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martes, 29 de junio de 2010

No hay lugar para nadie más

Si, es que sí lo vi levantarse y abrazarme porque habíamos vuelto con su esposa viva, mejor.

Luego tu dolor, ese estruendoso y profundo dolor que casi raya en el terror, el cual desde chiquita no sé como jodidos eliminar, cuando sientes una pregunta que retumba por toda tu blanquísima piel: ¿por qué a mi nunca me recibes así, Papá?

Entonces yo, pretendo acomodar, explicar, pero eres demasiado genial para poderte contener con mis mentiras.

Entonces lo abrazas y te alejas, sabes que debes ir a seguir salvándole la vida a otros mientras te tragas, completo, el coraje de saber que nos ama distinto... cómo supongo que lo he hecho yo toda la vida, cuando ella, nos marca distancias del cielo a la tierra y me repongo, como tu, asimilando que de una u otra forma, entre los cuatro, somos lo más perfecto posible.

Entonces, viene a mi cabeza, esta frase que me dijo TC una vez: Eres tan absoluta, que dónde estas, no hay lugar para nadie más.

Y sí, no hay lugar.
¿Por qué estan tan preocupados?
Porque ahora sí tenía ganas de morirse.


Luna Absoluta (agradecida de que Dios te ame tanto y a nosotros más para dejarte aquí)

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