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sábado, 27 de febrero de 2010

Te convencí

Sabes mejor que nadie que antes de esta entrada hubo muchas que no abrí porque duelen -marcan... alejan-, con más violencia de la necesaria.

martes, 23 de febrero de 2010

Te soñé

Luego de abrazarnos como media hora al volver a vernos, de haberte deshecho de tus escoltas, de recibirme como no esperé nunca, me dijiste al oído: necesito decirte algo, vámonos.

Encendí el auto y llegamos a ese lugar en dónde no había estado contigo.

viernes, 19 de febrero de 2010

Maldición


Hay días así, como este, donde dos clics hacen que aparezca y adioooooooooós cordura.

Es tan cierta mi necesidad de evadirme para poder sobrevivir al dolor que necesito enfermizamente buscar los motivos que me den las sogas para salirme del abismo en que se convierte esta habitación, e invariablemente, llego al mismo hueco que hacen el closet y la puerta, desde el cual si decidiera darme un balazo, no se podría ver mi cadaver por ninguna ventana...

jueves, 11 de febrero de 2010

Enseñarte a mentir


No me gusta tu profe... para ti. Esta buenísimo, traga años y todo, pero sí esta como para mí. ¿No?
- TC en uno de sus fascinantes consejos no pedidos-.

Moría de dolor de estómago por topármelo en el puto facebook.

Pensé que se había muerto, o algo igual de bueno para mí. El pedo es que no, incluso sigue con su vida... qué cosas.

Aventé el teléfono delante de todo el mundo.

martes, 9 de febrero de 2010

Volviste

Mendiga Colombia, pensé que te engulliría, tronaría tus huesos y te perdería para siempre.
Pero llegaste y lo primero que hiciste fue marcarme y entonces yo... me encontré.
Bienvenido amigo mío.

Luna Mexicana que se muere por verte

domingo, 7 de febrero de 2010

Espejismo

Algo tan simple como ir al cine se ha convertido en una tortura desde que te fuiste.

Lamentablemente es como para volverse loco de la risa, ya que perteneces a otra historia y mi potencial para dominarte hace su aparición de formas majestuosas, estrafalarias, parafernálicas todas ellas... para con un solo sms, traerte de nuevo... pero no, tu no debes venir.

No estoy enamorada (aunque sabemos que sólo es cuestión de tiempo que eso cambie, según crees); no puedo darte lo que necesitas -aunque nunca necesites nada- porque me falta un pedazo (aún no sé de qué) y tu eres tan completo, eres un Universo en ti mismo... justo lo que siempre supe que me haría bien... antes del decante de la que fui.

Pero ahora, a lo más que alcanzo, es a pedir un café y camuflarme en él, desaparecer por largos periodos mientras el mundo aceleradamente es, camina y vibra en completo orden sin mí.

Hay días incluso en que suplico tener la fuerza de salir corriendo y pedirle a Dios que acepte un canje simple: yo por alguien que sí valga la pena.

¡Quien sea! Mira, que vuelva ese que partirá mañana por una bala o por un error, por una enfermedad absurda o por un ideal.

...pero Dios siempre tan ocupado y yo tan llena de peticiones taradas.

Al final, estas tú, esa loción, mi pijama, tu cuarto vacío... el inevitable sentido de pertenencia que no logro borrarme de la piel desde que hemos sido en la exactitud de tu amor perfecto para esta imperfecta, tu amor que me confunde, cristaliza, satura y maravilla; todo al mismo tiempo.

Qué poquita cosa soy estando contigo, aunque ya te hayas ido.

Me imagino que una señal clara de que no funciono bien cuando te vas, es que regresa el llanto nocturno, el insomnio escandaloso (ese que es tan claro que todos lo notan), y una necesidad profunda de que me olvides y seas feliz con tu otra vida.

Que no te sea oportuna la distancia para traicionar. Allá es dónde debes estar. Ese es el lado correcto del espejo.

Por lo pronto, en las salas de cine de Egolandia, tus manos, la oscuridad, y ese pinche 212 que algún despistado usa me regalan unas ganas de pronunciar tu nombre en voz alta esperando pendejamente que al girar estes ahí, en alguna parte, convertido en el escudo que me aparta de la luz del mundo, para sumergirme entre tus brazos y con eso darme sentido, rumbo... motivo... espejismos todos... espejismos.


Luna sin Mar (por cierto, me caga Mazatlán... ay disculpa)

viernes, 5 de febrero de 2010

A la que duerme contigo...

Creo que hoy no fue nuestro día.

Me parece que de una forma inocente, sutil, particular, nos partimos la madre buscándole una sentido a lo que la otra hacía.

No quise llorar frente a ti, el desmayo cuasi inevitable fui a darlo al baño para que no entraras en pánico, como entré yo. Hice lo poquito que estuvo a mi alcance, me resistí a quebrarme, cuando en el peor de tus papeles, decías algo para salvarme, pero por dentro estabas a punto de gritar.

Te lo agradezco tanto... pero no tuve fuerza para cruzar toda la mesa y abrazarte, porque encima de todo, no puedo suavizarte el madrazo, ni comprender como estamos aquí conociendo perfectamente el dolor de la otra y no tener respuestas aunque no dejemos de hablar.

Estar ahí, donde estas, sé, es el siguiente paso para mí, y estoy absolutamente cierta en que jamás podré resistirlo de pie, como tu.

Es un algo dramático, doloroso, infernal pero inevitable.

Tengo tanto miedo a que sea yo mañana la que carente de todo estilo y gracia me derrumbe al verlo siendo papá.

Mientras eso pasa -Dios... me tiemblan las manos solo de escribirlo- desearía poder quedarme quietecita en un rincón de mi habitación, viendo pasar el sol por la ventana, un día tras otro, hasta que mis poquísimas y atrofiadas neuronas terminaran apagándose solitas, y eso no le ocasionara más dolor a nadie.

Poco a poco voy abandonando todo lo que amé, no quiero dejar señales claras para nadie, quisiera irme tranquila, estar lista cuando llegue el momento, poder bendecir en vez de desgarrar, de verdad quisiera... pero conociéndome... sólo atinaré a armar tal desmadre que quedará huella en cada uno de los que me conocieron, del agotamiento emocional más fuerte que habrán padecido.

Para él: por lo pronto, para la que duerme contigo: Dios cuide sus sueños, como un día, tu cuidaste los míos.


Luna enloqueciendo.