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lunes, 18 de noviembre de 2013

Te tengo miedo.

Tengo miedo de enamorarme de ti y que tu no lo hagas de mi –dijo-.

Todos tenemos el mismo miedo, respondí.

Lo demás fue volver a ser suya hasta el hartazgo, que sin duda a él nunca llega.

Lo demás son las horas suyas dentro mío, mantras entre sueños que repite sobre mi piel hasta desgastarnos los anhelos, las perversiones, los hallazgos más calientes y soleados, o las torturas más acuosas y laberínticas.

Y nada que lo que resta es venir a escribir mientras duerme, esperando que el agotamiento físico y el tremendo desgaste emocional  no mermen mi insomnio para poder ser testigo de sus ojos al fijarse en los míos en el milagro de saberse conmigo, y no haberlo soñado.  

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