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lunes, 4 de febrero de 2008

Egolandia IX

Hoy iba a ser un día perfecto, pero se me atravesó tu muerte.

Y tu promesa rota de estar conmigo, de oírme en el dichoso debut, de cuidarme como todos los días que me cuidaste como si valiera la pena.

Cómo lo hiciste con todos.

No hay forma alguna que pueda describir mi desolación esta mañana, cuando a las 6 lo primero que vi fue una plana completa, pintada de rosa, con tu sonrisa en ella y la clara muestra de que algo te pasó.

"No, no puede ser, no es cierto", me dije; no quise saberlo hasta que terminara el programa porque me paralizó la sola idea de que fuera verdad y estuvieras muerta.

Pero no mejoró con las horas, porque sí, es un hecho irreductible: ya no estas.

Pero, ¿qué hago yo que aún tengo tu cuerpecito tibio y tu amor cubriéndome el egoísmo, tu voz regalándome la certeza de que al menos alguien en el universo tenia fe ciega en mis pisadas inciertas?

Cómplice de cada llamada prohibida que nos hacíamos entre aquellos que no eran libres a los que sí, y tu lo sabias, nos permitías jugar a creernos capaces de fabricar heridas imposibles de sanar; jamás nos enjuiciaste. Gracias siempre por eso.

A mi me bastó tu mirada, reflejo de tu alma buena con ese: será muy jefe, pero vales más que esto, mi niña.

Esa vez me detuve a mitad de la recepción, agachando la cabeza absolutamente avergonzada, decidiendo, como decidí, que mi camino estaba lejos de los hombres de ese lugar, de ese lugar completo. ¿Te acuerdas?

En cada cumpleaños tus flores eran soles... ahora, hoy, con todo y el metro y medio que median las del góber de Egolandia, las tuyas me hubieran llenado la vida de esperanzas.

No sé qué afán este de perder tanto que he amado... ahora te me fuiste tu y te nos fuiste a muchos. Hoy Egolandia es un pueblito más triste sin ti... ¿lo imaginaste mientras te morías?.

¿Sabes que pensaba? Que ésta maldita y asquerosa forma de ser sólo me regala algo bueno, o me lo dio esta vez, contigo: no me quedé con ganas de decirte nada.

El último día que te vi te lo repetí: sin ti, mi trabajo sería imposible, gracias a que existes, es fácil ser reportero de este lugar, es fácil ser jefe y gato y ser feliz, porque eres la mitad de las razones que me hacen sonreír cuando pienso que vendré y estarás aquí sentadita.

Te estoy extrañando tanto, como no pudiste saber que lo haría y no, ya no existes.

Descansa en paz... ahora que por fin puedes.


Luna sin Luz, que aún no puede creer que ya te fuiste.

1 comentario:

Amelie dijo...

Desconozco ese sentimiento de pérdida, pero no por eso me fue difícil entender lo que se lee en tu post. Es mera solidaridad la que te brindo porque ningún tipo de dolor se me hace ageno. Un abrazo Luna y que todo fluya para bien.