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sábado, 3 de abril de 2010

El peligro de involucrarme contigo

Verás, el peligro de involucrarnos... es tu edad, llena de furia descontrolada con la que posees la vida, el oxigeno circundante... a mí.

La manera frenética y desquiciante de explicarme el deseo de formas tan cercanas a la caida libre, que no queda espacio para nada más (para nada).

Hablo de ser tan tuya como un rezo -en domingo, a las doce del día-, de decantarme en tus dominios sin detener el tiempo, las palabras que nos atan -innegablemente, nos atan-, nos convierten en prisioneros de lo que prometes con la lengua, boca, manos, dentro de lo suplicante y fragil que se convierte mi cuerpo entre tus futuros posibles.

Acostumbrada, como estoy a desangrar, desgastar, despostillar... culpas nuevas no resisto -ya no cargo más pastillas de autolaceración-.

Vivir potenciado por las columnas de tu juventud esta bien para que te escribas en historias que no recorran este tránsito lento de mi desamparada forma de amar.

Se trata de épocas, cataclismos, cinismo y construcciones de la realidad convergentes pero hechas de sustancias distintas -como el sabor de tu piel me lo dicta al oído-... alguien de tus años, con alguien de los míos es una condena a uno de esos fracasos múltiples que se da en niveles profundos y superficiales donde se termina por minar lo bueno (lo mucho mágico) que te nace de los sueños cuando te me compartes sin quererlo.

Por eso, por favor comprende, ese es el peligro de involucrarme contigo.


Luna mayor que tu.

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