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lunes, 31 de agosto de 2009

Epifanía

Cuando estaba en el fondo (del que no creo haber salido), tuve una epifanía: Estaba en mi cama demolida, sin un sólo hueso con la fuerza suficiente para levantarme de ella. Ni uno.

Entonces, como diría Filio, una vez que te perdí, di conmigo. Y no habiendo nada, nadie más a quien abrazar, me abracé a mí... cuando una forma muy cercana a la que tengo de Dios, estuvo conmigo toda esa noche, pegado a mi, en un abrazo que no sofocaba, que ahogaba mi llanto lastimero, desgarrado... se quedó ahí la noche más larga, esa en la que pensé quedarme en cualquier siempre que pudiera suponer.

Fue loco, porque quien me conoce (diría el Diablo) sabe que soy lo más cercana a una mugrosa rebelde antireligiosa, pero esa noche, ahí, en esa cama, con mis restos que apenas respiraban, Él se acercó a proteger lo que quedaba de mí; mucho me temo que a eso se debe que aún esté aquí.

Era un dolor tan fuerte que pensé que me mataría (de hecho puedo jurar que por instantes lo hizo).

A veces pienso que un día caeré fulminada si me llega el recuerdo rotundo cualquiera de estas tardes, aunque cada día, lo pienso menos.


Luna superando un corazón muerto pero que aún late.

viernes, 28 de agosto de 2009

A positivo (o cuando fuimos nuestros)

Tus intensos ojos miel, el silencio nuestro en medio de todas esas personas, sin sonido alguno tu boquita perfecta delineando un , al tiempo que tu índice se posaba justo en medio de mis senos; el mismo índice que luego llevaste al centro de tu pecho para concluir moviendo los labios: eres para mí.

El resto del fin de semana fue una aproximación tan dolorosamente exacta del Cielo. En tres días, hiciste que todas y cada una de las cosas que nunca tuvieron sentido fueran cayendo poco a poco en el tetris de nuestra relación y me descifraran ese misterioso universo del nosotros.

A veces, y te dará risa, me sorprendo tapándome los oídos para que no se me vaya el recuerdo de tu llanto en mi piel la primera noche que fuimos nuestros.

Cuando todo tu volvías a reconstruirte (una y otra vez) en piezas de colores para mis manitas que a penas alcanzaban tus formas rectas y duras que se adelantaban a mi lengua, dictándole quirúrgicamente el camino de tus gemidos.

Luego la despedida, mi emborracharme con otro (que ahora será mi nuevo jefe), sus ganas de borrarte de mi piel... mis días sin ti y con ellos una credencial olvidada que quedó abandonada a su suerte entre repisas, como quedó tu corazón atrapado entre mis sábanas.

En ella tu foto, tu nombre y en la parte de atrás indicaciones claras y rotundas de las decisiones que tomaste mucho antes de mí:

En caso de emergencia avisar a: Una mujer que no soy yo.
Teléfono: En una ciudad norteña que no es la mía.
Sangre: No pude evitar recordar la mía en ti, soy A+ (¿sabías eso eso?) pero por lo pronto me enteré que tu eres O+.
Alergias: No se si el espacio daba para poner: alérgico a las uñas largas en la espalda que se entierran por mi presión sobre el cuerpo de alguien más. Lo cierto es que decía: a nada. Yo insisto en que quizá debía decir: a las uñas de Luna, al menos.

Parada en la habitación vacía de ti, de tus cosas, sin guitarra alguna que le diera identidad, sólo con la ropa de cama que compramos juntos y a penas un ligero palpitar de tu loción, fue que recordé ese pequeño detalle: le perteneces a una historia muy larga que no me involucra mas que en dos momentos: hace ocho años, la primera vez que te entrevisté, y hace 5 meses que me tropecé en tu habitación y de la cual ya no me dejas salir.

No hice mucho más que enfatizarme eso ¿sabes?

Gracias por todas las promesas que no has hecho, pero aunque quieras endosarme tu futuro, sabes que a mi lado jamás sería bueno. Sé que debo dejarte ir. Lo sé, como sé que Dios existe, aunque también sé, no habrá nadie más exacto para mi locura que tu.

Lamento tanto haber llegado tan tarde a ti.

Me has dado recuerdos suficientes para el resto de mi vida. Después de ti, no necesito vivir nada, a nadie más.

Ella en cambio, sin ti, no podrá ser feliz.

Ahora tengo algo nuevo para entretenerme, mejor que nadie sabes de las misiones imposibles que ahora descansan sobre mis hombros para transformar la dinámica económica de mi ciudad y que antes de las próximas elecciones he de hacer realidad.

