sufrir (al menos por eso).

Sencillito y lógico, ¿o qué? Y es que no querer reproducirme en el más estricto sentido de la idea, es tan legítimo y me cuesta tanto que el resto del mundo lo comprenda. No es egoísmo… o si lo es, me vale madre. Sencillamente no hay nada en mí que lo desee. No hablo sólo de ti, también de mí. No quiero ser alguien que esté en alguien más. Quiero terminar conmigo esto que soy aunque me digan una y otra vez que “es un desperdicio que tu carga genética se acabé aquí, contigo”. No lo es. No lo es, y si lo fuera, qué más da.

No quiero reproducirme. Por favor, perdóname por eso.

Esa idea de acabar sola y viejita abandonada como un perro muriendo de una enfermedad extraña y mal atendida por gente a la que no le importo, me es más congruente con quien soy... que tú.

Porque eso me parece patético: traer personas nuevas para que atiendan a las que envejecen.

Sabes que creo en el suicidio, que me parece absolutamente respetable decidir cuándo irse. Al menos eso, ya que no se deciden otras cosas (¡cómo nacer!).

Escribo esto porque la idea de ti ha sido tan fuerte, tan grande. Quienes han deseado ser tu papá me hacen sentir tremendamente culpable -para variar- ya no por algo tan burdo o egoísta como no amarlos -que en el fondo siempre es un reclamo latente al que desafortunadamente estoy tan acostumbrada que me siento adormecida quizá-, lo que ahora se empeña en aparecer es esto de no querer ser tu mamá.

Esta cuestión que no resuelvo donde quizá moriré pronto o muy tarde, pero no quiero. Tampoco sé si lo querré cuando ya no pueda serlo; ni siquiera ha atravesado por mi mente la verdadera posibilidad de abandonarme a otro ser humano. ¿De qué te podría servir alguien como yo?

Cada vez que lo oigo en la voz grave y profunda o varonil y modulada o a veces como susurro acariciante que siempre tiene tu papá (quien tiene la voz más bonita del mundo y cuando habla de ti le cambia el tono, se enternece hasta las propias lágrimas -dice que te extraña porque aún no llegas-), me sorprende: "eres tanto que por eso te repartes en muchos. Uno sólo no te podría contener, el día que hagas eso, que te quedes con uno, lo vas a destrozar."

Es cierto (es que tu papá me conoce bien -no importa quien sea, cada vez que te ama, es porque ya me conoce bien-) y como todo en mi vida terminaría rompiendo lo que más quiero. Y lo rompo desde su base, lo desmadro, no dejo nada.

Entonces, nada, que quiero pedirte perdón, porque no hay una sola célula en mí que me mueva a necesitarte ni a desearte ni a traerte... y no sé porque entonces te aman así, tanto, en estas cantidades abrumadoras que para cualquiera han de ser los cimientos capaces de nutrir a un Titán.

Lamento insistir, será que busco dejarme claro esto que no acomodo, pero me hace mucho ruido, de unos meses para acá, la insistencia del mundo en tu nacimiento.

Cuando te he llegado a pensar tiemblo de miedo por imaginarte diferente o enfermo, o débil, o como yo... que quizá esa sería la incapacidad más grave de todas. Ser como yo debe ser una maldición para cualquiera. Mira como me ha ido a mí con esto de ser yo.

¿Sabes? a veces creo que será que no me quise, que a cambio me amaron en exceso -desde antes de nacer y hasta estos días-, de tantas formas; será que me odio, que Dios me compensó con tanto amor, pero con tanto tanto amor. Con felicidad siempre, con posibilidades de extender la mano y obtener lo que quiero, a quien quiero.

Sólo que a ti no te he solicitado, pero a cambio de eso, supongo, en algún mecanismo de compensación cósmica extraño, te han pedido todos los demás.

¿Te acuerdas de esa vez que tu papá propuso darme dinero por traerte y pensamos que estaba bastante loco el pobrecito? ¿o el día que me dijo que te tuviéramos y te dejara con él ante mis constantes negativas? ¿o esa vez cuando propuso incluso fuera alguna amiga mía quien se prestara como nodriza para que una vez concebido crecieras en otro vientre porque ya sabes que eso de que los bebés crezcan dentro del cuerpo de una persona es bastante complejo de entender para mí?

No, te digo que por tu papá -cualquiera de ellos- no ha quedado.

No es falta de corazón ni de amor ni de capacidad, ganas o de alguna de esas mamadas antinaturales que cualquier mortal común y cerrado pudiera pensar, es sólo que soy un recipiente vacio, que nació para ser, para estar vacio... aunque haya hombres espectaculares que han querido ser quienes te traigan al mundo. Insisto, tu papá ha sido el príncipe de un cuento de país desarrollado.

Tu mayor bronca sería yo.

Al final supongo que sólo somos realmente buenos repitiendo lo vivido. Y sabes, tus abuelos han sido inigualables.

