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martes, 24 de septiembre de 2013

Falda azul (o EgoLandia XIX)

Supongo que la persona con la que más veces has dormido en tu vida debe ser aquella que más se rehúse a salir de ella.

Solo por eso entenderé la brutalidad de lo que hiciste hoy, aunque nunca vengas a esta parte de mi vida a leer que te comprendo, por eso no necesito perdonarte.

Hace un par de meses me caía de un avión y casi me estrellaba contra el edificio del aeropuerto por una tormenta que hacía que lloviera de abajo a arriba mientras un avión a 430 km/hr trataba de aterrizar en una pista que era un espejo de agua y al final de tantas vueltas a esa velocidad (ni la peor montaña rusa sabe lo que es), sobreviví.

Hubo crisis de nervios por todos lados, desmayos y encabronamientos… yo twitteaba e informaba todas las circunstancias (en medio de un ataque de risa), al fin reportera la niña… pero la cosa es que después del terremoto del 85, donde la neta crisis de nervios no tuve, un par de choques que siempre son culpa de algún pendejo, y esta mañana… no recuerdo haber temblado tanto de miedo.

Muchas mujeres exageradamente pendejas hablan o fantasean con ser violadas, y eso no tiene ni pizca de lógica cuando una se enfrente a una de deveras, de esas que nos hacen llorar de desesperación y desamparo.

Y es que compréndeme, yo ya me había desconectado ese cable desde que te la presenté… ¿me explico?

Para mí tu automáticamente ‘ya eras harina de otro costal’…

Y la última vez, esa despedida magnánima y tu mirada en esos ojos miel de ángel me habían dicho que lo entendías.

Ahora que me mudo de ciudad, que dejamos de ser lo que fuera que éramos, tu melancolía manifiesta todo el día no me dio ni una señal de que harías semejante estupidez.

Lo que más me confundió fue imaginarla a ella, tan ilusionada contigo y a ti tan duro conmigo… mi cerebro tardó un rato en entender tus palabras y la brutalidad de la fuerza que oponías a mi necesidad de irme, tu pinche puerta cerrada con tres candados, tu frase idiota de: “entra necesito tu opinión en algo rápido y te dejo ir”… y mi credulidad tarada, cuando sé cuántas putas veces he caído así contigo.

Veníamos de tu ‘recorrido’ por el Instituto donde nos conocimos, de tus abrazos deliciosos, de hablarme de esa pinche falda azul que tanto nos ha hecho estar juntos (cuando ni sé cuál es), de la forma en que ‘cambié tu vida’ y puras metáforas que hoy entiendo solo dice alguien desequilibrado… que busca equilibrio en otra desequilibrada.

En verdad yo ya no puedo volver a estar sobre ti ni debajo ni contigo. No puedo. Suena rudo pero mi vagina dejó de ser algo que responde a tu deseo brutal. Así, sin más explicación que mi decisión.

Yo ya sembré la ilusión de una vida a tu lado en alguien más… y parecías compartir esa brillante idea. Tu deseo tan tremendo me asusta, porque ambos sabemos que es tu presunción discreta la que odias perder, que mientras otros me escriben cosas, o vengan de ciertas ciudades y no me ‘obtengan’, te llena de un placer secreto de tú sí lograrlo… adoras ser quien vive entre mis piernas lo que otros enuncian… y ambos sabemos que ahora ni tu madurez ni ternura soportan ser uno de esos que me leerá sin tenerme.

No es la gran cosa, créeme, estarás mejor lejos de mí. Todos siempre lo están.

Lo más duro es que tus vecinos tumbaran la puerta por mis gritos, la denuncia con la patrulla de que no había pasado nada salvo violencia doméstica, digo, no echaré al diablo tu impecable expediente de docente de grado superior, el verte todo golpeado por ellos, que terminemos esto así… me duele que ellos me habían visto tantas veces, me habían oído gritar tantas veces, pero que distinguieran la diferencia, que no dudaran… hoy no te odio más porque ellos me salvaron... y lamento la madriza que te metieron entre todos.

Y no te sirve de nada que llorando me pidas un perdón que no puedo otorgar… toda herida por tu fuerza tremenda, me duele todo, más que en la más ruda cogida que me metiste, cuando por días no podía moverme, hoy esto es mucho mayor, pero aún así he tenido que curarte las heridas que hombres igual de fuertes que tú sí pudieron darte y mientras todo eso ocurre, por fin puedo entender, de una vez por todas, que no debo de jugar con fuego… y no lo olvidaré ni por tu ternura ni por los ‘teamos’ que no me dicen absolutamente nada… ¡maldito idiota!

Sí, escribo llorando pero no por ti, es por mí y lo verdaderamente imbécil que es llevar a alguien al límite solo por mi capacidad de creerme absolutamente poderosa cuando soy una pobre tarada absolutamente falible… y fuiste mi última propuesta de matrimonio, de ser el famoso padre de una ‘Luna’ conmigo, el mismo que le llevó a mi tocaya una fiesta a su escuela luego de que la descubrimos en un súper, así de la nada, una Luna en nombre de la Luna reportera del periódico…

Ahora no te tengo miedo, solo tengo culpa, como la víctima perfecta y una sumisa irredenta que no puedo dejar de ser…

… y así te vas a chingar tu madre, con todo y tu hermano desparecido que ojalá halles con bien.

Luna_Víctima.

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