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martes, 22 de septiembre de 2009

¿A dónde?


¿Qué harías, si un día él volviera y con sólo esa simpleza todos los teamos tuvieran a dónde ir?
¿Qué pasaría si estuviera ahorita aquí para tejer todo lo que rompió de ti cuando te fuiste?
¿A dónde irias a jugar con tu soledad?

...eso imaginé.


Luna hecha pedazos

domingo, 20 de septiembre de 2009

De cuando ganando, pierdo (o ausencias suficientes)

Una vez, hace poco, cuando casi me enamoraba, me preguntó: ¿qué haces cuando ella, quien ya sabe que eres una mierda de cabrón... cómo le explicas -cuando empieza a desconfiar de ti, que has mentido hasta las cachas para estar a su lado-, que no le harás lo mismo?

Yo que en ese entonces me sentí absolutamente invulnerable a él dije alguna pendejada igual a todas la otras pendejadas que digo cuando me siento absolutamente vulnerable.

Pero hace rato, que dijiste: "Dos minutos, me estoy bañando...", algo dentro de mí, tembló.

¿Qué voy a hacer ahora yo, que sé como te las gastas, para creer ciegamente en ti, tal como necesito?

¿Cómo chingados me traduzco tus ausencias suficientes?

¿En qué parte mi egoísmo extremo/absoluto -que te hace padecer lo indecible por mis infiernos personales-, se aguanta mientras tu creces, te expandes en el Universo que te adora y necesita tanto como yo?

No sé si son celos patológicos o mi mente imaginándote con alguna gata en la misma cama en la que sueñas conmigo, jugando a que quiere volverme loca.

Y nada, que de pronto el romperle la madre a un ayuntamiento entero, no es nada contra el madrazo que siento al pensar que me mientas como le mientes, por mí, a ella...


Luna en su Infierno

viernes, 18 de septiembre de 2009

La vida sin BlackBerry

En realidad a mi me pasa la vida cuando llego al depa.

Cuando se apaga la popularidad (whatever that means) y dejan todos de querer algo de ti.

Cuando eres ignorada por los barandales de las escaleras, por las puertas que se cierran estés del lado que estés.

Me pasa cuando las paredes o los marcos de las ventanas no se sienten con el interés de verme, o de preguntarme cómo me fue hoy.

Los restos inflamados de vida que traigo atorados en las alas, voy soltándolos, vaciándolos más propiamente dicho, por todas partes.

Es llegar, acumular tiempos, silencios intensos con el golpe de los tacones que aún rebotan de adrenalina en la cerámica del piso.

Es condensarme, reagruparme, volver a tener conciencia de brazos y rodillas, de manos, cuello, de las comisuras de los labios.

Es aprenderme y recordarte.

Es la melancolía de las esquinas que vuelven a tener sentido.

Es la importancia de saberme humana, frágil, innecesaria.

Aquí es donde se destituyen de sus cargos todos y cada uno de los pensamientos torcidos, malévolos que construyen historias hechas a punta de verdad sobre el dinero, poder y hallazgos.

Aquí no hay muertas, degollados o secuestros o pendejos que hacen negocios desde el télefono de su oficina que pagamos con impuestos públicos, ni personas pidiéndome pruebas de capacidad para derrocar a un pobre imbecil que solo ha cometido el delito de ser corrupto para favorecer a la competencia.

Aquí nadie me pide nada, ni me sueña, o quiere mi opinión, consejo o ayuda.

Aquí no soy absolutamente nadie, nada... no soy más que un pensamiento de ti que ronda los recuerdos de que alguna vez, yo también amé.


Luna Cansada

jueves, 17 de septiembre de 2009

Regalo de Cumpleaños:

Si, hagamos realidad ese paréntesis.
Empieza ya a solucionar tus piendientes... antes de que cambie de parecer.

