Este Blog se ve completo en Opera, Chrome, Safari y FireFox.

martes, 13 de agosto de 2013

Palabras en mi espalda...

Nunca es buena idea que yo venga y escriba llorando; todos sabemos que es malo para el que lee, la que escribe… pero sobre todo para el que ama.

Pero qué diablos, aún estoy temblando. El miedo es incontrolable cuando se es tan cobarde para amar.

Sabes que trato de acomodarme a ti, de precipitarme entre todo lo que me das para no notarlo, pero es imposible cuando me frenas, cuando me educas, cuando me aceptas.

(Mañana seré un sapo, con tanto llanto, qué horror, pero necesito vaciarte…)

Me pediste ayuda y como siempre acudí a eso, llegando me preguntas qué me pasa, me sorprende nuevamente la forma que tienes de leerme pero te cuento lo inverosímil: ¡Dos vatos hoy se pelearon en público por mí!

Te reíste y me pediste detalles que muy muy torpemente te pude dar… ni yo aún logro entender lo que pasó ahí.

Digamos que no tiene nada que ver con que sea la mujer del año… solo que el nivel de poder que manejo atrae a más de uno. No hay más misterio cuando se trabaja entre puro cacique, como ahora estoy. Una cabrona indomable llama la atención de otros cabrones indomables. Simple ecuación.

Pero en contraste estas tu… y tu infinita ternura… y mi infinita crueldad.

Entonces… hablamos de niños, programas, administración, y acabamos con las puntas de tus dedos enseñándome lo que otro me enseñó con la lengua… entre temblores, adivinar lo que la voz no se atreve a decirme.

Y luego, de la nada… tu “te amo” mientras te tiemblo…

¿Me amas?

¿Cómo, desde cuándo?

Desde que te vi con esa falda azul.

Y llego hasta aquí. Todo lo demás me supera.

Tus manos por horas haciéndome temblar, tu obligarme a todo lo que me obligas, mientras grito y grito que me sueltes.

Tú decirme al oído: acéptate como yo lo hago, eres hermosa… mientras yo me vomito…

Tus manos, piernas, fuerza enorme dominándome por minutos… horas, tu dejarme bajar las revoluciones… tu controlarme, dominarme, suavizarme, aclimatarme… dejarme sentir…

No merezco tanto amor que no sé corresponder.

Fin del comunicado.

LL D.