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martes, 17 de septiembre de 2013

Adrenalina (o EgoLandia XVIII)


Hay que tener más de 30 años -creo-, para dimensionar el peligro.

Acabamos de colgar, acabo de ordenarte qué hacer.

Acabas de darme la razón en todo…y así te dejo ir.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Sexo de despedida (o EgoLandia XVII)


Siempre se da cuenta de lo que había cuando se va.

El fin empezó casi al principio, cuando sus ojos miel se clavaban en ella, como luego lo hizo profundamente su pene tan duro que era imposible no gritar…

viernes, 31 de diciembre de 2010

Pinturas Berel (o Egolandia XIV)

El sabor de la sangre en la boca es lo primero que sabe el primer día del año que presiente será su año. Jamás -jamás- tiene resaca –bebe como lo hace, gracias a ese don divino-, por eso le extraña mucho el zumbido, dolor de cabeza y que su cuerpo no responda.

Empieza a tener noción de sí misma por el dolor. Duele todo, cada parte de su anatomía ha sido golpeada, y lo sabe bien porque ella ha peleado muchas veces, recuerda los restos que dejan los puños cerrados en los costados, las mordidas, sofocarse por el peso del cuerpo de alguien mucho más grande, pero la sangre es lo que logra despabilarla.

lunes, 4 de febrero de 2008

Egolandia IX

Hoy iba a ser un día perfecto, pero se me atravesó tu muerte.

Y tu promesa rota de estar conmigo, de oírme en el dichoso debut, de cuidarme como todos los días que me cuidaste como si valiera la pena.

Cómo lo hiciste con todos.

No hay forma alguna que pueda describir mi desolación esta mañana, cuando a las 6 lo primero que vi fue una plana completa, pintada de rosa, con tu sonrisa en ella y la clara muestra de que algo te pasó.

"No, no puede ser, no es cierto", me dije; no quise saberlo hasta que terminara el programa porque me paralizó la sola idea de que fuera verdad y estuvieras muerta.

Pero no mejoró con las horas, porque sí, es un hecho irreductible: ya no estas.

Pero, ¿qué hago yo que aún tengo tu cuerpecito tibio y tu amor cubriéndome el egoísmo, tu voz regalándome la certeza de que al menos alguien en el universo tenia fe ciega en mis pisadas inciertas?

Cómplice de cada llamada prohibida que nos hacíamos entre aquellos que no eran libres a los que sí, y tu lo sabias, nos permitías jugar a creernos capaces de fabricar heridas imposibles de sanar; jamás nos enjuiciaste. Gracias siempre por eso.

A mi me bastó tu mirada, reflejo de tu alma buena con ese: será muy jefe, pero vales más que esto, mi niña.

Esa vez me detuve a mitad de la recepción, agachando la cabeza absolutamente avergonzada, decidiendo, como decidí, que mi camino estaba lejos de los hombres de ese lugar, de ese lugar completo. ¿Te acuerdas?

En cada cumpleaños tus flores eran soles... ahora, hoy, con todo y el metro y medio que median las del góber de Egolandia, las tuyas me hubieran llenado la vida de esperanzas.

No sé qué afán este de perder tanto que he amado... ahora te me fuiste tu y te nos fuiste a muchos. Hoy Egolandia es un pueblito más triste sin ti... ¿lo imaginaste mientras te morías?.

¿Sabes que pensaba? Que ésta maldita y asquerosa forma de ser sólo me regala algo bueno, o me lo dio esta vez, contigo: no me quedé con ganas de decirte nada.

El último día que te vi te lo repetí: sin ti, mi trabajo sería imposible, gracias a que existes, es fácil ser reportero de este lugar, es fácil ser jefe y gato y ser feliz, porque eres la mitad de las razones que me hacen sonreír cuando pienso que vendré y estarás aquí sentadita.

Te estoy extrañando tanto, como no pudiste saber que lo haría y no, ya no existes.

Descansa en paz... ahora que por fin puedes.


Luna sin Luz, que aún no puede creer que ya te fuiste.

jueves, 19 de abril de 2007

Egolandia VI:

"Uno conoce los celos de verdad sólo después de la primera vez que le parten el corazón. Y a mí, eso me lo enseñaste tú. - Cultura General -" Luna que era Libre PD. Aún recuerdo el sonido del corazón cuando no late a un ritmo sano, cuando roto, solo le da por estropearse y arruinar el pecho que lo contiene. PD1. "...no voy a dejarte ir".

domingo, 15 de abril de 2007

Egolandia V.