Luna dejando la soltería
PD. Te recuerdo el punto 25 de este post... nomás para que luego no se haga bolas, futuro señor de Líquida.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Quiero casarme contigo

Ok, ok, ok. Estoy hasta la madre. No se si es sangre o alcohol lo que recorre mis venas. Lo que sí sé, es que dolió mucho que te fueras... o irme. Cómo sea que lo veas.

Ese último y exacto: quiero casarme contigo (no el tradicional: quieres casarte conmigo) fue lo que más dolió... que borraras todo, que dejaras de leerme... que no supiera nada porque tiré mi celular a una tina de agua y no quise saber más de él (nadie mejor que tu sabes que sin celular yo no soy nadie).

A mi el alcohol no me pone ebria... 20 martinis deben dejar constancia de eso, pero la cabeza me duele... creo que es porque te extraña.

Sé que duelo como dueles... pero a la larga, un día, entenderás que esto ha sido lo mejor que te pudo haber pasado.

Aunque me ames como no debiste hacerlo. Aunque los futuros se nos antojaran ciertos... Aunque mi cama y tu habitación vacía te necesiten... yo no puedo sentir nada.

Podría pedirte perdón pero lo que alcanzo a desear eres tu sonriéndome en silencio, con esos profundos mares que tienes por ojos a punto de devorarme... lo cierto es que me tatuaste cada despertar con una pasión de la que sólo se lee en los libros.

Me parece que te habían soñado antes que yo.

Toda tu piel esta desmoronándome, me hiciste esclava de tu recuerdo hasta el desgaste por revivirte. Pero poco se puede hacer ahora que termino esto que fuimos.

Ahora, en medio de esta cruda que no debía de pasarme, con un nuevo teléfono, con un nuevo número (temporal) y con el éxito periodístico de una estrategia -tan bien pensada y de resultados inmediatos- como la que puse en marcha hace un par de días... todo, cada pendejadita o logro, pierde sentido si no te tengo a ti.

Con todo lo popero que eso suene, ¿qué le voy a hacer?, al final del día, te necesito igual que al despertar, con tu cuerpo entre mis piernas y con ese simple hecho, estableciendo dónde termina y comienza el paraíso.


Luna en huída (y pedisisisisisima).
PD. Mi nuevo jefe es el diablooooooooo

miércoles, 9 de septiembre de 2009

¿Cuántas hermanas tienes?

Me preguntó PM hace un rato. Dos, le respondí.
PM: No. Tienes tres.
LL: Bueno, tengo dos y conmigo somos tres.
PM: Tienes tres hermanas, Luna. Yo soy la tercera.

Así me dijo, aún cuando es ella la que vino a mi. En todos los sentidos. Cuando la que le debe tanto, es mi inútil humanidad.

De hecho, ella fue la que marcó a mi oficina que nada tenía que ver con la nota local o policiaca. Yo estaba escribe y escribe sobre temas de autos, tecnología, salud incluso, pero nada que ver con niñas desaparecidas.

Ella me halló, ella me involucró en todas las formas, ella transformó la manera en que percibo la justicia de los seres humanos.

Ella hoy logró, al fin, que su hija cumpliera el cometido que su inteligencia le dictó en sus últimos momentos de vida, y junto con su eso, ella también es -un poco más-, libre del odio y de la sed de venganza que no sé si yo podría superar estando en su caso.

"Por fin esta encerrado, no le rebajaron ni los 15 días que pedia su defensa. Hoy mi hija, por fin, tuvo justicia", me dijo... y colgó.

Le debo tanto, que cada vez que me agradece algo, yo no alcanzo a entender, cómo un ser humano de ese tamaño, sabe mi nombre, que existo, y aún más incomprensiblemente, me quiere.


Luna Insignificante
Pd. Mientras en unas horas secuestrarán un avión en el caso más pendejo de secuestro del que se haya tenido noticia, la gente buena de mi pueblo, tendrá un motivo para creer un poco en sí mismo y en lo que la unidad logra cuando se persigue verdaderamente un fin sin claudicar.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Absolutamente autobiográfico

La ciudad llora contigo, puedo asegurártelo. Este desierto se inunda cuando pasan cosas como lo que te pasó ésta noche.

