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lunes, 19 de julio de 2010

Aprender a escribir

Cuando te vi presionar botones que no existían, pasó lo que siempre pasa: me equivoqué.

Creí por un momento que eran otra vez esos pinches riñones, pero no, esta vez era tu cerebro, no intoxicado por la urea que no depuran, sino un infarto, justo ahí, frente a mis ojos.

Te vi sin poder coordinar tu cuerpo, pero por algún motivo, lo que más dolió cuando concluimos tu diagnóstico –para variar nos le adelantamos a todos los médicos- era pensar en que lo que mejor haces, ya no se podría… y fue irremediable pensar en que de alguna forma, habías muerto... y como dije, me equivoqué.

Para el hombre más inteligente del mundo, no poder pensar debe convertirse en un infierno.

Así fue como pensé cuando recordé a MA a sus 26, con ese infarto cerebral que tu tuviste ayer, a tus 60…

Cómo hace un rato, que la Doc dijo que todo estaría mejor, que sólo necesitabas volver a aprender a leer y escribir, que tu capacidad cognoscitiva estaba aparentemente intacta, ella se tranquilizó, me dijo: eso significa, en términos llanos, que es 100% recuperable, y francamente, en lo que a mi respecta, lo considero un milagro.

Y supongo que como todo contigo, desde la pancreatitis hace 30 años, así lo debemos considerar.

Ahora, que pienso en todo lo que me enseñaste, me dispongo a ver cómo te regresamos el poder de explicar el mundo en letras, como me lo construiste, Papá.


Luna que te ama hasta el dolor.

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