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lunes, 23 de noviembre de 2009

Si lo que busca es fama: Salga conmigo

Verte en la tele abierta nacional comprenderás que me shockeo demasiado.

Es oficial: si usted quiere tocar las marquesinas del éxito público, digamos fama... convertirse quizá... en vocalista de un grupo famoso; viajar por el mundo con interesantes propuestas laborales; tener novias que salen en cine o cantantes; o sencillamente quiere verse en infinidad de reportajes de televisión por investigaciones o avances tecnológicos desarrollados por usted, es simple, primero tenga un noviazgo conmigo, y vuelvase famoso después.

Pero no había lugar a dudas, eras vos: tu nombre único, tu famosa escuela, el área donde eres director de investigaciones... tu voz (eso fue lo que hizo que volteara de hecho, tu voz) ya no hablemos de las complejidades de la física e informática avanzada que tu explicas divinamente sencillo.

Todos estos años se estrellaron de golpe en mis recuerdos y al final del tunel estaban tu y mi vida a tu lado.

Si, en cierta forma creo que tienes toda la razón: siempre nos perteneceremos... ni que hacerle.

Dios... me haré una limpia.


Luna de la Buena Suerte

sábado, 7 de noviembre de 2009

Ser tuya...

"Maldita seas, ¿por qué tenías que tomar esa pinche pastilla?"
- Tuzo, en su última hora en mi cama.


Sabemos que este es uno de los posts más difíciles que he de escribir (si Dios me ayuda en el resto de mi vida), por eso será (más que cualquier otro) torpe, directo, dolorosamente real.

Ser tuya ha sido lo más intenso que me ha ocurrido -y sabes que decir eso, es sinceramente mucho-, porque creo que conocer tu forma de amar ha dado el estandar más alto que ha de conocer una mujer en cualquier parte del planeta.

Romeo (y cuanto personaje épico enamorado ha existido) fue insipirado en alguien como tú.

Pero ¿qué se hace cuando sé que debo -necesito enfatizar debo- dejarte ir; que soy lo peor que te puede pasar; que definitivamente no debes endosarme el resto de tu vida por más atractivo que te parezca ahora?

Donde estas no ha estado nadie, porque tuviste la virtud inusitada de no quedarte con las ganas de nada, de no respetarme, de no cuidarme, de saciarte de mi hasta que no dejaste nada para nadie.

Me has tenido como nunca nadie... eso es todo cuanto puedo darte.

Serás feliz con otra, habrá alguna más que ha de gritar -como yo lo hice- con tu tremendo (y caliente) cuerpo dentro de ella, también habrá alguna mujer que agradezca infinitamente que hoy te diga adiós.

Es tan frustrante esto de usar palabras para explicarme.

Me hace temblar el miedo de dejarte ir sabiendo que no habrá posibilidad de llenar mi vida con alguien que supere, tan solo iguale, tu amor por mí.

Eres sencillamente delicioso en todas y cada una de las maneras posibles.

Si te hubiera soñado, no te hubiera creado así.

Tan increible como el ser todo lo que juré que no quería, ya ves que eso de los hombres guapos pensé que no era para mí, pero vos sos exacto, con una sonrisa que desarma, ojos miel -casi verdes- llenos de dulzura... mejor me ahorro recordar tus formas encabronadamente viriles (Dios, jamás podré borrar esos exageradamente torneados muslos -piernas, pecho, espalda, brazos- tuyos de mis ganas).

Fuiste el inofensivo justo para meterte en mi vida, así contrastar la violencia con la que sabes amar.

Jugué tantas veces a esto, que el día que lo hiciste realidad, sólo atiné a llorar junto contigo ¿te acuerdas?

No sabía -nunca supe- de lo que hablaba, hasta que te dedicaste a convertir en experiencia lo que yo construí una y otra vez en sueños.

Mi pánico por tocar la realidad, en tu boca y esas manos que tienes (con tu voz de trueno o esa madurez nueva para mí en un hombre de 34, sensibilidad de poeta, inteligencia superlativa), se fue deshojando hasta desaparecer, y con él se fue la niña que habitaba mi cuerpo.

Te la llevaste, y espero con ella, se haya ido el pasado, mi incapacidad para adaptarme a las mañanas, la indecisión o el trauma gigante por volver a amar.