En mi caso fueron varios días donde no salió el Sol. Sí, aún me acuerdo. Pero, ¿qué se le puede hacer?, dicen que del tamaño del sapo es la pedrada.

Además, no importa cuánto me empeñe en enojarme porque estas parado aquí, en esta ruta inútil, tan escarpada, ya no puedo hacer nada, ¡carajo!

Se supone que tu no ibas a venir por este camino. Para eso hablé contigo tantas veces; buscaba evitarme el dolor doble de vernos aquí, con este hoyote en medio del pecho, desgarrados.

Ajá, ya sé que la sangre y toda la parafernalia impacta, por eso te pedí que no vinieras.

Le aposté todo a tu inteligencia. A las mismas madres que dice la Biblia de tu religión. A cosas que pensé que podías entender, mi corazón de seminarista.

¿Cómo dices? Pues nada. Nos sentamos aquí, un rato cada tarde, a veces cada madrugada y los que menos suerte tenemos pasamos aquí casi todo el día.

De hecho de aquel lado están los más nuevos, y al final solo unos metros más allá, están los más heridos, a los que junto con el corazón perdieron otras partes esenciales.

Ah ya…, no, es que yo... verás, estoy tan cerca de ellos porque si te fijas bien, el hueco en mi pecho es..., exacto, si, mucho más grande que el de los demás.

No sé. Nadie me ha podido explicar.

Una vez alguien que se sentó en esta misma banca se le quedaba viendo fijamente a este huecote. Un día sólo dijo: creo que por eso estas tan cerca de los desahuciados. ¿Por qué?, pregunté, casi sin ganas de saber. Porque tenías por corazón más de la mitad del pecho, dijo.

Pues sí, supongo que el mío sería varias veces más grande que el de los demás, pero mira qué tarde me viene a enterar.

No, no digas eso. Tu sí vas a tener solución, caíste hasta acá, seguramente porque… sí, mira, aquí se ve claramente: está muy profunda la herida, qué barbaridad. No hay nada que hacer. Tan bonita camisa. Lástima.

Con los días te irán jalando unas bancas más para allá, con un poco de tiempo, saldrás del camino y no te volveré a ver. Sólo que es difícil. Ya viste que a los lados hay abismos, rocas. No te creas, salir no esta fácil.

Ten fe, no me gruñas. Sabes que tengo razón. Además la enojada soy yo. Te di tantas herramientas para que no estuvieras nunca conmigo.

Pues… todo son rumores, hay quien dice que un día llega alguien, alguien justo con el mismo tamaño de dolor que tu. Entonces, quien sea que coordina esta vera, lo pone frente a ti y con tiempo, sobre todo con acomodos, ajá, metiendo la mano en el pecho del otro y enterándose de que los puños de cada uno miden exactamente el hueco que dejó el corazón en el lugar donde latía, hay esperanza, dicen que entonces quizá algo se puede hacer.

Me ha tocado ver heridas de todos los tamaños; una vez incluso me tocó uno con un hueco del otro lado del pecho, ¡echate eso! Pues hasta para él llego una también con una herida del mismo lado.

¿Mecánica? pues no sé, sentarse frente a las bancas de los que llegan por aquí primero. Supongo que por eso para cada banca, corresponde una enfrente.

Una vez, hubo un hombre con un huequito pequeño, pero aparatosamente sangrante. Honestamente creí difícil poderlo empatar con alguien nuevo, pero sorprendentemente, a los pocos días, muy pocos en realidad, una chica, muy mona ella, se sentó en la banquita correspondiente frente a él, tenía el mismo tamañito de corazón, manos delgadas y exactas para ese pequeño y profundo espacio, pequeño pero muy escandaloso. Traía sangre por todas partes y ambos lograron hacer que se detuviera la hemorragia mutua. Fue bueno verlo.