Han sido absolutamente capaces de hacer que yo pudiera ser feliz. Complicadona –¿quién no lo es?- y loca, pero feliz… me hace feliz hasta llorar –pobre de mí-, entonces ¿cómo carajos podría igualar eso para ti? ¿Dónde alinea mi vida -que es un desmadre creativo constante-, para que la tuya sea una explosión de posibilidades? ¿Dónde se compra cordura? ¿Dónde estabilidad emocional? ¿Dónde hallo todas las respuestas que necesitarás? ¿Dónde acomodo lo que no se comprende para que el que nazcas te permita venir a disfrutar –y padecer- este universo que se creó –segura estoy- para ti?

¿Qué hago si naces perfecto y eres lo que tu papá (tus abuelos) ha esperado? ¿Cómo se maneja la perfección?

Hasta ahora aquello que ha sido perfecto cuando se mezcla conmigo acaba herido. ¿Qué hago si te hiero en vez de construirte? ¿Si te rompo?

Este mundito es un lugar hostil -ya sin mi ayuda-, con unos atardeceres que alucinarías tan sólo de sentirlos detrás de los párpados cerrados... pero si te pasará alguna cosa, en algún momento donde no pudiera salvarte... si un día yo no sirviera para ti, no lograra enseñarte a ser tan feliz como debes de ser feliz. Me temo que sólo acumularía puntos para este racional frecuente: si no vienes a este mundito a ser feliz... ¿a qué vienes? ¿si no logro enseñarte a ser feliz, a qué vine? ¿cómo se aprende eso de ser feliz? ¿dónde, para poderlo enseñar? ¿dónde te conecto este don para amar una tardecita nublada con viento que huele a tierra mojada mientras te pones chinit@ al recordar que vale la pena haber nacido?

Así es donde ya no entro. Porque la felicidad se decide, como el amor; si no he sido capaz de administrarlo bien para mí (verás, se me desborda, me invade, me ataca en todos lados. Luego, cuando más lo necesito, no aparece y ahí ando como zombie buscándola debajo de las cobijas –o en el fondo de mi habitación- y me quedo días esperando que me encuentre) ¿Qué haré si tampoco logro hacer que tú puedas administrar esas dos cosas?

Como le hago si un día algo o alguien pasa y se lleva con él o ella "al mejor ser humano que va a existir" (como dice tu papá que serías)?

¿Cómo qué haría este recipiente vacio sin tu felicidad?

Porque también es cierto que si yo muriera hoy, ya he tenido toda la felicidad que un ser humano puede necesitar para justificar –si es que hubiera que hacer semejante cosa innecesaria- su existencia. Sería magnífico querer que un ser nuevecito pudiera también experimentar todo el show este de respirar.

Y no es que dude que seas feliz por tu cuenta, digo, que de eso se tratara, el pedo es que aunque lo fueras, aún estaría yo... dime si no son chingaderas.

Por eso te digo: no te has atravesado aún por mi cabeza, por eso no has llegado.

La cosa es que tu papá… Dios, tu papá quien te ama tan desesperadamente, me hace llorar por mi infinita incapacidad de desearte como él te desea... y no sé qué más puedo hacer. Imagino que será cuestión de un poco más antes de olvidar la posibilidad para siempre.

Mientras eso pasa sabe que aquí estoy, aunque no vayas a estar, y que sí, serías el ser más amado sobre la faz del planeta. Aunque eso, probablemente, no te serviría de mucho si tú no puedes ser feliz desde ti y para ti mism@, pero te haría un buen paro. Yo soy prueba de ello.



Pero mira, hagamos un trato: si me dejan decidir a mí, no existirás; y si es cierto eso de que tú, allá donde andas, puedes decidir, ¿para qué meterse en problemas? Hay tantas madres tan chidas para ti. Elige una perfecta, como tú. Así, algún día, cuando nos crucemos en la calle -o en algún estado de existencia- al vernos, con cargas genéticas diferentes, sepamos que pudimos estar juntos, pero que fuiste un ser más listo.

¿Va?

Así, no tendría que pedirte perdón por no desear reproducirme, ni tu por no elegirme –por tu bien- para ti.

¿Cómo ves?


Luna nunca mamá

Pd. Descarga el mp3 de Rogelio Botanz con Alejandro Filio “Hoy tú” en Box (barrita lateral)

Post relacionados:
- ¿Y qué?
- Algún día, alguien tenía que saberlo.

3 comentarios:

Juan Pedro Arzacc dijo...

Amo lo que escribes, mas esta vez, amo a de quien le escribes...

Triste tu elocuencia, bendita tu.

JP

Juan Pedro Arzacc dijo...

Que hermosa canción =) (no la había escuchado) complementas todo de manera ¡perfecta!

Tnks for share.

JP

Anónimo dijo...

guau, me dan ganas de abrazarte por esto que has escrito
tienes una forma tan honesta de decir cosas que muchas queremos decir
son tantos sentimientos encontrados
en fin
felicidades por defender algo que solemos poner en medio de muchas ideas retorcidas cuando es asi de simple
me pareces una mujer fenomenal para tener el valor y sobre todo la capacidad de reflejarte asi y en el fondo me parece tan poco egoista y tan conciente que hay que reconocer que quiza eres todo menos el desastre que anuncias
dime de que presumes
te suena?
me atrapaste aca en este lugar
sigo leyendo y tambien me encanto la cancion no conocia a los cantantes gracias por todo