Conociéndome, mi némesis jefe, me pide que realice una entrevista a "unos chavos que tienen la idea de hacer una manifestación".

Como mi opinión de las manifestaciones es que son una pérdida de tiempo todo el mundo tiene derecho a expresar su opinión, dije que si (no me quedó de otra) y regresé a terminar de hacerme tonta trabajar.

Unos 15 minutos después, a interrumpirme llegan cinco chavitos, en efecto, todos con apellidos rimbombantes, incluso reconocí a sus padres cuando hablaban (progenitores empresarios que gracias a su organización -y nada más- han logrado hacer un negocio de la pobreza).

África: misioneros; valores: España con desnutridas mujeres que daban en adopción a sus hijos; leyes de convivencia que retuercen la mas pura moral biológicamente fundada en penes y vaginas tradicionales; el aborto: el diablo; la eutanasia: idiotez; comentaron.

Existieron bonitas frases que enriquecieron la entrevista: "O sea, ponte a pensar, una tipita que se revuelca con su novio o con algún wey, goooey, es que mendiga amor, porque... o sea, hay chavitos que no tienen familias que los traten bien. ¿Cómo te explico que se la pasan rogando amor a quien sea? y, oooobvioooo, ¿ya sabes? pues quieren abortar cuando salen con premio... ¿Me entiendes cómo?".

Sin embargo, hubo frases memorables: "¿Cómo enseñarle valores a mi hijo, cuando un niño con dos papás o dos mamás le hará creer que su familia, o sea, la mía, es la anormal?"

Padecí, pero yo en lo mío: ignorarlos escribir lo que querían transmitir.

Aunque ahí la llevaba tratando de soportar dos de cada tres cosas que decían, fue la fuerza despectiva de esta frase lo que me hizo guardar profundo silencio: "Hay gente que piensa que porque tiene qué comer, vive bien".

No es que pasaran por mi cabeza, familias que alguna vez han abierto su casa para invitarme a comer en su cocina construida con cartón o palma, cuyos seis hijos y Mamá (quienes alcanzan a comprar algo de maíz para molerlo y hacer corucos -triangulitos de masa cocidos en hoja de plátano en caldo de chiles-, por allá en Santa Clara del Cobre, Michoacán -gracias a lo que manda Papá de Estados Unidos-), piensen que ese día están bien porque comen juntos, porque tienen qué comer.

Dejemos de lado además que no dudan en compartir su comida con una perfecta desconocida que pasaba por ahí haciendo preguntas.

Tampoco fue que hace poco un niño que escribe como decenas de hijos de ricos empresarios egolandeses no lo harán nunca, me dijera: "hubo un tiempo en el que el hambre me hizo inventarme un personaje para poder hablar con él y no volverme loco. Por eso ahora que tengo qué comer, no me doy el lujo de no hacerlo".

De verdad, no fue nada de eso. El profundo silencio me nació de la cara de la tipita que mostró un placer tan extraño al escupir la frase, que no pude evitar notar lo absurda y sin sentido que se convirtió toda su compasión judeocristiana, al defender a los bebés que aún no nacen, o a las parejas normales que se casan para que sus hijos sí "vivan bien", contrastada con el desprecio hacia esos que se atreven a pensar que "porque tienen qué comer, viven bien".

Después, cuando escribía lo que balbucearon dijeron en la entrevista, quizá me hizo sentir fuera de lugar creer que mucha gente teniendo qué comer, piense lo que piense sobre cómo vive, verdaderamente haría la diferencia en este pedazo de país, en mi lado del mundo.

Igual les di las gracias por ir a vomitar hablar de su punto de vista y una vez terminada la nota, aventé la hojita en la mesa de redacción absolutamente avergonzada del liderazgo de mi medio de comunicación, pero más, mucho más de no cargar un arma en situaciones de extraordinario peligro, como esa.

Pero ya lo sé, aquí en Egolandia hay lujos que no me puedo dar, como decirle a mi jefe que su capacidad para "crear verdades para unos cuantos" afecta profundamente mi espíritu, o mejor aún, concluir la nota con una realidad como: "Si usted es de los que piensan que porque tiene qué comer, vive bien: Dios lo bendiga."


Luna que vive bien (y a toda madre) porque -además- tiene qué comer.

Descarga el mp3 "Canción para un niño en la calle" de Patxi Andion en Box (barra lateral).

martes, 6 de marzo de 2007

Egolandia IV.

Corría por el pasillo de redacción cuando te detuve, cual parafernálica soy: ¡Villa, qué bueno que te veo!