Salieron juntos y no se ha vuelto a saber de ellos. Fue reconfortante para los que están de aquel lado. A los de este, no del todo. Aquel, el de la última banca que se ve antes de la curva, me ha insistido en el alcohol. A últimas fechas creo que le he estado haciendo demasiado caso. Pero es que a nosotros no nos hace bien casi nada.

¿Para mí? Mmmm... quizá en esa banca de por allá supongo, o tal vez la de aquel lado.

No te rías, ya lo sé. De hecho hay quien ha apostado que nadie nunca pasará por aquí precisamente por eso, porque el tamaño del hueco que hay en mi pecho rebasa las expectativas humanas normales. No habrá quien, ni con las dos manos, pueda abarcarlo todo. No sientas pena por eso, ¿qué se le va a hacer?

Lo bueno es que dicen que ya no los hacen con corazones así de grandes. Que yo seguramente salí defectuosa.

A eso se debe que lleve tanto tiempo aquí sentada.

No te asustes... te van a mover pronto, te digo, te corresponden varios kilómetros hacia allá, hacia los recién llegados, no tan cerquita de los desahuciados como lo estoy yo.

Mira, ¿ves? Qué te muevas te están diciendo. Anda. ¡Qué te muevas! Todo estará bien pronto.

Así lo despedí... se hacía tarde, por eso tomé como siempre mi chaleco, me lo puse bien, lo cerré hasta arriba, que se viera una bonita, entera. No puede uno andar por ahí dando lástimas. Me quedé pensando en ese día, en el día en que el señor del corazón pequeño se halló con la chica del corazón escandaloso y chiquito. Cómo se miraron, se reconocieron, en la paz que seguramente sintieron al poder refugiarse en alguien que entendía perfectamente cómo estaban sufriendo.

Del tamaño del sapo es la pedrada, me dije.

Algún día, algún día, repetí casi creyéndomelo; y con esa idea se quedó el eco de mis tacones acompañando la misma banca a la que vuelvo, cada día, cada mes, de cada año, luego de algunas horas; a la única banca a la que olvidaron ponerle otra justo enfrente.


Luna sin corazón (absolutamente) Autobiográfica

sábado, 5 de septiembre de 2009

Egolandia XI

Yo lo conocí en un viaje relámpago a su estado.

Traía unas botellas de champagne y una de tequila reposado (él me enseñó justamente a tomar tequila -cosa que ya sabía bien pero él mejoró-) manejaba su camioneta sin chofer aunque traíamos una de guaruras detrás.

"Quiero que conozcan mi ciudad como se debe", dijo.

Así fue. Sin gala de poder, ni de carisma, sólo con su sentido del humor, su encanto natural y su encabronadamente deliciosa forma de tratar, me parecía que su puesto era algo natural. Que la gente lo quisiera en cada esquina, en cada lugar donde lo reconocían, me hacía reír y decir alguna barbaridad que al parecer a él también le caía en gracia.

Luego nos jugamos muchas cosas. Él ganó todas. Es un hombre de un gran calibre político.

Pero ayer, oírlo llorar se me dificultó tanto.

Verás, no es el poder. Ni que sea ex, o el vice ahora, ni la lana, ni que salga en todos los medios... no, es que perdió a un hermano elegido, a su mejor amigo y ante eso poco hay que decir cuando todo su cuerpo se dobla en un sillón y se echa a llorar como un niño.

Yo no me atreví a llamarle, sólo estuve en el altavoz cuando TC le marcó: Hola Góber, ¿cómo estas?... Me imagino. Sí, aquí está conmigo. Hola, estoy contigo, ¿qué se ofrece? Comprendo. Si, ambas te oímos. Estas bajo el shock aún, llora, llora todo lo que puedas ahora, porque al rato tendrás que estar entero para pensar con claridad. Ajá, ¿se confirmó todo, la violación? Pero... al menos los niños no sufrieron. Sí, lo sabemos, sabemos cuánto lo querías. En el primer vuelo estoy contigo. No, Góber, yo no puedo estar físicamente, pero TC va por ambas. Sabe que te respetamos enormemente y te acompañamos en el dolor.