Con todo lo mamón que suena, esta Luneta lo hará, solita, mientras tu, en tu profundidad, recuerdas lo que es compartir una tarde de sofa conmigo, y si puedes, sobrevivirme al resto de tu historia, al lado de alguien más.


Luna Vacía

viernes, 21 de agosto de 2009

Luna de Miel


Así que de esto se trataba el paraíso y esas cosas de las que cuenta la gente...
De lo que me estuve perdiendo todo éste tiempo.


Luna de Miel

jueves, 20 de agosto de 2009

Verdades Absolutas I

Hubo quien dijo que se podía fingir la virginidad...
...pero nadie dijo que lo que no se puede fingir es no serlo.


Luna Preocupada (en profunda reflexión)

martes, 11 de agosto de 2009

Atento Aviso III

Me fascinan los hombres.

¡Dios, me gustan tanto!


Luna Débil adicta a los muslos (y espaldas) masculinos (nas) de una manera insana... (recientemente un aeropuerto dejó prueba de que los brazos y sus músculos también me ponen mal)

PD. Lamento las molestias que esto le ocasione.
PD1. Por cierto, hay que ver The Reader.

lunes, 10 de agosto de 2009

No puedo

¿Aún te atreves a preguntar por qué le di en la madre a todo?

¡Pero qué descaro!

Si tu mismo reafirmas cada vez que coincidimos que tenía que irme. Es sólo verte y llenar de besos todo. Hasta la mañana, por Dios santo. Te vale madre que nos vean, donde y quien sea.

Que no nos alcancen los altos de la ciudad para besarnos. Que me invente tarugadas para safarme de tus brazos en los que quepo perfecto.

No supe a dónde ir, vine aquí a escupir en letras que me he hecho adicta a tus besos... y eso, en donde sea que lo ponga me parte la madre.


Luna desayunando inofensivamente tu lengua en su boca... maldita sea.

domingo, 2 de agosto de 2009

Toda


¿Toda, te cae que toda yo te me olvidé?

Porque pasa de pronto, como aquí, donde no paro de pertenecerle al pasado que hicimos alguna vez, cuando aún tenía miedo de darme y en eso refugiabas tu miedo al abandono...

Y... nada... supongo que así habrá que seguir viviendo... yo sin vos... y vos con mi abandono.


Luna absolutamente sin ti (y arde, como nunca imaginaste que ardería el no pertenecerte)

sábado, 1 de agosto de 2009

No te entiendo

Supongo que fue la presión de haberlo soñado tantas veces que cuando por fin pasó no lo pude asimilar de la mejor manera.

Lo cierto es que alguien que ha vivido cosas como yo las he vivido (me da tanta risa -ahora, el llanto me pasó en tu casa-), poco debería de asustarse con algo como eso.

Es decir, ¿qué daño me hacía compartir tu microuniverso? ¿ver tus juguetes increíblemente divertidos, donde todo lo que tienes y eres me gusta tanto?

Es decir, ¿qué hubiera tenido de malo confesarte que viajé por ti; decirte que en este momento donde todo ha perdido sentido para mi, la única persona en el mundo a quien he podido confesarle la verdad eres tu, por eso corro a refugiarme en ti, sin comprender del todo cómo o por qué? ¿que eres quizá el único punto de referencia que se mantiene fijo? ¿qué de malo hubiera tenido?

Finalmente no me puedo abstraer de que en gran parte soy como soy por ti. Gran parte del Universo conocido, fuiste tu quien me lo enseñó.

¿A dónde se va cuando se sabe eso y en vez de abrazarte o agradecerte, tartamudeo y quiero huir?

Habíamos construido ese escenario ¿qué? ¿unas mil 300 veces?

El asunto fue, entre la culpa y el desconcierto, entre el valor ficticio que me di y las apariencias, que en el fondo estaba inundada de miedo, de deudas pendientes; al final un ataque de pánico se trepó por toda mi piel y se salió por mis ojos que inexplicablemente lloraban.

Controlé el desmayo como pude, la respiración alteradísima, la sangre que me abandonó, dejó mis piernas sin sentirse, el sudor frío, el temblor extraño... mientras tu sólo me cuidabas.

Últimamente, todos los hombres que me importan usan la misma frase para referirse a mi: No te entiendo.

Es la verdad.

No me entiendo ni un carajo, yo no sé que es esto que tengo contigo, quizá es la vida completa que soñamos que me estorba ahora para volar lejos de ti; para hacerme a la idea de que ya no estarás, de que no estuviste nunca, de que sólo fui un fracaso para ti... como lo soy para mi.

Pero es que aún te quiero tanto.

Difícil esto de fracasar a mi edad, pero bueno, dicen, que el primer paso es reconocerlo.


Luna Incomprensible