Me sonreíste con el alma, nos abrazamos con el mismo cariño de la última vez que trabajamos juntos.

- ¿Estas bien?, pregunté sin mayor cuidado.
- 'No, nada bien', respondiste cuando borró tu sonrisa la contestación.

Te tomé de los hombros para contar atropelladamente: "no me preguntes detalles pero te soñé, se que hace meses no hablamos pero te soñé tan nítidamente, estoy preocupada, recordé de golpe mi sueño justo ahora que te veo pasar. Fue un sueño terrible, doloroso, tu sufrías por tantas cosas...".

Cerca de 10 minutos después, con fragmentos ininteligibles y mezclas raras, como pasa siempre en los sueños, depuse todo lo que tenia que decir, te di dos palmaditas en la espalda y te desee suerte. Mi cometido estaba cumplido, ya no cargaba sola con todo eso.

Te quedaste callado, pasmado mas bien. Noté como temblaste cuando mencioné a tus hijos, a BJ. Fue una descompostura inmediata de tu aspecto, creo que envejeciste como cinco años ahí parado frente a mi, pero bueno, ¿qué podía yo hacer? tenia que escupirlo, sacarlo, mi trascendental existencia no podía cerrar la boca y dejarte marchar en paz sin embarrarte información ridícula y caótica que no habías pedido.

En trance me dijiste: ¿Cómo sabes todo esto? ¿Quien te dijo?

"Nadie, no lo sé, solo lo soñé y te lo cuento para que no se cumpla", dije convencida de que semejante idiotez era suficientemente válida para no amargarte el resto del día. Te besé y me largué de ahí a continuar con mi importante vida y mis no menos espectaculares cosas.
...
Hace rato colgamos.
El divorcio se dio, tus hijos ya no viven contigo y solo falta que compruebes que tu mujer te engañó con quien soñé.

Ahora me pregunto qué pasaría si me hubiera quedado callada, ¿esto no hubiera sucedido?<

Nunca lo sabremos. Pero aquí en Egolandia, cuando una tiene algo que decir, no hay nada más que hacer, y como el "hubiera" no existe ¿qué puede una simple Luna modificar con ejercer la prudencia?, seguramente nada.

Luna Pasando por Aquí

sábado, 30 de diciembre de 2006

Egolandia III.

Busqué una cara familiar, algo, alguien que me indicara si era padre o madre...
¿o me dijo su hermano?.
Me cayó tarde el veinte, era su Papá el fallecido.
Lo supe cuando leí "Gutiérrez" en la pizarra de la capilla dos.
Cuando pude reconocerla estaba resignada, tranquila y en medio del cuadro, como para que no me fuera yo a perder, o algo peor, comenzar a gritar su nombre para hallarla.
A un lado, mi jefe -que es su jefe-, con su esposa.
Primero lo primero, la abrazo, luego le digo cosas que digo, cuando siento profundamente lo que siento, lo que le duele a otro como si me doliera a mí.

sábado, 25 de noviembre de 2006

Egolandia II.

Salí del trabajo, iba tristísima.

A la orilla de la banqueta, un anciano, deteniéndose más por milagro que por el bastón, me detuvo a mí.

"El camión me dejo en el súper Universidad, pero yo le pedí que me dejara en el de Leones. Me ignoró, como no puedo hablar fuerte, no me hizo caso, pensó que no sabría cual era el súper que yo quería", compartió conmigo invadiendo inesperadamente mi ventanilla.

No dudé: "súbase, yo lo llevo", dije hallando el consuelo mas eficaz para mi vidita ensombrecida.

lunes, 20 de noviembre de 2006

Egolandia I.



Estaba sentada en una de esas banquitas que hay en las ferias.

Te miraba mientras me mirabas. Desconcertados nos fijábamos en todos los que estaban ahí.

Nos llenábamos la boca (y la carita) de algodón de azúcar cuando impertinentemente interrumpí a tus pestañas posadas en mis labios.

Y, ¿qué si nosotros hacemos lo mismo todos los días?

sábado, 11 de noviembre de 2006

Egolandia.


Pues no, la verdad es que no era tan tarde cuando mi hermana (la mejor escritora del mundo) y yo, decidimos salir a vagabundear por las nocturnas calles de Egolandia.

Ahí andábamos, de lo más reflexivas cuando, luego de recorrer toda la ciudad, llegamos, como siempre, al mismo milagro. Ahí pedí un capuccino moka, el mejor de mi vida, y me senté a escucharte las heridas.