Y ya. Imagino que se dio permiso de quebrarse ante las más lejanas amigas (al menos geográficamente) que ha de tener en este país.

Le dimos tiempo a los medios de que distorsionaran las cosas, que no hablaran de la realidad sobre los cuatro cuerpos, pero él nos lo contó con detalles.

Eso fue tempranito, al medio día estaba yo, vestida de negro, como siempre, en una casa de esas en las que últimamente se aglutinan las lágrimas porque se les juntan los muertos.

Hace tres días, sólo tres días, había hablado con ella cuando me dijo que no comprendía bien porque una mujer de su edad tenía a una amiga de la mía.

Deberías ser amiga de mis hijas, la diferencia de edad entre ustedes es menor. Pero m'ija, tardes como ésta, me hacen extrañar más a mi Papá. Que se me haya ido no me tiene nada bien. Lo sé, pero afortunadamente tienes a tus tres hijotas. Bendito sea Dios, y con ellas tengo todo. Eso dijimos...

Por eso hoy que me tuve que parar frente a ella, o su versión narcotizada, sólo abrazos, silencios, llanto. Nada más qué decir.

El nudo en la garganta no es el problema. La respuesta que no existe es el problema.

Cuando matan a tu hija por andar con un pendejo, es cuando ya no hay respuestas.

Yo la recuerdo cuando tenía como ocho años, y era ya una preciosidad. Sus hermanas, exageradamente bonitas, también me gustaban para novias de narcos.

Mi mayor miedo era que las embarazaran y ahora muerta no hay pesadilla mas grande que se me haga realidad, fue lo único que la oí decir.

Tener 15 años y recibir 50 disparos de ese calibre. ¿Eso se gana quien se deja seducir por un pendejo?

Ve tu a saber.

Lo que yo no sé si sepas es que el calor que produce una bala de un calibre muy grande en la carne humana, tiene un efecto de calor, que cuece un poco la parte que toca, la que atraviesa por la velocidad.

De ahí el olor que deja una balacera o una masacre. Ese olor que penetra las fibras más finas o más difíciles del olfato y no se borra: la mezcla de pólvora, carne cocida y sangre que revuelve el estómago.

Luego de todo eso en una mañana y medio día de sábado, llegué a sentarme con ustedes para ver cómo revivimos las ganas de escribir.

Las ganas de que las cosas que se viven no se diluyan con las horas, con la saturación de emociones; es decir, lograr controlarlas, argumentar, recurrir a las formas o métodos para sentar en letras ejercicios, trabajo, asuntos propios del español que se plasma para posteridades que a algunos les parecen razonables.

Entre barbaridades y altisonancias que las hacían reír, ¿sabes qué pensaba sentada en esa mesa?

Pensaba que no había cosa más buena que poder llegar a sentarme a compartir la mesa de ese céntrico café. Donde no tenía que mediar la saña; es decir, quedarme con ustedes y no evaluar en el sañómetro (el medidor personal de saña que poseo) qué es más culero: mi hija desfigurada por la fuerza con que atravesaron su cuerpo 60, 70 u 80 balas de las cuales solo 20 le dan al novio; o la saña que se necesita para matar, violar y asfixian a mi mejor amigo y a su familia.

No hay cosa más buena que no tener que sentir, soportar el miedo anudado ante la indefensión, mientras tengo que esperar la hora en que se entrega el cuerpo del C4, o elegir una funeraria o preocuparme por la dificultad para asimilar que el amigo de toda mi vida, con el que soñé el poder que hoy ejerzo, ya no está.

No hay cosa más buena que no tener que pensar que iban por mi hija y fue por eso que a ella la perforaron toda... no soy yo la que tiene que hacerse a la idea de que no era ella el blanco. No tengo que mentirme.

Horas más tarde, me dejó tranquila el que mis piernas se muevan y me conduzcan por todo el centro de Egolandia que tengo abandonada a pesar de vivir en ella.