En el peor de los casos, ojalá se vaya al menos mi incansable terquedad por herir a quien sí sabe querer como no pensé merecer que me quisieran.

Gracias por haber sido tan mío.


Luna Tuya

domingo, 1 de noviembre de 2009

Legalmente loca

Yo relacioné siempre palabras como pulso a cosas como la irradiación energética de un quásar, cuando me hablabas de las enanas blancas o de las gigantes rojas… o al electromagnetismo.

Vaya que pulso para mi, iba invariablemente ligado a la vida, a la creación... hasta ayer, donde esa palabrita, antecedida del sin, reunida con otras palabrejas como se lo llevaron al hospital ya..., son tan concretas como el sufrimiento que representa el infierno por la eternidad, condensado para sentirse exactamente en un segundo.

Ni más... pero también, ni menos.

Me parece que no fue ahí, sino 30 minutos después cuando -atravesando ciudad y carretera (el trayecto más largo entre nosotros de todos los tiempos)-, tú, con los excesos de sustancias que ya no depuran tus riñones -por ello intoxican tu cerebro-, intentabas mantenerte consciente y con eso, seguir dando ritmo a éste corazón mío.

[Hago conclusiones ahí -aquí- al lado de tu cama de hospital, contigo entre los vivos por la bendita gracia de Dios, tu voluntad de echar a andar órganos que ya no sirven, o el misterioso universo (con las enormidades de su curvatura negativa, la teoría de las famosas 10 cuerdas o ese orden perfecto en lo más microscópico que mantiene unidos los cubitos de cristales de arena –gracias al silicio-, o el exacto andar de las hormigas justo como debe ser, en éste planetita azul que comparto contigo)]

Te decía que media hora después de oír sin pulso unido a una frase que lo relacionaba contigo, concluyo que yo estaré legalmente incapacitada -alias loca- si llegas a faltarme.

Y no es difícil imaginarlo, porque desaparezco con facilidad sabiéndote tan grave.

Es cuestión de que me necesites en estas noches larguísimas -porque debido a la mezcla de drogas y tóxicos, olvidas tu cadera y fémur artificiales, o los clavos que mantienen pegados tus huesos del brazo-, para que yo exista.

Veras, en los lapsos de inconsciencia que te dan en ese limbo entre la enfermedad absoluta y la enfermedad mortal, cuando olvidas que no hay músculos ya para envolver tus huesos -por ende que sostengan tu cuerpo de pie-, yo aparezco para ayudarte a cargar con tus bolsitas de sueros, tus medicamentos, con silla de ruedas mediante, y me obligas a hacer llegar al baño tu cuerpo casi destrozado, mientras un alud de enfermeros tratan de explicarte las 500 razones que lo hacen absolutamente impensable, pero tú convencido, conviertes en realidad lo improbable.

Es ahí, en esa necesidad tuya de mí, que tiene sentido que yo haya nacido.

Me parece que ni antes y –definitivamente- menos, después.

Lo demás se convierte en un periodo de latencia en éste sillón a tu lado, al que sólo regresa mi conciencia de vida cada vez que volteas y dices: M'ija, te cambio. Acuéstate tu en la cama y yo te veo dormir ahí en ese sillón.

Ahí me crece la boca, se conectan las neuronas, balbuceo alguna pendejada que te hace reír y tus ojotes enfermos, desorbitados, que batallan para hallar los míos, me lo dicen clarito: estas viva.

Luego vuelves a cerrarlos y con eso, vuelvo a desaparecer.

Lo sé, lo sé, es injustificable que un hijo no esté preparado para la partida del padre.

Que un hijo, hija en este caso -la mas, pero más amada, según consta en actas- sea lo suficientemente cobarde para establecer una distancia entre la realidad y lo indoloro a través de la locura, es, digamos, una gran chingadera... pero así, exactamente así es como se llama lo que ocurrirá conmigo cuando te "vayas": seré mentalmente inestable de forma legal.

Para muchos, algo como lo que actualmente ya padezco a lo que solo falta agregarle el término oficial.

Lamento las molestias que esto te/le ocasione (a ti y/o al mundo), pero sin ti, ya lo sabes: no quiero nada. Absolutamente nada.

Es cuanto.


Luna viviendo milagros