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miércoles, 5 de enero de 2011

Madriguera (o sinónimo de tu guarida)

Obligada a estar convaleciente por la severidad de mis golpes, hice lo que jamás haría: ver televisión en cantidades industriales. Una de estas madrugadas, gracias a pastas que no surtían el efecto necesario, vi 19 minutos y 38 segundos de una asquerosa película donde sale tu automóvil, el género de música del cual eres el rey en Egolandia, pero lo más chistoso fue entender porque le pusiste así a tu restaurante.

No supe si admirar tu fijación con esa serie, llevada al mundo tangible, o preocuparme por ti. De pronto recordé lo buena persona que eres, lo adorable, lo panista (lo siento), lo abrazable, y lo hermoso que era llegar todas las tardes y verte sonriente despidiéndome alabando alguna pendejada que había hecho o dicho, aunque ambos sabemos que lo hacías más por caerme bien que por coincidir con mis puntos de vista revoltosos.

La cosa fue que cuando supe que tu bar se llama igualito me hubiera gustado reír, pero me duelen tanto las costillas para poderlo hacer, que mejor vine a escribir que extraño esa época, en la cual creía poder hacer algo con este engrudo que se ha venido haciendo un nido... igual que el tuyo.

Es cuanto.


Luna Convaleciente

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