Después de despedirnos, cuando me quede sola caminando, llegué a la conclusión de que respirar, no esta tan mal después de todo.

Mientras pensaba en eso, me fui caminando para ver si el llanto de un amigo y de una madre que traía adherido en la punta de acero de mis botas, se quedaba en el asfalto o en las aceras; en ese intento, esas mismas puntas de acero patearon todas las piedras que hallaron en el camino de 79 cuadras que recorrí hasta mi depa desde la puerta de tu casa.

Al rato juega la selección, me dije, y entré a casa.


Luna Viva

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Televisión de paga


Ahora que decidí internarme a convivir con mis demonios, me reconcilié con ese magnífico aparato mejor conocido como televisión o cajita idiota.

Considerando la barbaridad que pago para tener el paquete más alto de televisión de paga, mismo que desperidicio severa y descaradamente, decidí hacer las paces con el mundo y enterarme de lo que hay en él.

Así volví a ver al intérprete y al flotador.

Me urjo a hablar del último porque no cualquiera es flotador en estos días de crisis.

Es decir, él cumplió el sueño de muchos muchos, inclúyome.

Me da tanta risa hallármelo en todos los pinches medios ahora como la gran noticia cuando unas diez veces, entre comidas, cenas, bailes, pláticas y chismes, la hice de su paño de lágrimas cuando ni quien lo pelara mientras hablaba mal de Neri Vela diciendo que él no fue nadie, porque solo iba de invitado, de tripulante en el mejor de los casos; mientras él y sólo él, es el mero chingón de las flotadas.

Recuerdo su frustración luego de ¡28 intentos! y 12 años de espera.

Pensar que insistió mil veces en las pinches fotos con él y en decirme: ándale, dejame te doy mi autógrafo porque cuando baje vas a querer algo de mí y ya no se va a poder.

Me valió entonces y me vale madre ahora. Jamás he entendido la importancia de una firma en un papel, ombligo o camiseta.

Total. Hoy el wey, chaparrito, ojo alegre, codísimo y mega culto, anda flote y flote, esquivando obstáculos que pasan a menos de 2 kilómetros de su armatoste y manda saludos a su familia, ánimo a la selección de futbol y yo sólo recuerdo que conmigo se la pasaba de amargado y criticón.

Cosas de la fama.

Al otro, al intérprete (quien compone de la chingada) me lo encontré en un programa mañanero de ñoras que no imagino porque motivación maldita verían a pendejos diciendo pendejadas a esas horas.

La cosa es que mi amigo tiene una linda voz para interpretar las mismas rolas de otros cantautores. De hecho es el único que no modifica las rolas para adecuarlas a su voz, sino que las canta tal cual son con voz dulce y una ejecución de lira muy decente.

Verlo me trasladó a mi juventud (a una más joven que ésta que tengo que de por sí es muy muy joven), a las desveladas, a mi encuentro dramático con un Unicornio Azul que se empeñaba en venir a pastar en las cercanías de mi ventana mientras él lo perdía cada rato.

También gruñón y pesimista, coqueto a más no poder, sensible y frustrado, me llenó de gusto volver a verlo en tele abierta nacional.

Había preguntado en dos o tres lugares por él, haciéndome a la idea de que estaba en otra ciudad y sí... así es. Se fue y espero que allá, sea un poco más feliz.

Las cosas que una tiene que vivir con sus compas, algunos se van del pueblo, y otros salen del planeta.

Qué formas más raras tiene el ser humano de hallar la felicidad.


Luna que ya no fue Astronauta.
PD. Hay que ser justos, digo que el chaparrito flotador es codo; pero será que cuando lo conocí andaba compitiendo con un embajador (uno de cierto país empeñado en probar bombas nucleares en tiempo de desarme), un campeón mundial de box y un senador, en cuestión de pagar las cuentas de mis restaurantes. Debo decir que él perdió. Digamos pues que es más lento en sacar la American Express. Ve tu a saber.